El vestuario olía a sudor y concentración, pero también a tensión. Juju entró al lugar, los jugadores levantaron la vista al unísono. Sabía que la habían visto entrar a la oficina de Mario, sabían que la habían llamado para esa conversación incómoda, y sabían lo que se decía por los pasillos. Pero también sabía que era su deber como coach reunir al equipo y enfocarlos en lo importante: el partido próximo contra los Vikingos. Tomó aire profundamente, tratando de disipar cualquier rastro de las lágrimas que había estado conteniendo y las palabras hirientes de Murray. —Escuchen todos —dijo alzando la voz para que la oyeran claramente. Los murmullos y conversaciones en el vestuario cesaron al instante—. Sé que ha habido distracciones. Lo sé mejor que nadie. Pero tenemos un trabajo que hacer,

