¿Él quién es?

1008 Words
Veo cómo se va en su auto y después entro en casa. Se sentía vacía al no haber nadie, solo se escuchaba los ladridos de manchas, mi mascota. Acepté adoptar a manchas gracias a Deisy. De la nada me llamó y me dijo que, si quería adoptar uno, quería negarme al principio, ya que no vivo con nadie y no habría quien lo cuidará. Pero cuando lo vi, supe que estaba destinado a estar conmigo y ha sido mi más fiel amigo. Al día siguiente, me fui al trabajo como si nada hubiera pasado. Me dedique a adelantar todo el trabajo que tenía atrasado, debido al accidente. Me dedique por completo al trabajo, no había nadie que me esperará en casa, aparte de manchas. No había un hombre, ni familia que me esperará. Puede sonar extraño, pero nunca había tenido novio ni relaciones sexuales con alguien. Solo me había dedicado a estudiar y ser la mejor. - ¿Quieres ir a almorzar con nosotras? – me pregunta Natalia. - Claro, dame un segundo – dije. Guardé un archivo en mi computadora y la apagué, tomé mi cartera y mi abrigo para ir con ellas. Las tres salimos rumbo al restaurante de siempre. - Jenny se nos unirá en el restaurante – dice Deisy. - Está bien – dije. - ¿Cómo te sientes? – me pregunta Natalia. - Estoy bien chicas, estoy muchísimo mejor, no tienen que preocuparse – digo ya cansada de la misma pregunta. - Bien – responden ellas. Salimos del trabajo y nos reunimos con Jenny en el restaurante. Pasamos un momento agradable como siempre, nos reímos bastante y acordamos salir de fiesta el próximo fin de semana sin nada de chicos. Las envidiaba un poco a las tres, ya que tenían parejas y estaban formando su propia familia. Mientras que yo estaba sola, sin nadie a quien amar. Nunca había estado enamorada de alguien, ningún chico había llamado mi atención. Ni durante la escuela ni durante la universidad. Los días pasaron y no me detuve en el trabajo. Ni un solo día dejé de trabajar desde que fui de alta. Hoy era el día en que saldría con las chicas, me puse un vestido n***o con flores ceñido al cuerpo con unos tacones negros. Me dejé el cabello suelto con algunas ondulaciones y un maquillaje ligero. Llamo al servicio de taxi para no manejar esta noche, estaba más que segura que beberíamos demasiado y la verdad es que me apetecía mucho unos tragos para hacerme olvidar de la soledad. Al llegar a la discoteca, me encuentro con las chicas. Entramos y pedimos algo de beber. Varios hombres se acercan a nosotras para invitarnos a bailar, pero los rechazamos a todos. Durante toda la noche, solamente bailamos entre nosotras y bebíamos. Hace mucho tiempo que no me divertía tanto. - Hay que irnos – dije – ya es muy tarde. - Si, es mejor que nos vayamos. Las llevaré a todas – dice Deisy. - Quedémonos un rato más – dice Jenny. - Debemos irnos – dije. - Un rato más – insiste ella. - También quiero irme, es hora de irnos – dice Natalia. - Está bien – dice Jenny rindiéndose. Salimos de la discoteca, entre Deisy y yo tuvimos que ayudar a caminar a Jenny y a Natalia, quienes habían bebido más de nosotras. - ¿Por qué…? ¿Por qué n-no es-estás ebria? – pregunta Jenny entre balbuceos. - Porque resisto más que ustedes a la bebida – respondí. - ¿Y tú? ¿Por qué no lo estás? – le pregunta a Deisy apenas se sube al auto. - Porque estoy embarazada y no puedo beber – responde con una sonrisa. - ¡¿Qué?! – decimos todas. - Si, lo que oyeron – dice encendiendo el auto. - ¿Desde cuándo? – pregunto emocionada. - Me enteré esta mañana – sonríe. - Maneja con cuidado, no quiero que nada le pase a nuestro sobrino – dice Natalia. - ¿Cómo supiste qué estás embarazada? – pregunto. - He tenido muchas náuseas y muchos antojos, así que me hice la prueba y dio positivo – nos cuenta. - ¿Y tu esposo lo sabe? – volví a preguntar. - E-eso, ¿lo sabe? – pregunta Jenny. - No, aún no lo sabe. Me enteré esta mañana, se lo diré después, quiero que sea algo especial cuando lo sepa – dice ella. - Me alegro mucho por ti – dije. - También yo – dice Natalia. - Y yo – dice Jenny. - Gracias chicas – nos dice Deisy. Dejamos a las chicas primero, ya que estaban más ebrias que nosotras. No quería que Deisy se preocupará por mí. - Puedo irme en un taxi, no es necesario que me lleves a casa – dije. - Te dejaré en casa, no se habla más – dice ella. - Está bien, puedo irme en un taxi, ve a casa – insisto. - No, te dejaré en tu casa – se cruza de brazos. - Mi casa queda muy lejos de la de ustedes. En cambio, tu casa está cerca de aquí. Ya dejamos a las chicas. No será necesario, no quiero que le pase algo a mi sobrino – sigo insistiendo. - Tienes dos opciones, me dejas llevarte a tu casa o te quedas en la mía, tú decides – dice. Pienso en su propuesta, no quería incomodar a su esposo con mi presencia. Pero, tampoco quería preocuparme que fuera tan lejos para dejarme en casa y regresar a la suya, que cada a otro extremo de la ciudad. - Está bien, me quedo contigo, pero solo por una noche – me rindo. - Bien – dice sonriendo. Nos subimos al auto y nos vamos a su casa. Cuando llegamos, las luces estaban encendidas, entramos y Maximiliano, el esposo de Deisy, hablaba con un hombre. Al detallarlo, me di cuenta que era mi doctor. Sentía que lo había visto en otro lado, pero no lo recuerdo. - ¿Él quién es? – pregunto. 
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