La oficina estaba cargada de un aire pesado, casi sofocante. Juju entró al lugar y se sentó frente al escritorio de Mario, sintiendo en sus hombros el peso de la conversación que estaba por venir. Murray ya estaba allí, con los brazos cruzados y una mirada que quemaba de puro resentimiento y casi la podía sentir en su piel. Odiaba a ese hombre, pensó por dentro con un escalofrío que le revolvió las tripas. Mario, el más experimentado de los entrenadores, trataba de mantener la compostura habitual, pero había algo extraño en su expresión hoy. Juju no podía quitarse la sensación de incomodidad que la rodeaba, algo en el ambiente no estaba bien. Y evidentemente tenía que ver con ella. Era evidente. —Tenemos que hablar seriamente —comenzó Mario, mirando a Juju con una mezcla de calma y tensi

