¡Qué poco cuesta construir castillos en el aire y que cara es su destrucción! François Mauriac El sol brillaba con pleno esplendor aquella agitada mañana. Desde muy temprano, la mansión del marqués hervía de actividad, ultimando cada detalle para la boda de la joven Miranda. Angelique, la célebre modista francesa, había llegado puntual para asistir a la novia. Era un obsequio especial de su querida amiga Danielle. —Mon ange, hoy te dejaremos inolvidable —anunció Angelique con su encantador acento francés, mientras se quitaba los guantes con elegancia—. Tu amiga Danielle me ha pedido que te prepare para ser la novia más hermosa de toda Inglaterra. Soy una mujer de desafíos, y he aceptado encantada. —¿Y qué más puedes hacer por mí? —preguntó Miranda con dulzura—. Ya has obrado maravilla

