Problemas. 2

4484 Words
Ivana termino de darse el tratamiento completo que pago y el que las trabajadoras solo le llevaron otro plato de comida le hizo pensar que ese lugar era de alguno de los dos hombres que la había visitado, le iba a dar las gracias a James por no haberle dicho a Antoni donde estaba pues en el resto de la tarde no se presentó y cuando salió del lugar camino rumbo al estacionamiento público donde dejo la camioneta en la que había llegado, ocupada buscando las llaves no se dio cuenta que entro a una trampa; Ivana se detuvo en seco al ver que no había ni un solo carro en aquel estacionamiento, no estaba ni siquiera el suyo, volteo hacia todos lados viendo el lugar cerrado y el guardia de seguridad tampoco estaba en su caseta, se asustó y su instinto le dijo que debía salir de ese lugar, pero entonces varias camionetas oscuras entraron al estacionamiento rodeándola por completo. – ¿Ibas a seguir ignorando mis llamadas? – Antoni bajo de una de las camionetas azotando la puerta. – Si, las iba a ignorar hasta que llegara a casa, iba a hablar contigo de frente y en un lugar donde pudiera sacar a todas tus generaciones. – Ivana se acercó a él con la misma postura desafiante. – Te estas tomando todo esto como un maldito juego, tal parece que no te importo mucho que casi te matan. – gruño viéndola fijamente a los ojos. – Me lo tomo muy en serio, pero tengo un enorme problema y ese es dos amantes a los que les faltan pelotas para desafiar al mundo entero. – puso sus ojos en Jace que estaba recostado en la camioneta sin meterse en la conversación. – La vida no es desafiar a todo el mundo siempre. – respondió Jace con desinterés. – Por eso es que los quieren sacar de la mesa, les falta carácter para ser hombrecitos y pararse frente a todos a tomar sus propias decisiones, por eso mismo Leo me quería dejar esto a mí. –se enojó con ambos. – Y por eso mismo él está muerto, tú tienes una cicatriz de lado a lado y sigues viva de milagro, eres inteligente pero idiota al mismo tiempo. – Antoni no midió sus palabras. – Bueno, pues esta idiota se va por su camino y no vuelve a su casa. – se dio media vuelta dispuesta a irse. – No seas ridícula. – él la tomo del brazo y le dio la vuelta empujándola hacia la camioneta. – ¡No me voy a subir, yo no soy tu madre para que me mangonees a tu antojo! – Ivana lo empujo. – Es verdad, no eres mamá porque ella hubiera salido corriendo apenas vernos y no se hubiera quedado a pelear sintiéndose el gallito que más canta. – Jace sacó un arma, le puso el silenciador y sin dudar le disparo a Ivana. – ¡Basura! – se le fue encima a pegarle manotazos, pero el relajante tenia efecto inmediato. – Si soy una basura por querer protegerte, entonces sí, yo soy la mayor basura de este mundo. – la agarró de la cintura cuando comenzó a tambalearse. – Esto no se va a quedar así. – vio a Antoni abrir la puerta. – Claro mi amor, vamos a escucharte berrear por horas, pero al menos vas a estar en la casa completamente segura. – entre ambos la subieron a la camioneta. Ivana no perdió la conciencia, solo se quedó atontada por todo el camino de vuelta a la villa y para que no se golpeara fue Jace quien la recostó sobre sus muslos, al llegar a la casa el relajante ya había pasado en su mayor parte e Ivana pudo bajar del auto para caminar tambaleante hacia dentro de la casa, a penas la vio Nanava se levantó de la silla del comedor donde estaba trabajando y la tomo del brazo para llevarla a uno de los sillones. – ¿Qué le hicieron? – pregunto con algo de molestia. – Va a estar bien. – Antoni fue directo a la cocina. – ¡Les voy a partir la cara! – Ivana se levantó del sillón y corrió hacia Jace – ¡Yo no soy su maldita muñeca, a mí no me van a mangonear a su antojo, bastardos! – forcejeo con el hombre, pero él la agarro con firmeza de las muñecas. – Si te sigues retorciendo de esa manera te vas a lastimar. – no la soltó porque Ivana tenía mucha fuerza en sus golpes. – ¡Entonces suéltala! – exclamo Nanava viendo la escena. Jace se agacho y se hecho al hombro a Ivana antes de llevársela de la sala por todo el escándalo que estaba formando, la llevo a la segunda planta, una oficina escondida a la que solo tenían acceso él y su hermano quien no tardó en llegar después de haber atendido una llamada de negocios, Ivana estaba tumbada sobre un sillón sintiendo como todo le daba vueltas y es que el relajante no le sentó del todo bien, si ellos supieran su estado no serían tan rudos con ella y ni se les hubiera ocurrido ponerle lada en el cuerpo para lograr someterla. – Abre la boca. – dijo Antoni a su lado con algo entre sus dedos. – ¿Vas a drogarme de nuevo? – Ivana le vio con desconfianza. – Es solo hielo, va a aliviar el efecto secundario del relajante. – lo acerco a sus labios y lo deslizo entre ellos. – ¿Por qué siempre quieres hacer lo que se te da la gana sin escuchar a nadie? – pregunto Jace sirviéndose un vaso de ron – Nos hubiéramos ahorrado todo este espectáculo si no te encapricharas tanto en querer hacer lo que quieres, las cosas no funcionan como a ti te gustaría que funcionen. – llevo el vaso a sus labios. – ¿Cómo funcionan entonces? – se sentó mejor en el sillón. – Ámbar ha pasado a convertirse en una aliada de Alessandro, tu persona por su cabeza, ese es el precio que nos ha puesto si queremos asesinarla y si no lo queremos pagar las mafias rusas nos declararan la guerra. – explico Antoni sacando otro hielo para dárselo. – ¿Quiénes saben eso? – Ivana lo vio directo a los ojos. – Nosotros dos y James, Alessandro esta tan interesado en él que le pidió estar presente en la reunión e incluso le ofreció mucho dinero por ti. – las cosas realmente no eran tan sencillas como ella pensaba. – Lo bueno es que el gigantón tiene valores de amistad y familia, dijo que jamás vendería a una amiga como tú. – Jace sonrió de lado. – ¿Cuándo se reunieron con él? – James estuvo con ella durante el almuerzo. – Esta misma tarde... – Antoni se sentó sobre la mesita de madera frente a ella – Si te decíamos que estas en peligro no es solo por parte de Ámbar, no sabemos cuáles son las verdaderas intenciones de Alessandro ni porque te quiere con tanta desesperación y nosotros no estamos dispuestos a perderte después de que por fin te hemos encontrado después de tanto tiempo. – dejo que su hermano llenara su vaso con licor. – Pero tampoco pueden ponerse en peligro por mi culpa. – vio a Jace sentarse al lado de su hermano. – Nosotros estábamos pensando en dejar la mesa y desaparecer, los tres juntos a cualquier lugar. – ambos se vieron. – Jace sugirió abandonarlo todo y ponerte a salvo lejos de todo esto en un país donde Alessandro no pueda poner un pie, mover nuestras cuentas bancarias y comenzar desde cero sin nadie más que nosotros tres. – Antoni la vio a ella. – Si desaparecemos irán por nuestros padres... – todavía no se sentia lista para vivir su vida sin ellos – ¿Qué paso con el acuerdo que Alessandro dijo el día de la fiesta? todavía estamos dentro del tiempo para casarnos y concebir. – pensó en usar a su hijo como James lo sugirió. – Nos está acusando a nosotros de ser los responsables del ataque, aunque lo haya ordenado Ámbar se supone que nosotros debíamos protegerte de mejor manera, así de loco esta. – Jace decidió soltar la media coleta de su cabello. – Les ha prohibido a ustedes tocar a Ámbar, pero no a mí. – los vio fijamente pensando en un plan. – Estas loca si piensas irte a la guerra contra tu propio abuelo tu sola. – Antoni le tomo la mano. – Creo que yo también estoy de manos atadas. – no quería meterlos en problemas, pero si quería cuidarlos. – Te prometo mantenerte informada de todo, solo dame tiempo para pensar en un plan o ver que me invento, mi prioridad será mantenerte a salvo y mantener funcionando todo. – le tomo una mano. – Siempre logramos salirnos con la nuestra, ten un poco de paciencia y piensa en tomarte vacaciones lejos de todos los problemas. – Jace le tomo la otra mano. – Mierda... – susurro Antoni al sacar su celular tras una notificación – Tengo que ir al restaurante aquí en Palermo, ha habido un nuevo problema de racismo con el gerente y otros clientes. – se puso en pie. – Ya despide a ese bueno para nada, es la segunda vez en este mes que ese tipo discrimina a clientes. – Jace junto sus cejas con molestia. – Nos vemos más noche. – le dio un beso en los labios a Ivana antes de irse. – Ten cuidado. – se dio la vuelta en el asiento viéndolo salir de la oficina. – Vamos a comer algo y me cuentas que demonios estuviste haciendo en un spa todo el día. – Jace se levantó. – ¿No quieres ver por tu cuenta que fue lo que hice todo el día en un spa? – se recostó más sobre el sillón recostando la cabeza sobre el respaldo – Fueron muchos tratamientos que mi piel recibió y la han dejado muy suave. – paso su mano por el brazo izquierdo acariciando su piel. – Claro que me encantaría ver. – se bebió todo el licor de un solo trago. Le agarro la mano y la llevo a la gran mesa de madera con los bordes tallados, la subió a la madera antes de acercarse a sus labios con una sonrisa pícara y fue ella quien acorto la distancia que los separaba de un beso hambriento, por sobre todas esas peleas y momentos de enojo Ivana los amaba, estaba ansiosa por tenerlos en un cuarto de forma más íntima, no se sentia capaz de hacerlo con ambos al mismo tiempo, pero uno primero y después el otro era una buena opción. Las manos de Jace desabrocharon el pantalón que usaba Ivana y lo bajo con algo de desespero, no era la única que estaba ansiosa por hacer el amor, sin embargo, las manos de Jace se detuvieron cuando iba a levantarle la blusa y corto el beso. – ¿Por qué te detienes? – comenzó a desabrochar los botones de la camisa. – No quisiera lastimarte. – metió los dedos dentro del elástico de la braga. – Podríamos intentarlo, solo un poco. – se acercó para besarlo. – Acuéstate en la mesa, voy a hacer que te liberes un poco, pero no voy a ir más lejos. – bajo la ropa interior y termino de quitarle el pantalón. – Quiero más. – lo vio apoyar los codos sobre la mesa e inclinarse sobre ella. – Prometo dejarte satisfecha. – sonrió antes de abrir su boca y recorrer la intimidad ajena con su lengua. Jace tenía un grave conflicto personal con respecto a la cicatriz que el disparo le dejó a Ivana, aun no se curaba al cien por ciento y para él era muy difícil de ver pues también le recordaba su falta a la promesa de cuidarla, no se atrevió a levantar la blusa, pero si atendió cuidadosamente la intimidad de Ivana que ya no tenía el abundante vello con el que llegó a casa, el olor a talco todavía estaba impregnado en la piel de sus piernas que estaban apretando sus mejillas, le levantó un poco más las piernas antes que lo ahogara y entonces Ivana metió los dedos en su cabello tirando con fuerza de las hebras rubias. – No quiero más tu boca... – curvo la espalda – ¡Jace por favor! – se mordió el dorso de la mano. – Estas comenzando a sangrar. – la forma en que se estuvo moviendo hizo que una parte de la herida volviera a abrirse. – No puede ser. – tuvo que sentarse para ver qué su blusa estaba manchada. – Creo que es mejor que vayas a atender la herida, un parche a prueba de agua será lo mejor, si se vuelve a abrir no mancharas tu ropa. – la ayudo a ponerse la braga. – ¿Te da asco la sangre? – Ivana noto su incomodidad. – Mi vida, estás hablando con un asesino que ha acabado con muchas vidas ¿De verdad crees que me da asco la sangre? – alzo una ceja de forma burlona. – Si no es la sangre entonces soy yo quien te da asco por la herida. – los ojos se le llenaron de lágrimas. – No es así Ivana. – intento agarrarla, pero ella le pego un manotazo. – Ya no digas nada. – se bajó de un salto de la mesa y se fue de la oficina. Ivana se encerró en su cuarto con seguro en la puerta y por mas golpes que Jace dio, ella se mantuvo reacia a abrir hasta que al final él se aburrió y terminó dejándola sola, fue un golpe duro para su ego el que la haya rechazado de esa manera y aunque no dijo nada, su rostro lo decía todo. Se quedó en la cama llorando e intento comprender que no para todas las personas era fácil lidiar con ese tipo de cosas, pero las mismas palabras de Jace fueron las que más le hacían doler porque era un asesino acostumbrado a ver ese tipo de cosas, pero en ella le generó un rechazo. No supo cuánto tiempo estuvo en el cuarto, pero el hambre fue más fuerte que sus ganas de dormir y tuvo que levantarse para ir a buscar algo de comer a la cocina, sin embargo, no salió por la puerta del cuarto sino que lo hizo por las puertas de la terraza e imagino que los hermanos ya estarían dormidos pues toda la casa parecía estar a oscuras, bajo cautelosamente por las gradas que la llevaban a la terraza de la primera planta y fue ahí cuando noto una tenue luz salir por debajo de las puertas que daban a una oficina. Dicen que la curiosidad mato al gato, pero nunca mencionan si lo que descubrió fue tan importante como para morir, Ivana se acercó cuidando de no dejarse ver por el cristal ya que, aunque estuvieran corridas las cortinas su silueta podría verse por la luz de las farolas, una pequeña rendija entre la tela le permitió ver que eran los hermanos reunidos con un montón de ancianos mal encarados. Todos los viejos reunidos en esa oficina eran los padres de los nuevos jefes y pidieron hablar con Antoni de forma urgente ya que Alessandro les había hecho una propuesta a ellos también, querían hacer lo mismo que habían estado haciendo desde que Antoni conformo los acuerdos de Sicilia, mandar como ellos se les antojaba. – Te estoy diciendo que es una gran oportunidad para todos, Alessandro nos ha ofrecido buenas oportunidades de inversión a cambio de que le entreguemos a esa mujer. – dijo el viejo Quintana. – A mí me importa un carajo lo que haya ofrecido, Ivana es mi prometida. – reprocho Antoni ya aburrido de escuchar sus quejas. – ¿Prometida? – el viejo se quejó – Tantas mujeres hermosas en Italia y tú vas y pones tus ojos en una rusa mixta, es hija de una sirvienta. – rodo los ojos. – Escucha muchacho, vinimos a hablar contigo por las buenas, pero no nos obligues a sacarte de tu puesto como jefe por ser un cabeza hueca. – las palabras del viejo Cabrera fueron una clara amenaza. – ¡Ya me tienen arto! – dio una fuerte palmada al escritorio y se puso en pie – ¡Los acuerdos de Sicilia fueron firmados por sus hijos, no por ustedes, no son nada más que ceros a la izquierda que no quieren aceptar que su tiempo ha pasado y que las cosas en la mafia ahora se manejan diferentes! – gruño con enojo. – Ten cuidado como nos hablas, nosotros todavía tenemos poder. – el viejo Greco apenas pudo levantarse de la silla. – Claro, espero que sus aliados les respondan el llamado de la ouija. – Jace era el más irreverente y no pudo evitar burlarse de todos ellos. – Pues te guste o no, vamos a entregar a tu mujercita y doscientos millones serán bien repartidos entre nosotros. – Quintana lo desafío con aires de superioridad. – Que gracioso, tu eres quien más se la pasa atacando a James solo por haber montado su imperio en Paris y lo llamas traidor a la patria, ahora vienes a decirme que vas a vender a una mujer por doscientos millones... – erigió la espalda – No eres más que una ramera que se vende al mejor postor y estás enojado con James porque no dejo que le pusieras el pie en el cuello como has intentado hacerlo con nosotros... – vio a todos los ancianos – ¡Que les quede clara una cosa, Ivana no se toca, no se vende, Ivana nos pertenece y al primero de ustedes que se le ocurra desobedecer mis órdenes va a pagar las consecuencias, sus hijos lo saben y están de nuestro lado! – la amenaza de Antoni fue mucho más clara. – En resumen, señores, o dejan de tocarnos las pelotas y se van a jugar bingo, o entran en guerra con sus propios hijos y de este lado todos podemos caminar sin utilizar bastones ni pañales, ya nos tienen a todos artos. – Jace se paró firme al igual que su hermano. – Alessandro vendrá por ustedes dos y van a pagar muy caro esa terquedad. – Romano los apunto con su dedo tembloroso. – Pues que venga, no me importa aliarme con el mismo diablo si con eso puedo salvar a la mujer que amamos. – Antoni no iba a ceder. – ¡No seas ridículo! ¿Quieres una zorra a tu lado? ¡Yo te puedo conseguir diez o vente, las putas que quieras, entrega esa maldita bastarda buena para nada! – Quintana perdió la cabeza. – ¡Largo de mi casa! – Antoni también enfureció. – Te juro que te vas a arrepentir de todo esto y no vamos a descansar hasta que tu silla pase a uno de nosotros. – Greco lo sentencio. – Si me están declarando la guerra díganlo claramente y déjense de rodeos. – Antoni sonrió. – ¡Si no haces lo que te estamos diciendo entonces nos vamos a ir a guerra, todos se van a ir en guerra contra ti! – Quintana le apunto con el dedo. Ivana estaba escuchando todo desde afuera y concentro toda su atención en ellos que se llegó a descuidar de lo que pasaba a su alrededor, no podía creer que Alessandro hubiese llegado hasta ese punto y que esos viejo decrépitos estuvieran amenazando a un gran jefe como lo era Antoni; observando con mayor atención toda la escena se dio cuenta de que todos estaban desesperados y para regalarse de esa manera deberían tener problemas financieros, sus relojes eran imitaciones, muy buenas imitaciones, pero ella había estado con hombres que le enseñaron a distinguir los originales de simples copias y se fue haciendo una idea de por donde se está moviendo el interés real de esos viejos eso hasta que una mano le cubrió la boca, otra paso por su cintura y la alejo del lugar para ir a esconderla en un pequeño espacio detrás de una columna, por su olor y porque la cubrió por completo con su cuerpo adivino que era James. – ¿No te enseñaron que es de mala educación escuchar conversaciones de adultos? – pregunto en un susurro. – También es de mala educación secuestrar mujeres. – no había forma de que pudiera salir de ese pequeño recoveco. – Quien te secuestro fue Dmitry, no yo. – James vio sobre su hombro escuchando un ruido, pero no era nada más que la iguana que paseaba libremente en toda la casa. – ¿Qué es todo esto? están amenazando con formar una guerra y poner a todos los demás miembros de la mesa de su parte. – comento preocupada. – No sería la primera vez que esos viejos amenazan a Antoni, además no es como si nosotros no tuviéramos un as bajo la manga... – puso sus ojos sobre Ivana – El único problema que hay en todo esto es tu terquedad de no querer escoltas y el bebé que se está formando en tu vientre, eso va a ser un gran problema porque ya comienzas a verte gorda. – soltó un quejido cuando ella le dio un puñetazo en el costado. – Tengo a tus dos amigos respirándome en la nuca todo el tiempo ¿Cómo esperas que haga algo? – sintió un revoloteo en el estómago cuando James se pegó más a ella – Vas a ahogarme. – trato de empujarlo. – ¿Gravaste todo lo que se habló? – pregunto Jace. – Si, no solo grave la conversación... – se dio la vuelta cubriendo bien a Ivana – Enlace a todos los miembros de la mesa y escucharon la conversación en vivo, sus mensajes han sido claros, apoyaran a la familia Giuseppe en todo. – no salió de su escondite. – ¿Qué hay de ti? – se recostó sobre en la columna de sementó ocupando paste de esa oscuridad para esconderse también. – Yo... – hizo una pausa – Yo me voy a poner del lado de los viejos y te voy a tomar de rehén para convertirte en mi esclavo. – dijo con voz ronca en un tono divertido. – Eres un idiota. – Jace se rio y se alejó dejándolos nuevamente solos. – Antes de que ellos fueran a hablar tonterías con sus hijos ustedes se les adelantaron y les hicieron escuchar la realidad de las cosas. – comento Ivana agarrando la gabardina del hombre. – De los errores se aprende y nosotros tuvimos que aprender de una forma muy mala, piensa bien en lo que vas a hacer. – no se movió a pesar de sentirla recostarse en su espalda. – ¿Qué me sugieres que haga? – le pregunto a él porque parecía tener un punto de vista más neutral. – No lo sé, yo tengo el poder y los medio para cazar dos peleas al mismo tiempo, pero que Antoni sea el que ordene las guerras me ata de manos un poco. – la escucho reír por lo bajo. – Si tu estas atado de manos podrías darme un poco de recursos para cazar la pelea contra Alessandro por mi cuenta. – Ivana no estaba atada a ninguna organización, todavía no. – Si lo hago voy a tener al león quejándose por darte las armas antes de tiempo... – se metió mucho más en el recoveco – Está muy interesado en ese producto que llevas en tu vientre, si te doy las armas te estaré entregando los motivos suficientes para sacarlo sin saber de quién es. – vio pasar al cambio de guardia. – Los venenos no dejan marca ni levantan sospechas, que uno de esos ancianos se desplome de la nada solo sería indicativo de que el corazón le falló. – escucho a Víctor hablar de venenos en más de una ocasión mientras estuvo en el hospital. – No es una mala idea, deshacernos uno por uno de ellos sería más fácil que irnos a guerra con armas y hacer un desastre en las calles de Sicilia. – James lo pensó un poco más y la idea pintaba bien. – Puede que los policías estén vendidos, pero tampoco son anormales que pueden actuar como ciegos mientras los mafiosos se matan entre sí. – por fin fue liberada, aunque no salió del pequeño espacio. – Vamos a tener muchos problemas de ahora en adelante. – puso sus ojos en ella. – Los problemas se resolverían una vez Alessandro y Ámbar desaparecieran, pero hay algo que no me tiene muy conforme. – comento dando un par de pasos al frente. – Que esos dos se hayan aliado aun sabiendo que ella fue la causante de que terminaras en el hospital. – James sonrió al ver el rostro de Ivana sabiendo que había dado en el clavo. – Está usando a Ámbar para llegar a mí, si las cosas no salen como él lo quiere va a eliminarla, va a asesinarla sin dudarlo. – se recostó sobre la pared. – Creo que los ojos de dos colores no es lo único que se pasa de generación en generación, lo demente también. – se alejó rápidamente de ella antes de que le pegara. – Idiota. – rodo los ojos. – Toma... – James le dio una barra de chocolate – Imagino que bajaste por comida, si entras a la cocina vas a poner a tus amantes nerviosos. – con algo de desconfianza ella lo tomo. – Gracias. – Ivana se abrazó a sí misma. James se alejó de ella, volvió dentro de la casa dejando a Ivana con muchas cosas en la cabeza y con la sensación decepcionante que las cosas entre ellos nunca iban a poder ser, si ya había sufrido un rechazo por parte de Jace no quería imaginarse como sería el rechazo por parte de Antoni y si las cosas iban a ser así, lo mejor iba a ser marcharse, aunque su corazón se rompiera porque en verdad los amaba. Subió de nuevo al cuarto para comerse el chocolate que James le dio y mientras se lo comía sentada en la cama pensó en el cosquilleo que la cercanía del hombre le causo, no era de piedra, era una mujer que sentia y que tenía el ego herido por un rechazo quizás eso hizo que su cuerpo reaccionara de esa manera, se tumbó en la cama dejando de pensar en esas cosas porque debía ocupar su materia gris en algo mejor, un plan para librarse de todo ese desastre que había.
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