VEINTISIETE Casa de Ava, San Marcos, USVI 15 de abril de 2012 Esa noche, me mudé con Ava, un proceso que consistió en arrastrar dos maletas, un bolso de mano lleno de artículos de aseo y la bolsa de mi laptop desde la camioneta hasta su sofá. O, mejor dicho, al suelo junto a su sofá. Mis maletas Rimowa en Ultra Violet e Inca Gold estaban en una colorida hilera como soldados custodiando la entrada del salón a la cocina. —¿Estás segura de esto? volví a preguntar. —Podría quedarme sin casa durante meses. —Te hago espacio ahí, —dijo, señalando vagamente hacia su dormitorio. Ahora vi que había un dormitorio más pequeño al lado, uno sin cama. Y con un montón de cajas apiladas al azar en medio de la habitación. —¿Te parece bien? —Mientras tú estés bien, yo estoy bien, —dije, y lo dije en se

