Ivana despertó esa mañana sin ganas de hacer nada, pero estaba tan hambrienta que casi fue la primera en bajar a desayunar, no sabía si James seguía en la casa o si ya se había ido, ese hombre parecía un fantasma apareciendo de la nada; huevos revueltos, salchichas, queso, pan tostado y un plato con fruta picada, eso le sirvió una de las mucamas mientras las demás hacían sus labores diarias esperando que los jefes de la casa se levantaran para servirles el desayuno también, mientras estaba cortando una de las salchichas escucho el grito de Nanava seguido de la voz de Jace.
– ¡Ya déjame en paz! – alzo la voz.
– ¡Estás haciendo planes para irte con Dmitry! – le reclamo mientras la seguía a la sala, ambos ignorando que Ivana estaba en el comedor.
– Si hago planes o no eso a ti que te importa y que te quede claro que yo me voy a llevar a Daniel porque es mi hijo. – enfrento a su hijo del medio.
– ¿Sabes por qué me importa? Dmitry tiene asociaciones con Alessandro y por dinero baila el perro, tan enamorada estas de él que serias capaz de vender a Ivana también... – la vio negar con la cabeza – ¡Cambiarias a tu hija por un pene! – con esas palabras recibió una bofetada.
– ¡Yo jamás cambiaria a una hija o a un hijo por nada del mundo y si fueran más inteligentes tratarían de unirse a Dmitry para hacer un plan en contra de Alessandro! – Nanava estaba al tanto de todo.
– ¿Un plan como el que creo secuestrando a Ivana? – se burló de su madre.
– Ivana era su única forma de acercarse a Enzo y gracias a ella es que ustedes pudieron acceder a todos sus archivos ocultos. – estaban enfrascados en la misma pelea de siempre.
– ¿Y cómo termino eso? Ivana en un hospital en coma, una loca aliada a otro loco y mientras tu hija adorada se debatía entre la vida y la muerte tú te estabas revolcando con Dmitry. – Nanava le iba a pegar de nuevo, pero esta vez él le agarro la muñeca y la zarandeo con fuerza.
– ¡Respétame que soy tu madre! – los ojos se le llenaron de lágrimas.
– La madre que me crio jamás iba a tener ese comportamiento creyéndose adolescente. – le agarro la otra muñeca.
– Ustedes dos están viviendo sus vidas como se les da la gana, déjenme vivir la mía. – se jaloneo intentando soltarse de las manos de su hijo.
– Créeme que yo no tendría problemas que hicieras tu vida con quien se te diera la gana, pero ¿Por qué con ese traidor? ¿Por qué con el hermano de tu esposo? ¿Por qué con el hombre más infiel del planeta? te estas peleando con nosotros por querer permanecer a su lado sin conocerlo y cuando te ponga los cuernos vendrás a nosotros llorando. – estaba enojado.
– El día que me ponga los cuernos me los voy a limar tal cual hice con todos los que tu padre me puso en todo nuestro matrimonio. – se logró soltar y se asustó pues Jace casi le pega una bofetada.
– ¡Mentirosa, lárgate de esta casa y vive tu vida como la perra de Dmitry! – Jace solo le levanto la mano, pero no perdió la cabeza al punto de pegarle.
Ivana se había mantenido en silencio observando la escena ya que no estaba en condiciones de meterse entre ellos, Jace era de mal carácter y mecha corta, alguna palabra de su parte y podía terminar empeorando las cosas ente madre e hijo, pero si resintió todas las palabras que le dijo a Nanava y le pareció bastante ingenuo pensando que Leo nunca pudo haber engañado a su esposa, pero también esas eran las consecuencias de ser el hijito mimado por papá y al que se le oculto todo para no causarle daño.
– Buenos días. – saludo James que iba bajando las gradas.
– Yo no les veo nada de buenos. – gruño Nanava enojada antes de subir corriendo.
– Se saluda por educación... – susurro viéndola correr a su cuarto – ¿Qué bicho le pico? – pregunto al ver a Ivana.
– Se volvió a pelear con Jace. – respondió saliendo de un estado petrificado para que ambos no notaran su presencia.
– No sé porque no me sorprende... – movió la silla frente a ella y se sentó – Tus padres regresan hoy de sus vacaciones ¿Verdad? – las mucamas se apresuraron a servirle la comida.
– Si, estaba pensando ir a verlos mañana. – alzo la vista al escucharlo soltar una risita.
– ¿Dónde iras mañana? – pregunto Antoni llegando por el lado de la cocina.
– Quería ir a ver a mis padres. – respondió Ivana viéndolo tomar asiento.
– ¿Tan pronto? acaban de volver de un largo viaje, aunque hayan estado de vacaciones el vuelo debió dejarlos agotados. – saco su celular para revisarlo.
– Lo dices porque estás pensando en ellos o porque no quieres que salga de la villa. – lo vio fijamente.
– Hoy por la tarde pasaran un juego de tenis ¿Lo vas a ver? – Antoni la ignoro.
– Ahora entiendo porque Nanava está harta de ustedes dos. – tomo su plato y se levantó para pasarse al otro extremo de la mesa lejos de ellos.
– Al menos tú no eres nuestro juguete del momento. – tras las palabras de Antoni se escuchó un golpe fuerte en el suelo.
– Ustedes dos se van a arrepentir de lo que me están haciendo, solo espero que recapaciten en algún momento y quieran retomar la buena relación que teníamos. – Nanava hizo sus maletas.
– Ese día será cuando tú dejes a Dmitry. – Antoni solo se recostó en el respaldo de la silla.
– ¿Dónde está tu maleta? – pregunto al ver a Daniel bajar con pereza.
– Yo no me quiero ir contigo, yo me quiero quedar con mi hermano. – respondió el niño pasando directo a la cocina.
– ¿Lo vas a abandonar? – pregunto Antoni.
– Daniel, haz tu maleta. – esta vez Ivana si se metió.
– ¡Ivana, cállate! – la vio con seriedad.
– No me voy a callar, Daniel es hijo de Nanava y no tuyo, los hijos están con su madre siempre. – se levantó de la silla.
– Es libre de escoger con quien quiere quedarse y ella es libre de ser más mujer que madre, ninguno de nosotros tiene porque calarse al idiota de Dmitry solo por una calentura. – Antoni era quien menos iba a ceder porque odiaba a su tío.
– Entonces yo me voy con ella. – ante el primer paso lo vio reír de una forma que le causo temor.
– Solo puede salir una mujer de esta casa y esa no eres tu pecosa... – ladeo la cabeza mientras la barría con la mirada – Tu cabeza tiene un precio y yo no me voy a ir a la guerra con los viejos solo para que tú te sirvas en bandeja de plata, no lo permitiré mientras sigas teniendo una relación conmigo. – estaba haciendo muchas cosas por mantenerla a salvo.
– ¡Nanava! – Ivana corrió para intentar detenerla, pero la mujer le cerró la puerta en la cara saliendo de casa y yéndose.
No tuvo más alternativa que volver a su cuarto pues el hambre se le quito con todo eso, lo que la hizo sentirse tan mal fue que Nanava no quiso quedarse ni por ella ni por Daniel y en una parte la comprendía, porque no había quien aguantara un ambiente pesado donde no se le tratara bien, pero ella era posiblemente el único apoyo emocional que podía tener en ese lugar, su estado anímico cayó al suelo y se quedó acosta sobre la cama observando fijamente hacia las puertas del balcón, quizás en otro estado hubiese continuado aquella pelea hasta las últimas consecuencias, pero su fortaleza estaba rota, sus murallas de protección tenían una enorme grieta que se iba abriendo cada vez más y todo era culpa de Enzo. Dos golpes suaves a la puerta la hicieron abrir los ojos y al darse la vuelta vio la puerta abrirse, era Antoni quien acababa de entrar y llevaba un platito con una rebanada de pastel de chocolate, lo dejo sobre la mesita de noche antes de sentarse en la orilla de la cama.
– Quería pedirte disculpas por la forma en que te hablé. – su expresión fue de verdadero arrepentimiento.
– Gracias por el pastel. – se dio la vuelta.
– Ivana por favor... – subió al colchón para buscar su mirada – No quiero que te pase nada y no quiero perderte. – la hizo darse la vuelta.
– Yo tampoco quiero perderte, pero no podemos estar en conflicto todo el tiempo por tu intransigencia. – lo fijamente a los ojos.
– Se un poco más comprensiva, acabas de salir del hospital y Alessandro está amenazando a todos, dame tiempo para solucionar todo esto por favor, es lo único que quiero, tiempo. – la vio sentarse.
– Yo quiero tiempo contigo. – paso los brazos por sus hombros antes de besarlo.
– Muñeca... – le agarro las manos – No puedes sacarme la ropa, tengo trabajo que atender. – sonrió dulcemente como si eso fuera suficiente para Ivana.
– Solo dame diez minutos de tu atareado tiempo, no te pido más que eso. – se tumbó en la cama llevándolo consigo.
– De verdad que me encantaría, pero no puedo. – Antoni se zafo rápidamente de sus brazos y bajo de la cama.
– ¿Por qué no? – Ivana volvió a sentarse.
– Ya te dije que tengo trabajo, vine a traerte el pastel y a disculparme, pero debo irme. – dijo mientras se arreglaba la ropa.
– Bien. – se volvió a dar la vuelta y lo escucho salir del cuarto apresurado.
Antoni todavía no terminaba de superar todas las cosas que Enzo le dijo de Ivana y las cosas que le hizo, podía tocarla, besarla y desearla con el alma, sin embargo, no era capaz de llegar más allá pensando en que iba a lastimarla o darle malos recuerdos, un mes era muy poco tiempo para él y teniendo tantas preocupaciones encima era mucho más difícil lidiar con los sentimientos más profundos; bajo a la sala donde estaba James esperando y ambos se fueron de la casa para atender una reunión importante con los demás miembros de la mesa dejando a Ivana sola en su habitación e incluso Jace se había ido, al paso que iban las cosas su relación con los hermanos se iba a terminar fragmentando sino es que antes Ámbar le daba el tiro de gracia. Paso un largo rato más dándole la espalda al pastel y es que tenía más ganas de vomitar que de comer, también tenía ganas de ver a sus padres después de tanto tiempo, por más viajes que Ivana hiciera al final volvía a casa con ellos a comer un guiso de Mónica y a escuchar los cuentos del trabajo de Nicolai, aunque el viaje coincidió con la fecha en que su padre pensaba retirarse del trabajo y quizás fue eso lo que los ánimo a pasar tanto tiempo en otro país, tomo su celular y busco el número de su madre, pero este la mando directo al buzón y viendo la hora muy probable no habría llegado a casa todavía.
Se mantuvo encerrada en el cuarto y estuvo mandando unos cuantos mensajes a sus padres, esperaba que los vieran cuando llegaran a casa, se comió el pedazo de pastel cerca del medio día pues no quería bajar al comedor y se aseguró de tener la puerta muy bien cerrada porque no quería visitas, aunque cuando salió a la terraza se dio cuenta de que los autos no habían llegado todavía y por ende ellos tampoco, un poco de aire marino le sirvió mucho para aplacar el malestar que le dejo el haber comido tanto chocolate, sintió su celular vibrar, no iba a verlo hasta que se dio cuenta que era una llamada.
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– Jonathan. – susurro al responder la llamada.
– ¿Te llamo en mal momento? – pregunto escuchándola nerviosa.
– No, solo me tomas por sorpresa, no recuerdo haberte dado mi número. – se dio la vuelta quedándose recostada en el borde de seguridad.
– Yo le saque tu número a James, pero si te estoy llamando en un mal momento solo dímelo, te escucho extraña. – no quería que se metiera en pleito con los hermanos.
– Estoy sola en la casa, pero siento que las paredes tienen oídos. – volvió a dentro del cuarto.
– Sé que hay cámaras de seguridad afuera de los cuartos, pero no sé si tienen micrófonos dentro de los cuartos y con esos paranoicos nunca se saben. – aunque no lo dijera abiertamente, él los conocía muy bien.
– Me acabo de encerrar en el baño, si alguien quiere escucharme va a ser muy difícil. – abrió todas las llaves del agua.
– Te llamaba para saber que ibas a hacer ahora que sabes cómo están marchando las cosas... – estaba enterado de las amenazas de los viejos – Antoni quiere llegar a una mediación con Alessandro para que no se suelte la guerra. – si ella no sabía algo quería informárselo.
– Las cosas no están marchando bien entre nosotros tres, la relación de amantes no creo que vuelva a florecer y no quiero meterlos en problemas por algo que no valga la pena sostener. – se sentó sobre del váter.
– No te comprendo. – Jonathan se perdió por unos segundos.
– Voy a terminar mi relación con los hermanos Giuseppe y me voy a ir de Sicilia, si Ámbar quiere matarme que me busque y que lo intente, pero yo no voy a seguir escondiéndome detrás de ellos... – se limpió las lágrimas – El amor eterno de Jace llego hasta el día en que una bala me atravesó el cuerpo y dejo una cicatriz, el de Antoni hasta el momento en que se enteró que abusaron de mí, prefiero mantenerlos como amigos de lejos que de cerca. – apenas pudo terminar de hablar.
– No estás sola, James es un bruto salvaje que no se sabe para qué bando se inclina, pero tenemos su apoyo para conseguir el armamento que necesitemos, conmigo sabes que cuentas de forma incondicional. – se escuchó muy seguro.
– Gracias por eso, pero si me gustaría saber de dónde es que nos conocemos. – una ligera sonrisa se dibujó en sus labios.
– Nos conocimos en El Cairo, tú estabas presa en las manos de un loco y yo fui tu medico por unos días. – Jonathan tenía un tono de voz burlón.
– Pero tú y yo nos conocemos desde antes, solo que no recuerdo bien de donde, alguna gala en Los Ángeles o quizás desde más atrás, de los tiempos de Leo, algún profesor tal vez. – se estaba esforzando por hacer memoria.
– Estas un poco cerca, soy de los tiempos de tu padre, solo que en ese tiempo era un poco irrelevante a tus ojos y preferí alejarme por cuestiones muy personales. – por fin Ivana podía arrancarle un poco de verdad.
– ¿Qué problemas? – cuestiono en un susurro más para sí misma que para ser escuchada y tener una respuesta formal.
– Problemas con cuarteto amoroso que estaba comenzando a destruir mi vida. – Jonathan le respondió.
– Necesito que nos veamos en Nápoles, yo te aviso la fecha y la hora. – Ivana se puso en pie con una idea en la cabeza.
– Esta bien, en estos momentos me encuentro en Roma arreglando unas cosas con unos abogados. – la escucho más animada que antes.
– Okey, hablamos después. – Ivana colgó la llamada sin darle tiempo a despedirse.
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Cerro las llaves del agua y salió del cuarto, necesitaba la computadora que Antoni le había dado para su entretenimiento, sus cosas de trabajo se habían quedado en Nápoles al igual que su laptop personal y necesitaba acceso a esa máquina, no era una experta en programación ni en infiltrarse como lo hacía Víctor, pero si tenía algo de conocimiento que le permitieron acceder a los documentos que estaba buscando, los archivos digitales que Enzo mantenía en su laptop personal fueron clonados en la laptop de Ivana por obra de ella misma y sabiendo la mayor parte de sus contraseñas no fue difícil adivinar otras, encontró lo que estaba buscando, un diario personal donde un Enzo más joven iba detallando sus acciones en complot con todos los que ahora eran cadáveres igual que él y al encontrar las páginas que buscaba las leyó cuidadosamente tratando de gravarse los hechos de ese día, los hechos del plan que llevo a la muerte de Leo y del padre de Dmitry.
Empapada con toda esa información le fue suficiente para saber que Dmitry no traiciono a nadie, fue un golpe de suerte que no se hubiera presentado a esa reunión y el motivo es que su propio padre le encargo otras cosas, el único pecado que había cometido es ser un hombre predecible. Estuvo leyendo tanto tiempo que las luces de las camionetas entrando a la propiedad fueron las únicas que la sacaron de su transe, cerro todo dejando solamente una copia del diario de la fecha en específico que hablaba de Leo y la se aseguró que estuviera a la vista de quien entrara a revisarla, salió del cuarto apresurada antes de que los hermanos se metieran en sus escondites y no pudiera encontrarlos hasta la mañana del día siguiente.
– Yo juraba que ya estarías profundamente dormida. – comento Jace al verla bajar las gradas.
– Los estaba esperando, necesitamos hablar de algo. – vio a James quitarse su gabardina, pero dejarse los guantes a pesar de que estaba haciendo algo de calor.
– Podemos hablar mañana, ha sido un día largo y pesado, además Jace no ha tomado la cena. – Antoni se la quiso quitar de encima.
– Yo tampoco he cenado y lo que quiero hablar con ustedes no puede esperar hasta mañana, no les voy a quitar más de diez minutos. – se encogió de hombros.
– Ya que, no vas a dejar de molestar hasta que te escuchemos. – Jace dejo caer sus hombros y se encamino hacia la oficina.
Ivana lo siguió con la mirada incrédula de lo que acababa de escuchar y tuvo muchas ganas de gritarle que se fuera al diablo, pero no quería hacer un escándalo en presencia de James así que solo siguió al hombre mientras Antoni la iba siguiendo a ella, no había entrado a la oficina del hermano mayor y sintió un vacío en el estómago al no ver la pintura colgada en la pared.
– La mande a quitar porque quiero remodelar la oficina. – comento Antoni al verla con la vista fija en el espacio vacío.
– Es tu oficina, tú la decoras como se te da la gana... – movió su cabeza – Les dije que no les iba a quitar mucho tiempo... – vio a Jace con la vista clavada en su celular mandando un mensaje con una gran sonrisa en los labios – Me quiero ir de la villa. – se abrazó a sí misma.
– Tengo una villa en Mondello, no es tan grande como esta, pero al menos ahí vas a tener tu espacio si es lo que quieres. – Jace ni se inmuto con las palabras de Ivana.
– ¿Por qué quieres irte? – Antoni si tuvo una reacción.
– Mi idea no era quedarme en Sicilia y quiero irme porque represento un estorbo para ustedes dos. – retrocedió cuando Antoni quiso tomarla de los brazos.
– No eres un estorbo, si lo fueras no me estaría esforzando tanto para mantenerte segura en este lugar, de verdad que no hay necesidad de que te vayas. – insistió hasta poder agarrarla y abrazarla.
– Aprecio mucho la amistad y toda la hospitalidad que me han dado en este tiempo, pero tú sabes bien que yo ya no soy del agrado de ambos. – quiso ser fuerte y no romper en llanto.
– ¡Ivana por Dios, no digas tonterías! – Antoni sonrió ligeramente – No puedes pensar de esa forma solo porque no estamos pasando un buen momento, estas dudando del afecto que te tenemos. – vio a su hermano que solo los observaba sentado en el sofá.
– Estas sensible e imaginándote cosas que no son, acabas de salir de un coma de cuatro semanas y de paso estás enojada porque no te dejamos hacer lo que quieres. – las palabras de Jace fueron frías.
– Ves que no estoy tan equivocada. – susurro Ivana.
– ¡Si no aprecias lo que hacemos por ti lárgate, la puerta es ancha! – alzo la voz, se levantó y se fue la oficina azotando la puerta.
– Jace y yo somos dos personas diferentes, yo si quiero que te quedes y me dejes demostrarte que las cosas no son como las sientes, solo es un mal momento. – Antoni le tomo las mejillas.
– Esto no va a terminar bien, sabes que lo mejor es que nos separemos y me dejes arreglar las cosas por mi cuenta, nadie va a lastimarme porque Alessandro me quiere con vida y si Ámbar quiere hacerme algo la matara primero a ella. – Ivana le aparto las manos para alejarse.
– Por favor no te vayas... – le agarro las manos – Déjame arreglar las cosas por favor, solo dame una oportunidad de solucionar todo esto y de retomar lo nuestro, sabes que te amo. – le limpio las lágrimas con sus pulgares.
– Me amas y ni siquiera quieres pasar la noche conmigo... – le agarro las muñecas – Yo no puedo forzarte a hacer algo que no te nace, pero no me obligues a mí a soportar su rechazo y desprecio porque entonces los dos vamos a odiarnos. – vio los ojos del hombre cristalizarse.
– No seas tan cruel conmigo, me estoy esforzando mucho por retomar la normalidad, quiero tiempo Ivana, dame tiempo para conquistarte de nuevo y veras que todo está bien. – Antoni la amaba y mucho.
La puerta volvió a abrirse y Jace entro solo para abrazarla con fuerza por la espalda, los ojos llorosos de Antoni y el abrazo de Jace hicieron que Ivana no tuviera el valor para irse, les dio un voto de confianza esperanzada a que todo volviera a la normalidad ya que si sintió que los estaba presionando demasiado, pero una parte muy dentro de ella le dijo que eso no se iba a arreglar y que las cosas solo iban a ir en declive, si no podía mantener el amor por lo menos quería mantener la amistad con ambos ya que si el bebé era de alguno de ellos no quería que un odio sin sentido le nublara la sensatez de permitirles ser parte de la vida del bebé.