Cruel. 1

4344 Words
Ivana de verdad quiso creer que ambos iban a cambiar sus actitudes para con ella, aunque hubiese sido uno de ellos quien le demostrara que realmente quería hacer un cambio, pero después de la conversación en la oficina parecía ser que ambos la estaban evitando a toda costa e incluso ya había comenzado a comer lejos de ellos solo para no incomodarlos, de eso ya habían pasado tres días y era el tiempo más que suficiente para darles una segunda oportunidad, también tenía el detalle de que cada día que pasaba el producto en su vientre iba creciendo y muy pronto su barriga iba a dejar de verse normal. Ese día Antoni tenía una reunión por la tarde y obviamente Ivana no iba a presentarse, pero decidió bajar por el lado del balcón e ir a la cocina por unas cuantas botellas con agua ya que las de su cuarto se habían acabado, bajo por las gradas del balcón hasta la terraza y antes de dar la vuelta por la esquina escucho una risa femenina haciendo que se escondiera. – Que loco estuvo eso... – dijo la mujer – Mira que mal tienes esa corbata, tu no deberías ser tan descuidado en tu apariencia. – se acercó más a Antoni y le ajusto la corbata. – Con todo lo que me hiciste hacer era obvio que se iba a desarreglar. – Antoni sonrió mientras la veía. – Solo fue una carrerita como en los viejos tiempos... – le arreglo hasta el cabello – Ya está listo, guapo para presentarte ante todos los demás. – con suavidad le acaricio la mejilla derecha. – Antoni... – la interrupción de Jonathan no los hizo alejarse – Michael te está buscando, necesita hablar contigo antes de que comience la reunión con todos. – mantuvo una expresión seria. – Gracias por avisarme, vamos a buscarlo antes de que se desespere. – con suavidad tomo el brazo de la mujer. – ¿Dónde está Ivana? me gustaría saber cómo se encuentra. – el mayor solo los vio pasar a su lado. – No sé, la casa es bastante grande y debe andar por ahí. – se encogió de hombros y siguió su camino. Ivana estaba escondida detrás de aquella esquina a unos pasos de ellos y había visto absolutamente todo además de escucharlo, se cubrió la boca callando su llanto y se deslizo por la pared ahogada en lágrimas pensando en un sin fin de cosas, una más mala que la otra sumándole decepciones a su vida. Jonathan la había visto y cuando se aseguró de Antoni se había ido corrió hacia donde ella había estado esperando que no se haya ido corriendo, pero para su suerte seguía ahí, sentada en el suelo, le agarro las manos y ella lo empujo pensando que sería Antoni ya que usaban el mismo perfume. – Soy yo querida, Ivana respira que te estas poniendo morada. – la movió para que reaccionara. – ¡Me quiero ir, por favor, llévame contigo! – respiro profundo mientras lloraba. – No me van a dejar sacarte de esta villa. – solo la abrazo con fuerza. – ¡Esto no se lo voy a perdonar, yo no soy juguete de nadie! – gruño con rabia mientras apretaba la ropa del hombre. – Creo que deberías hablar con ellos primero, todo eso puede ser un mal entendido. – no quería echarle leña al fuego a pesar de que pensaba lo mismo que ella. – Yo no soy idiota Jonathan, tengo ojos y oídos, no necesito hablar nada con nadie... – se alejó de él para verlo a los ojos – A mí nadie me va a ver la cara de estúpida y no me voy a quedar a ser el juguete de nadie, tampoco tengo porque andar mendigando amor porque yo también puedo tener al hombre que se me de la gana. – se levantó del suelo con rapidez. – ¿De que estas hablando? – pregunto Jace que se les había acercado de sorpresa. – Nada que te importe. – pensó en volver al cuarto por donde llego. – Si te lo estoy preguntando es porque me importa ¿Piensas irte con este? – pregunto señalando al mayor. – Este hombre tiene nombre, Jonathan, si tanto te duele abrir el hocico y mencionar su nombre entonces muérete. – lo empujo con su hombro. – ¡¿Qué demonios pasa contigo?! – le agarró del brazo y le dio una vuelta completa. Ivana se soltó de un jalón y camino hacia la cocina pensando en alguna forma de poder volver a su cuarto para librarse de las quejas de Jace, sin embargo, el hombre la persiguió preguntando lo mismo y exigiendo una respuesta clara de su parte provocando que la paciencia de Ivana se fuera agotando poco a poco. – ¡DEJAME EN PAZ! – su grito resonó por toda la casa. – ¿Qué les pasa a ustedes? – pregunto Antoni al verlos salir de la cocina. – ¡Te estoy diciendo que me dejes! – salto desesperada porque Jace volvió a agarrarla. – Vamos a hablar a la oficina, no nos hagas pasar vergüenza. – susurro viendo a los invitados. Esas palabras fueron el detonador para que Ivana explotara, lo iba a hacer pasar vergüenza de verdad, le agarro el brazo y de un salto subió las piernas al cuello de Jace, usando el peso de su torso giro hacia abajo haciendo que un hombre que le doblaba el peso saliera volando por los aires como trapo, el golpe fue tan duro que Jace curvo la espalda soltando un quejido y levanto la cabeza viéndola con enojo. Jace se levantó y se abalanzo sobre ella con intenciones de llevársela arrastrada a la oficina, pero Ivana le respondió con lanzándose hacia él con ganas de pelearse, sesenta kilos de mujer enfurecida lo derribaron al suelo y de buena suerte pudo retener el primer puñetazo que iba a su rostro, con un rodillazo en la espalda la tiro hacia adelante dándole la oportunidad de pasar los brazos bajo las piernas de la morena y lanzarla sobre él. – ¡Ya basta! – Antoni se puso entre ellos dos antes de que volviera a agarrarse –¿Qué demonios pasa con ustedes? ¡Ya basta Ivana! – se movió de un lado a otro como lo hacía Ivana con la vista fija en ella porque era quien más agitada estaba. – Parece que está controlando un velociraptor. – susurro James divertido de verlos. – Tenemos que intervenir antes de que les monte una paliza a los dos. – Jonathan estaba preocupado por el estado de Ivana, un mal golpe y eso sería un drama mayor. – Que mal genio tienes. – comento la mujer con la que Antoni había estado hablando. Ivana se quedó quieta y giro su cabeza de forma lenta clavando sus ojos en ella, la mirada fue tan espelúznate que la hizo buscar resguardo detrás de otro hombre y considerando no darles problemas a los hermanos con nadie más, la insulto en un fluido ruso, Jonathan su cubrió la boca con ambas manos entendiendo la mitad de todo lo que le había dicho. – ¿Con esa boca besas a tu madre? – pregunto James que también entendió a medias. – Ponle un bozal a tu perra, que para la próxima le diré todos los insultos que me sepa en los ocho idiomas. – sentencio viendo a Antoni. – ¡Ivana ten respeto! – le tomo el brazo – ¡Discúlpate! – su petición la hizo soltar una carcajada. – ¡Púdrete! – se soltó del agarre del hombre. Jace la agarro, pero Ivana lo mando a las gradas de tres patadas y cuando Antoni intento detenerla le aplico la misma que le hizo a su hermano, no había mujer como ella ¿Quién en su sano juicio les rompería el labio a unos mafiosos con la reputación de los hermanos Giuseppe? solo Ivana Alenka, se iba a ensañar con Antoni al verlo darse la vuelta para levantarse, pero James se puso entre ellos y con él no se iba a poner a discutir, estaba enojada, no loca. – ¿No crees que deberías irte a tu cuarto? – pregunto James dándole la mano a Toni – Ya demostraste que tienes más carácter que cualquier mujer que haya llegado a estas familias. – cuando la mujer que hablo se acercó a su amigo entendió por dónde iba el coraje de Ivana. – A mí nadie me dice que hacer. – lo reto con la mirada. – Ivanita, vete a tu cuarto... – con una sonrisa se inclinó un poco hacia ella – Yo no repito dos veces las cosas y para tipas caprichosas no tengo paciencia. – su voz y su postura dejaron en claro que no estaba jugando. Ivana se dio media vuelta y subió las gradas a paso apresurado sin decir una sola palabra más, sin queja ni protesta, una pelea con James sería algo muy desigual y era obvio que la perdedora seria ella, era mejor retirarse con dignidad. Antoni tenía el labio inferior partido porque Ivana le metió un codazo y no lo sintió hasta que la sangre comenzó a bajar por su barbilla, Jace acepto la ayuda de James porque le estaban doliendo las costillas tras el golpe que se dio en las gradas; no hubo ni una sola alma que se metiera entre esa pelea, Ivana no era cosa fácil y tenía carácter además de la determinación suficiente para mandarlos a todos por un tubo si así lo quería, fue Antoni quien se disculpó con todos y les explico un poco los días tan difíciles que Ivana había pasado encerrada en la casa. Mientras la reunión se llevaba a cabo Ivana estaba en su cuarto caminando de un lado a otro mientras maldecía en voz alta, las cosas iban de mal en peor y si dejaba pasar más tiempo iban a terminar comiéndose vivos los tres, en un sentido muy malo, debía marcharse de esa casa a como diera lugar y es que también sentia que se estaba volviendo loca pasando sus días encerrada en un cuarto que ya comenzaba a sentir pequeño. Se encerró con los seguros en todas las puertas y no bajo a tomar el almuerzo a pesar de que Daniel le toco la puerta un buen rato, Ivana rencores Alenka, le sentaba bien ponerse un tercer nombre, estuvo respondiendo los mensajes de Jonathan de forma esporádica y fue él quien le dijo que no podría hacer nada por ella mientras estuviera dentro de la villa, si lograba irse de la casa con gusto le podría dar todo lo que necesitara porque ya estaría corriendo por su propia cuenta y no bajo el cuidado de los hermanos Giuseppe. Le llegaron las seis de la tarde e Ivana sentia que se iba a desmayar en cualquier comento porque tenía mucha hambre y sentia que no iba a poder aguantar hasta media noche que era cuando todos ya estarían dormidos, se sentó en la cama sintiendo un punzante dolor de cabeza y cuando estaba a punto de levantarse escucho dos toques suaves a una de las puertas del balcón, no pudo ver quien era porque había cerrado las cortinas, pero ante la insistencia se levantó a ver. – Abre la puerta. – dijo Jace apenas verla asomarse entre las cortinas. – Que quieres. – solo corrió las telas. – Darte esto a forma de disculpa. – le mostro una pequeña tarjeta de cartoncillo verde. – No me interesan tus estúpidas disculpas. – iba a cerrar la cortina nuevamente. – ¡Ivana por favor, solo dame la oportunidad de dártela en la mano! – se preocupó de que ella lo dejara hablando solo – Te lo suplico, abre la puerta y déjame entrar a darte la tarjeta. – la vio cruzarse de brazos. – Si tanto quieres dármela deslízala por debajo de la puerta, yo la recojo y la leo. – se encogió de hombros. – Ivana. – susurro apoyando las manos en el cristal – Intenta fastidiarme de nuevo y te parto las costillas. – abrió la puerta sintiéndose culpable por ver la tristeza en los ojos de Jace. – No es a fastidiarte, es solo para invitarte a cenar esta noche, los tres bajo la luz de la luna. – le entrego la tarjeta con un poema escrito a mano, era la letra de Antoni. – ¿Vamos a salir de la villa? – pregunto leyendo muy por encima lo que decía la tarjeta. – No, es aquí mismo, nos hemos portado muy mal contigo y pensamos en compensar nuestra falta... – sonrió ampliamente – Discúlpame por la forma tan grosera en que te traté, estaba molesto y al final me las fui a desquitar contigo, pero tú me metiste una paliza. – busco una forma de hacerla reír. – ¿A qué horas quieren que baje? – Ivana se mantuvo seria. – A las siete en la mesa cerca de la piscina, espero que te pongas hermosa con el mejor vestido. – se acercó más a ella. – Ahí estaré... – levanto la cabeza esperando un beso en los labios, pero lo recibió en la mejilla – Vamos a tener mucho de qué hablar. – lo vio fijamente a los ojos. – Si, tenemos mucho de qué hablar. – se alejó de ella y se fue por donde entro. Soltó la tarjeta y esta cayó al suelo escondiéndose debajo de la cama por una brisa que se coló por la puerta abierta, la barbilla le tembló y los ojos se le volvieron a llenar de lágrimas, pero esta vez no las derramo porque ya no valía la pena seguir guardando rencores por esos dos tontos; se fue directo al baño para ducharse, un poco de agua fría fue suficiente para aclarar sus pensamientos y estar segura de que no iba a pasar más tiempo en esa casa, quisieran ellos o no, se marcharía de la villa antes de que el sol de siguiente día saliera. La mesa estaba adornada con pétalos de rosas rojas, velas y tres copas de vino, sus platos blancos lucían la deliciosa cena de esa noche y el olor era algo exquisito más para una mujer embarazada que había estado privándose de alimentos por un día completo; Ivana lucía un precioso vestido corto de lentejuelas color plata y con atrevido escote en la espalda dejando ver su cicatriz que iba sanando cada día, su cabello suelto era movido por la ligera brisa marina de esa noche estrellada mientras observaba con detenimiento la mesa. Sus dos acompañantes vestían tan elegantes como ella, Antoni le dio un beso en el dorso de la mano antes de disculparse por lo que paso más temprano, Jace le dio otro beso e hizo lo mismo, disculparse por ser tan grosero con ella, pero había algo entre los tres que no permitía que esa cena fuera disfrutada con la plenitud merecida porque esta vez la incómoda era Ivana. Se sentó en la silla y acomodo la servilleta sobre su muslo, los observo moverse con la tensión necesaria para que ella se diera cuenta, tomo los cubiertos sabiendo que no podía consumir alcohol por más ganas que tuviera, estuvo un buen tiempo en silencio comiendo hasta que se sintió lista. – Necesito tiempo. – comento Ivana mientras picaba el pollo con el tenedor, apenas había probado un bocado. – ¿Tiempo para qué? – pregunto Jace con algo de sorpresa. – Tiempo para mí, para poder respirar sin tener a nadie sobre mi vigilándome y sin estar en esta casa incomodándolos. – dejo el tenedor sobre el plato porque paso a limpiarse los labios. – Haz pasado toda la semana quejándote de lo mismo ¿Tan difícil es comprender nuestra preocupación por ti? – esta vez fue Antoni quien hablo. – ¿Preocupación? – cuestiono con burla irónica – Desde que salí del hospital me la he pasado encerrada en la villa, las pocas ocasiones en que he salido han ido detrás de mi casi veinte tipos, me escapo y me encuentran. – tomo la copa con agua porque tenía un nudo en la garganta. – Estuviste al borde de morir, hasta que todos los aliados de Enzo no desaparezcan por completo no vamos a poder estar tranquilos y tienes la amenaza de Alessandro arriba, estoy cerca de llegar a un acuerdo con él para que te deje en paz. – Antoni trataba de estar tranquilo. – Mientras eso no ocurra lo mejor es que sigas en casa, hay muchas cosas que puedes hacer, no tienes que trabajar porque lo que quieras solo tienes que pedirlo y mandamos a unos hombres a comprarlo. – Jace tomo la copa de vino. – Están haciendo muchas cosas mal y me están ahogando con tanta sobreprotección, además me están creando odio hacia ustedes porque no los soporto más. – se recostó de lado sobre el apoyabrazos de la silla. – ¿En qué sentido estas diciendo eso? estamos dando lo mejor de nosotros para complacerte y tú lo único que estás haciendo es juzgarnos. – Antoni paso la mano por su cabello. – En todos los sentidos, me están encerrando a mí, su hermano menor necesita del afecto de una madre y yo no puedo suplantarla, yo me estoy ahogando con mis propios problemas y a ustedes eso no les importa. – necesitaba sacar todo el veneno que se había estado tragando. – No comiences de nuevo con el tema de Daniel, si no quiere estar con Nanava es su decisión. – Antoni se recostó más hacia atrás. – Es un niño y los niños no se mandan solos... – gruño con más enojo – No voy a discutir el que hayan sacado a su madre de casa y que le hayan quitado a su hijo porque esos son temas familiares que a mí ya no me competen. – se froto el puente de la nariz. – Nadie la sacó de casa, ella se fue porque quiso seguirle el paso a un imbécil. – reclamo Jace. – ¡Un imbécil que la hace feliz! – alzo un poco su voz – No me voy a meter en temas de familia, por Dios... – aclaro la garganta- Mañana voy a volver a Nápoles, quiero estar con mis padres ya no soporto estar en esta villa más tiempo, me voy a cuidar por mi cuenta. – respiro profundo porque no quería alterarse. – No te vas a ir de la villa. – gruño Antoni tomando la copa de vino y se la bebió toda de un solo trago. – Ni tu ni tu hermano me lo van a impedir, no quiero ser mala persona y no quiero llegar a ese punto de odiarlos, los dos me tienen harta con su sobreprotección, estoy con ustedes por voluntad propia y no me molesta que me compartan, pero están intentando controlar mi vida y mantenerme prisionera, las cosas no serían tan malas si ustedes no me rechazaran con tanta crueldad. – Ivana quería irse ya. – ¿En qué idioma se te tiene que hablar para que entiendas? – Jace dejo la copa vacía sobre la mesa – ¡Terminaste en coma por un mes, tienes una fea cicatriz en el pecho y sigues de necia creyendo que lo puedes controlar todo cuando no es así! – le dio una palmada a la mesa. – ¿Fea cicatriz? – susurro para sí misma – Perdón por tener una fea cicatriz en mi cuerpo, yo no soy una muñequita a la que puedes poner y mover a tu antojo, yo no soy un mutante que puede regenerar su cuerpo a máxima velocidad, yo tengo voluntad propia, tomo mis propias decisiones y si eso no les gusta, pueden irse al carajo. – se puso en pie para irse. – ¡Ivana! – Antoni le agarro la muñeca – ¿Cuál es tu puto problema con estar aquí? – pregunto sin aflojar su agarre aun cuando ella intento soltarse. – Me estas lastimando. – Antoni se puso en pie. – ¡Estamos intentando protegerte, no tienes nada de que quejarte porque la casa es lo suficientemente grande para que vayas donde se te de la maldita gana, pero no puedes dejarnos después de todo lo que estamos haciendo por ti! – la jaloneo hacia él. – ¡Mi problema son ustedes dos! – lo empujo para poder estar libre – Me están aprisionando en esta casa, no me dejan ver a mis padres, no tengo a Nanava, ustedes se la pasan trabajando y desde que me dieron el alta ninguno de los dos me ha tocado, me rechazan y yo sé que la cicatriz es fea, que posiblemente doy asco, pero no me pueden forzar a estar encerrada y no es justo que traigan a mujeres a restregármelas en la cara... – fijo sus ojos en Jace – ¿Quieres saber por qué más me quiero ir? Porque vi a tu hermano coqueteando con una tipa y ayer vi tus mensajes Jace. – ambos estaban hablando con otras mujeres. – Lo de la cicatriz no lo dije en forma de ofensa y no provoca asco en ninguno de los dos Ivana... – se puso en pie igualmente – Si no te hemos tocado es porque aun estas en tiempo de recuperación y no hace falta volver al hospital, no voy a mentir, me incomoda un poco, pero eso no te hace menos hermosa y las mujeres con las que hablamos no son nada más que hijas de los socios. – quiso acercarse a ella. – Ya hice mis maletas, mañana me voy con mis padres y yo no quiero seguir teniendo una relación con ninguno de los dos. – Ivana se alejó. – Si tanto quieres alejarte de nosotros está bien, pero te llevaras una escolta. – Antoni tuvo que ceder un poco. – ¡NO NECESITO UNA ESCOLTA! – el grito de Ivana se escuchó por toda la casa – Se los pido de favor y en un buen plan, necesito espacio, necesito estar lejos de ustedes y estar segura de lo que voy a hacer de ahora en adelante porque ahora mismo lo único que estoy sintiendo por ustedes es rencor, me han herido muy profundo con sus acciones, su rechazo me ha roto el corazón. – se cubrió con ambas manos los ojos evitando llorar. – ¿Qué tienes que pensar? – cuestiono el mayor – Eres tú misma quien se ha hecho ideas equivocadas en la cabeza, te estamos cuidando y tú lo estas mal interpretando todo. – comenzó a desesperarse. – Que poco te duro el amor eterno y la comprensión. – Jace se sintió ofendido. – No se me acabo el amor y he tenido mucha comprensión con ustedes dos, pero tengo que pensar lo más conveniente para mí, para mis padres, para... – de forma inconsciente llevo las manos a su abdomen – Solo quiero irme por un tiempo y por favor entiendan mi punto de vista, yo me puedo cuidar sola y de verdad que no quiero terminar siendo enemiga de ustedes dos. – se abrazó a sí misma. – Podemos pasar a dormir en la misma habitación si es lo que quieres y... – Antoni guardo silencio al verla negar con la cabeza. – Me voy mañana apenas salga el sol, no quiero seguir aquí y por favor arreglen el problema con su madre, Daniel tiene que volver con ella y como una amiga les digo, si siguen comportándose así lo van a perder todo, tal como lo están comenzando a perder ahorita. – se dio la vuelta para volver adentro. – Si la detenemos nos va a odiar. – comento Jace deteniendo a su hermano. – ¡Hijo de puta! – grito lanzando la mesa lejos con todos los platos sobre ella – Todo iba bien y tenía que llegar ese idiota a nuestras vidas, no fue suficiente con matar a papá. – Antoni se refería a Enzo. Ivana no volteo a pesar de escuchar el escándalo que se hizo con la cristalería rompiéndose contra el suelo, se cubrió la boca ahogando el llanto y corrió para encerrarse en su cuarto, tenía sus maletas listas para irse cuando lo dijo, pero al estar sola en el cuarto no pudo más que desplomarse a llorar maldiciendo una y otra vez al hombre que le arruino la vida, que le destrozo como persona, el hombre por el que ahora no era más que un manojo lastimero de complejos que nunca tuvo y que ahora eran su pan diario, estaba tan enojada con todo lo que estaba sintiendo que de forma inconsciente se dio un par de golpes fuertes en el abdomen. – ¡Tú también tienes la culpa de que todo esto me esté pasando! – le pego con los puños al suelo – ¡Si no estuvieras dentro de mí no estaría tan limitada a hacer las cosas, eres un bastardo no deseado que solo has llegado a joderme la vida y no me importa de quien seas, no te voy a dejar nacer! – le ardió la garganta como si cada una de sus palabras hubiese sido una lija para pulir madera. Los golpes que se dio fueron con bastante fuerza y eso provoco que comenzara a sentir dolor seguido de fuertes arcadas que la hicieron levantarse para ir al baño, lo poco que comió termino regresándolo en el váter aumentando el dolor en su garganta, Ivana sintió llegar a un profundo hueco donde no había nada más que oscuridad aprisionándola y dañando cada fragmento de su alma, no estaba lidiando bien con todo lo que había pasado en tan poco tiempo y necesitaba una ayuda, un salvavidas que la ayudara a mantenerse a flote mientras recuperaba sus fuerzas para continuar y era un dolor más grande que los dos hombres a los que amaba no pudieran ser ese salvavidas que necesitaba.
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