Maimón era un duque infernal, uno de los demonios que le hace honor a su nombre y cargo en el infierno.
—¿Por qué Maimon quiere a la chica, Astaroth? —Preguntó Dank, no tan sorprendido como yo que aún estaba es shock.
–—Es solo una chica, no tiene nada de especial —intenté tontamente minimizar el talento de Jane.
—Ella ha sido la bruja más talentosa desde Sarah Good en Salem, pero dado que está bajo tu cuidado ningún demonio se ha acercado suficientemente —respondió Astaroth.
No pensé que en el infierno supieran tanto de ella, aunque fui una tonta al no hacerlo, es obvio que terminarían descubriendo a alguien con las capacidades de Jane.
—No lo sé con claridad, pero en la última reunión, Maimón comentó que tenía intención de reclamar su alma —informó Astaroth.
—Un demonio no puede reclamar un alma humana —dijo Rafael con el ceño fruncido.
—Esa regla no corre si el alma no es del todo humana —contradijo Dank y el arcángel a mi lado lo miró con desprecio.
–Basta. Ella es humana. No porque sea bruja deja de ser humana —dije casi gritando. Odiaba que hablaran de ella como si fuese un objeto y no una persona.
—Gabrielle, los grandes brujos no son humanos al cien por ciento. —Dank me respondió y me miró atento con esos ojos oscuros que parecían percatarse de cada movimiento que realizaba.
—Son una clase de híbrido. Puede tener parte hada, demonio o... —añadió Astaroth interrumpiéndose al final como meditando lo que iba a decir.
—Ángel. —Completé en casi un susurro. Pensé en todo el tiempo que había pasado con Jane–. Pero... eso no puede ser posible. Ella no tiene indicios de... nada —terminé frustrada.
—Aun es joven —suspiró Rafael.
—Su cumpleaños diecisiete viene... Pero la edad de maduración de los Nefilim son los dieciocho —dijo Dank de forma pensativa.
—Sólo queda esperar. Si tiene algún grado de sangre demoníaca se verá en unas semanas —susurré mientras pensaba en cómo protegería a Jane.
—Pero si Maimón la quiere, ella no podrá ser reclamada si tiene sangre angelical —dijo Rafael.
Al escuchar lo que dijo Raf recordé el miedo que Dios y Lucifer tenían respecto a un ángel y un demonio teniendo un hijo. Sin embargo este no era el caso, yo conocí a la abuela de Jane y era totalmente humana, y además si no fuera el caso ellos ya habrían tomado cartas en el asunto.
—Los Nefilim ya no existen —dijo con desagrado Dank.
El silencio reinó unos segundos hasta que Astaroth lo rompió.
—Bueno... Un gusto verlos, chicos, pero si me disculpan tengo cosas que hacer allá abajo —señaló al suelo y desapareció.
—Jane nos ayudara pero está en peligro. Genial. —Suspiré y noté los ojos de ambos en mí.
—Gabrielle, me tengo que ir. Por favor, no te desanimes, eres un arcángel, la fortaleza de Dios, un simple duque no te vencerá. —Dijo Rafael y sus alas aparecieron en su espalda.
—Gracias, Raf —susurré con poco entusiasmo.
—Adiós. —Se despidió con un beso en mi frente y también desapareció.
—Y yo pensé que los ángeles tenía modales —bufó Dank a mi lado.
—No los tienen cuando eres un demonio —respondí con media sonrisa.
—Pero tú si los tienes —levantó las cejas e hizo una sonrisa graciosa—. Has pasado mucho tiempo en el mundo humano... O tratando con demonios —dijo como una afirmación.
—Tal vez —murmuré.
—Bien. Vámonos. Este lugar apesta. —Hizo con una mueca de asco y caminó hacia la salida. Lo seguí en silencio, caminamos unas cuantas calles hasta llegar al centro de la ciudad.
—Gabe es la hora de almuerzo, ¿quieres que comamos algo por aquí? —Preguntó y en sus palabras noté una segunda intención.
—¿Para qué? —Pregunté. Era un demonio después de todo, su mejor don era actuar.
—Sé que puedes saber que lo que digo es verdad —dijo mirándome. A lo que yo respondí correspondiendo su mirada—. Es que es vergonzoso admitir que muero de hambre y que cada vez que vengo al mundo humano me encanta comer pizza —dijo mirando el suelo como si allí hubiera algo muy interesante.
No pude contener una pequeña risa.
—Bien, pero antes llamaré a Jane para asegurarme que Alex no está haciendo nada malo con ella.
—No creo que le haga nada. Él... bueno, tiene pasado con ella, ya sabes, —murmuró.
—Lo sé —suspiré y marqué el número de Jane.
—Hola, Gabe —respondió al tercer tono.
—Hola, Jane ¿estás bien? —Pregunté y al otro lado de la línea se escuchó una sonora risa masculina.
—Aun no me he acostado con ella Gabe, pero no prometo nada —escuché la voz de Alex a lo lejos.
—Más te vale —le grité de vuelta y la risa de él se profundizó.
—Estoy bien, Gabe. Aunque me podrías haber dicho que es el demonio de la gula —murmuró con molestia—. No sabía que podía comer tanto.
—Es que tienes que comer. Igual, dile que no se pase que no quiero tener que salir rodando contigo —respondí con gracia.
—Ja ja. Adiós, Gabe. Llega pronto —me cortó.
—Creo que está bien —dijo Dank con una sonrisa de modelo y yo rodé los ojos.
—Vamos por tu pizza entonces —indiqué y él sonrió de oreja a oreja.
Caminamos unas cuadras más en busca del restaurante en el que comíamos con Jane llamado "Lancaster's pizza". A pesar de que la comida italiana no era lo mío, la pizza de ese lugar era magnifica. Nos metimos al restaurante y una vez que cogimos mesa el demonio a mi lado pidió su tan anhelada pizza napolitana, la cual perdió su primer trozo a los segundos de llegar a la mesa.
—Dime, ¿cómo una bruja adolescente y un arcángel se conocieron? —Preguntó con curiosidad, mientras se devoraba otro trozo de pizza.
—Bueno, un día, después de destruir unos cuantos demonios menores aquí en la tierra, uno logró atacarme y romper mi ala, así que caí unos buenos metros. Prácticamente destruí el patio trasero de la abuela de Jane. —Solté una risa al acordarme de la cara de Jade cuando vio su preciado patio—. Ella tenía como unos diez años, pero al verme allí me curó. Era una niña con una inteligencia audaz, además de un gran corazón. Aunque ella se niegue a hablar de sus sentimientos —terminé de contarle encogiéndome de hombros y me animé a tomar un pedazo de pizza.
Al empezar a comer quedé meditativa y me di cuenta de lo que le había contado a Dank. Él era un demonio y sin embargo yo estaba... normal. Le había contado cosas personales e importantes, porque no sentía nada malo, no estaba alerta y no sentía la negatividad irradiar de él como solía suceder con los demás demonios. Su aura era poderosa y su presencia de naturaleza pesada no hacía nada en mí, era como si hablara a otro humano o ángel. Era algo muy extraño.
—Gabe, esto sonará un poco entrometido y si quieres no lo respondas pero, ¿cuánto tiempo llevas viviendo el mundo humano? —Cuando su boca paró de emitir sonido, yo también me lo pregunté. "No lo sé", quise responder. Tenía que comenzar a medir mis palabras.
—Definitivamente soy la que lleva más tiempo en el mundo humano, pero es por mi trabajo. Soy una de los pocos ángeles cazadores. —Evadí la respuesta y él no pareció notarlo o lo disimuló muy bien.
—Claro. No obstante, ¿ese no es el trabajo de Miguel? —Preguntó Dank.
—Digamos que está ocupado. Es el favorito y el que está más cerca de Dios, está encargado de los problemas delicados —respondí. ¿Por qué me sentía tan cómoda hablando con él?
—¿Y tú eres la hija problemática? —Sonrió con cierto brillo en los ojos.
—Así me llama Dios —le devolví la sonrisa—. Según él, está el desorden y el orden, y ambas fuerzas son necesarias para el balance —respondí diciendo las mismas palabras que dijo Dios el día de mi creación.
—La cazadora... —suspiró. Y yo solo ignoré su comentario, no respondí, y lo observé.
Había algo que me hacía sentir incómoda pero cómoda a la vez. El brillo de sus ojos oscuros que hacía que no quisiera apartar la vista de ellos, sus facciones que hacían no querer dejar de observarlo, sus labios que al mirarlos me hacía suspirar, el hoyuelo que se marcaba en su mejilla derecha cuando me dedicaba una sonrisa como ahora... mierda.
Se me cruzó por la cabeza la idea de que estaba teniendo sentimientos humanos, siendo especifica pensé que estaba sintiendo atracción o deseo... pero los ángeles no podían sentir nada de eso. Los que lo hicieron cayeron, como los Grigori que se enamoraron de humanas o el ángel que había escapado.
Narra Jane:
Después de la llamada de Gabe lo único que hacía era escapar deliberadamente de Alex. Así que había limpiado, ordenado y acomodado mis cosas, después de haber comido hasta más no poder por su culpa, pero ahora no quedaba nada por hacer.
Me escurrí hasta la sala de estar y me senté en el sofá beige grande. La sala de Gabe era muy bonita, con mezclas de colores morados, lilas y cremas. Frente al sofá en el que me encontraba había una mesita ratona de color lila con una planta pequeña encima y una alfombra color crema debajo. En un costado había una estantería con algunos libros y velas.
Escuché la puerta detrás de mi abrirse y a Alex.
—Jane no es necesario que escapes, no te haré nada. —Escuché su grave voz y sentí un temblor en mi espalda.
—Después de hacerme comer hasta que mi estómago casi revienta y decirle a mi amiga que no prometías no hacerme nada, creo que si es algo necesario el que escape. —Le dije con cierto sarcasmo y me miró serio con esos ojos verdes penetrantes.
—Puede que sea un demonio, pero no te haré nada malo —sostuvo mi mirada. —Eso lo prometo.
Sin darme cuenta estaba frente a mí, de rodillas y tomando una de mis manos entre las suyas, y luego otra vez, sin darme cuenta y sin ser capaz de decir nada tampoco, llevó mi mano hacía su boca y la beso en la palma. Y eso no era un simple gesto.
En la época oscura, o medieval como es más conocida por los humanos, la magia negra era normal y brujos o brujas convocaban demonios más a menudo. Los demonios luego de aparecerse mordían o besaban una de las manos de quien los había llamado. Si mordía quería decir que el brujo o bruja no era lo suficientemente fuerte y pasaban a consumir su alma para poder destruir las barreras y quedar sueltos, haciendo que los ángeles como Gabe tuvieran que venir a la tierra y devolverlos al infierno o eliminarlos. Y si el demonio besaba tu mano quería decir que tenías su lealtad y dominio sobre él.
Alex me había dado su lealtad y el completo control sobre su ser y su alma.
—Yo no te invoqué, y además, estás en tu forma humana —dije nerviosa por el gesto.
—Forma humana o no, invocadora o no, quiero que sepas que puedes confiar en mí como te lo he demostrado. —Dijo poniéndose de pie con una sonrisa nostálgica, creo.
¿Por qué hacía esto? ¿Por qué me hacía sentir bien? ¿Por qué siento que lo vi antes?
—¿Te conocí antes? —Le pregunté y él se tensó.
—Tal vez —susurró y se sentó a mi lado en el sofá.
—¿No me lo dirás cierto? —Pregunté mirándolo.
Su brazo pasó por detrás de mi espalda, me acercó hasta quedar a centímetros de distancia de mi cara y se acercó incluso más, por lo que cerré los ojos. Sus suaves labios rozaron mi mejilla y luego los sentí cerca de mi oído. Su cercanía me dejaba sentir su aroma a bosque, tormenta y suaves residuos a tabaco de menta.
—No puedo. Aunque te quiera decir todo, no puedo. —Susurró en mi oído causándome unos extraños escalofríos.
—¿Por qué? —Pregunté en un susurro abriendo mis ojos, y el soltó una risa.
—Esa era tu pregunta favorita —evadió mi pregunta—. No la puedo responder, pero si te puedo dar algo para que la respondas tú —sugirió.
Se alejó un poco y me sentí un poco vulnerable ante su lejanía pero no quise hacer, ni decir nada.
—Esto te perteneció —se sacó un anillo simple, plateado, con una rosa azul de adorno en el centro. Estaba colgado en su pecho con una cadena.
—Me es familiar —murmuré.
Lo miré y él estaba tenso como si estuvieran batallando dentro de su cabeza. Sus ojos se encontraron con los míos, luego bajaron a mis labios y luego, casi con dolor miraron hacía el frente.
—¿Estás bien? —Pregunté tratando de calmar los nervios que de pronto aparecieron en mí.
—No, no lo estoy —dijo entre dientes con una mirada feroz.
No entiendo qué le pasó, hace segundos se encontraba bien.
—Quiero que sepas que me resistí mucho —dijo y antes de poder procesarlo mi espalda estaba chocando con los cojines del sillón y Alex estaba sobre mí con sus labios sobre los míos.