Su figura tiembla, recortada contra la tenue luz que entra desde arriba. No me di cuenta anoche, pero me permite distinguir su silueta en la oscuridad, y puedo mirarla fijamente sin que se dé cuenta. Últimamente lo ha pasado muy mal, y yo solo he empeorado las cosas. Incluso el pueblo ha intentado ponerme al tanto —la advertencia de Mark, los chismes de Gypsy, la negativa de Eckert a darme información— y yo he estado ajeno a todo, demasiado distraído por mi egoísmo. Esta propiedad no es solo un hogar, es un santuario, un símbolo de todo lo que este pueblo fue y de todo lo que puede llegar a ser, y casi lo arruino. Casi la lastimo de esa manera, y eso me obliga a sentir algo por ella. Algo que no quiero admitir que siento. Me levanto y camino hacia la cuna, y la oigo moverse. —¿Qué? —pre

