VEINTIOCHO Casa de Ava, San Marcos, USVI 16 de abril de 2012 Al día siguiente, Ava me despertó temprano. Demasiado temprano. Espera, hazlo a tiempo. Vaya, me había olvidado de poner el despertador. Levanté la cabeza de la almohada demasiado plana del sofá. No me había molestado en ponerme una sábana bajera. Me quité la de arriba y bajé las piernas desnudas al suelo, alisando con las manos mi camisón del Fantasma de la Ópera, un tesoro de un antiguo viaje a Nueva York con mi madre. Apenas me dolía la cabeza. Me felicité por la disminución de la ingesta de la noche anterior. Podía hacer esto de la moderación. Ava dijo: “Tenemos más que aprender, muchacha de la isla. Te voy a enseñar cosas que es mejor hacer antes de que el sol esté alto en el cielo. ¡Por Annalise!” Me arrastré hasta el

