Terry manejaba por la carretera, sus pensamientos todavía enredados con la discusión con Juju. Aunque el encuentro había sido ardiente, las palabras que habían intercambiado después le dejaron un sabor amargo. Por no decir otra cosa, desfogarse en el culo de Kane, lo único que le faltaba. Casi con enojo, decidió hacer una llamada mientras conducía; necesitaba despejar su mente y enfocarse en otra cosa. Presionó el botón del altavoz y marcó el número de Michael Falcone. —¿Terry? ¿Qué tal, hermano? —La voz de Michael sonó en el auto, clara y segura. —Hola, Michael. Necesito algunas novedades. Dame algo, por favor… ¿Algún avance sobre Juju, o lo del club? —Pues, sobre la droga en la cerveza, no hemos tenido mucha suerte. La botella tiene demasiadas huellas, imposible identificar quién la

