- Narra Sergio -
Toño me había pedido que le leyera un cuento antes de irse a dormir y había accedido.
Le estaba leyendo el cuento, cuando me di cuenta de que ella estaba de pie, cerca de la puerta, sin embargo, huye como una criminal cuando se da cuenta de que la he visto espiándonos.
No había terminado de contar el cuento, cuando me di cuenta de que mi pequeño sobrino se había dormido. Dejo el libro en su mesa de noche, lo arropo bien para que no sufra de un resfriado, antes de apagar las luces me doy cuenta de que había una pequeña lámpara en la mesa de noche. Al conectarla y encenderla, me fijo que reflejaba pequeños reflejos de distintos animales.
Sonrío al observar lo que reflejaba, unos segundos después apago las luces y dejo solamente encendida su lámpara. Luego salgo y dejo la puerta ajustada. Camino hasta la sala y la observo organizar el desastre que Toño había dejado.
- Puedo hacerlo sola – comenta tras observar que la estaba ayudando.
- A veces el recibir ayuda sin pedir nada a cambio, es valioso – menciono sin dejar de ayudarla.
- Lo sé, sin embargo, esto puedo hacerlo sola – insiste.
- ¿Por qué hacerlo sola, cuando estoy aquí para ayudarte? – pregunto y ella se detiene.
- Escucha seré honesta contigo – se pone de pie – eres un hombre atractivo para muchas mujeres y me incluyo, sin embargo, no tengo ningún interés en tener algo contigo. Si te estás quedando por eso, entonces estás perdiendo tu tiempo – me río ante su comentario.
- ¿Piensas que hago esto por ti? – pregunto divertido.
- Entonces, ¿para qué te quedas? – alza las manos hacia el techo – estoy segura de que eres un hombre muy ocupado en tu trabajo y te necesitarán, ¿por qué quedarte aquí recogiendo juguetes? – pregunta con curiosidad.
- Lo hago, porque amo a mi sobrino. Lo hago, porque algún día tendré mis propios hijos y haré lo mismo con ella, tal como lo haré con su primo – respondo sin importancia.
- Muy bien, llevaré a Toño a dormir conmigo. Puedes dormir en su cama – se da la vuelta, sin embargo, la tomo de la mano para evitar que se vaya.
- Dormiré en el sofá – comento.
- Puedes dormir en su cama, no creo que tengas problemas con él – menciona.
- Ya dije que dormiré en el sofá, es cómodo y amplio, más que la cama de Toño – la suelto.
- Como quieras – se da la vuelta y se va.
Observo como se va hasta su habitación, me siento en el sofá, el cual si soy honesto es pequeño para mí. Sin embargo, es más amplio que la cama de Toño.
- Quien lo diría – murmuro al pensar que esta mujer había organizado una habitación por completa a mi sobrino.
Sonrío ante el pensamiento que estaba teniendo. Cuando la conocí en la boda de Maximiliano y Deisy, pude observar que era la más seria y recta de las amigas de Deisy.
Ese día ella se veía hermosa en su vestido color plata, sus ojos fueron lo que más me impactó de su físico, sin embargo, fue su carácter el que sobresalió. Después de la boda, fueron pocas las veces en las que nuestras vidas se cruzaron.
Normalmente, en los cumpleaños y la navidad, y cualquier otro evento, los había evitado. Aunque si soy honesto, fueron varias ocasiones en los que acepté asistir, solo para verla.
La noche anterior en casa de Maximiliano, me di cuenta de que, de una u otra forma, él y Deisy se confabularon para que exista algo entre nosotros. Después de todo, ellos dos han insistido en muchas ocasiones que debía conseguir a una mujer que me amará y supiera sobrellevar mi estilo de vida.
Apago las luces y me quito la ropa antes de acostarme en aquel sofá, me coloco encima la cobija y trato de dormir. Sin embargo, consigo escuchar un murmullo provenir desde una de las habitaciones.
Trato de escuchar que era, sin embargo, no consigo entender que dicen. Me coloco de pie y camino hasta la habitación de Toño, sin embargo, estaba profundamente dormido. Me acerco hasta la habitación de Lupita y pude darme cuenta, que el murmullo provenía de su habitación.
Pongo atención sobre lo que decía, sin embargo, me llevo una gran sorpresa. Su voz se escuchaba como si fueron los mismos ángeles quienes cantaran. No sabía que canción estaba cantando, solo sabía que me gustaba como se escuchaba. Cuando termina de cantarla, me regreso a la sala para no hacerla sentir incómoda, también para que no me descubra.
Me vuelvo a acostar, sin embargo, no conseguía dormir. Su voz no dejaba de sonar en mi mente una y otra vez.
- Esta mujer es una caja de sorpresas – murmuro observando el techo.
Cuando estaba a punto de quedarme dormido, escucho como comienza a llover con fuerza. Me coloco de pie y me asomo por la ventana. El cielo se observaba como si en cualquier momento fuera a caer truenos.
- Creo que se asustará otra vez – murmuro.
Me debato entre volver al sofá o ir con ella. No quería que ella se asustará de nuevo y tampoco quería que pensara que era un pervertido. Estaba por decirme sobre quedarme en el sofá cuando observo que cae un fuerte trueno. Fue ahí que decido ir con ella, sin embargo, paso primero por la habitación de Toño y lo compruebo que sigue durmiendo plácidamente junto a la mascota que ella tenía.
Camino tres pasos hasta llegar a la puerta de su habitación, abro despacio y observo que está sentada en un rincón de la cama. Su cabeza la cubría con sus brazos y sus piernas estaban recogidas, parecía como si se cubriera para no ser golpeada.
Me acerco a ella y tomo sus manos, ella alza su mirada y me mira consternada. Ella no entendía que hacía allí, sin embargo, yo sí. Me siento a su lado y acerco su cuerpo al mío. Hago que quede sentada a horcajadas sobre mí, ella esconde su rostro en mi cuello y la abrazo para trasmitirle seguridad.
- ¿Me contarías por qué le temes tanto a los truenos? – pregunto con sutileza después de varios minutos de silencio.
- Iba en el coche, tenía seis años. Iba atrás con un primo, estábamos jugando con mi peluche de conejo. Sus padres iban adelante, discutían sobre el amorío que tuvo su padre con una jovencita – me sujeta con fuerza – esa noche, llovía tan fuerte. El cielo no dejaba de tronar, parecía que no era lo que deseaba – escucho como su voz se apaga un poco – chocamos contra otro auto, dimos muchas vueltas. No pude evitar gritar, fui la única en sobrevivir – deja de esconder su rostro para verme a los ojos – me acerqué a ellos para ver si aún estaban vivos, sin embargo… Murieron esa noche, no supe que hacer, no pude dejar de llorar y gritar esa noche, donde solo los truenos que caían del cielo hacían presencia – deja de hablar.
- Lamento lo que paso esa noche – no supe que más decir.
- Es la primera vez que hablo sobre esto – agacha la mirada.
- No se lo mencionaré a nadie – menciono tras levantarle el rostro con una de mis manos en su barbilla – te prometo que guardaré tu secreto – declaro.
- Gracias – responde.
- ¿Quieres que te deje sola o prefieres que me quede contigo? – pregunto, ya que no quería que pensara que era un maldito pervertido.
- Quédate – responde y por un segundo creí observar que se sonrojaba.
- De acuerdo – menciono.
Me levanto con ella entre brazos y ella se sujeta con fuerza para no caerse, nos miramos directamente a los ojos por unos segundos. Comenzaba a desear hacerla mía, sin embargo, aparto esos pensamientos y la dejo sobre la cama.
Me coloco de pie y rodeo la cama para acostarme a su lado, pero antes cierro la puerta.
No sabía si abrazarla como la otra noche o simplemente quedarme boca arriba a unos centímetros de ella.
Opto por la segunda opción, coloco ambos brazos debajo de mi cabeza y cierro los ojos. Podía sentir como ella se sentía inquieta, ya que daba vueltas.
- Duérmete mujer – ordeno sin abrir los ojos.
- Lo siento – responde.
Respiro profundo e intento dormir, sin embargo, ella parecía que no pensaba hacerlo. Me giro para observarla y estaba en la misma posición, con la excepción de que sus manos estaban sobre su pecho.
Al final, me rindo y me giro para quedar frente a ella. La volteo y la arrastro hasta mi cuerpo, enrollo mis piernas con la suya y hago que su rostro quede escondido en mi pecho.
- Duérmete de una buena vez o te azotaré – me quedo en silencio tras darme cuenta de mi amenaza.
- Idiota – alcanzo a escuchar lo que murmura, sin embargo, no menciono nada.