Oscar Torres saludó a las personas que, igual que él, con una sonrisa hipócrita trataban de sobrellevar a quienes no les interesaban. Nunca pensó que ese tipo de mercancía llamaría tanto la atención al círculo social de Guasaya y a varios personajes del ámbito público del país, pero como era de esperar esta gente cansada de obtener lo que el dinero podía darle, ahora se dedicaban a la compra-venta de personas, una satisfacción que completaba la degradación de los que le rodeaban. Se movió por la reunión con la copa en la mano, hablando con uno y otro. Cuando pudo escapar al jardín notó la presencia de Santa, que al parecer hablaba con alguien, se aproximó identificando la voz de quien le proporcionó una sonora acachetada a la pelinegra, que la recibió devolviéndole una sonrisa, con disimu

