Narra Jane:
Eran como las tres de la mañana y alguien tuvo la genial idea de tocar mi puerta como un puto histérico, así que corrí escaleras abajo y abrí la puerta iracunda.
En el umbral estaba Gabe sujeta a un demonio. Podría sentir su naturaleza aunque estuviera a metros de mí. Pero lo importante no era que estuviera con él, sino que ella estaba herida.
—Santa mierda —exclamé sorprendida al ver que su muslo se estaba volviendo n***o alrededor de una cortada.
Reaccioné y cerré la puerta para susurrar un conjuro en la puerta y así ellos pudieran pasar. Al volver a abrirla rápidamente ayudé a Gabe a entrar hasta la sala y la recosté en el sofá grande con sumo cuidado. Ella estaba sudada y apretaba la mandíbula muy fuerte resistiendo el dolor.
—Traeré algo para calmar el dolor —avisé y corrí hacia mi laboratorio.
No sabía muy bien en qué consistía el organismo de un ángel, así que tomé un frasco con plantas calmantes y agua de manantial, mezclé ambas cosas para luego verter el líquido verde claro que se formó en una botella de cristal y correr de nuevo hacia la sala.
Para un humano solo unas gotas alcanzaban, pero a ella le hice tomar un trago completo. Ella se relajó y tiró su cabeza hacia atrás con una mueca de asco.
—¿Mejor? —Musité sonriendo débilmente por la preocupación.
—Mejor. Pero esa mierda sí que es mala. —Respondió mirándome divertida y haciendo una mueca de asco.
Una vez que ella me confirmó que estaba bien, hice un barrido general con mi mirada buscando al chico de cabello n***o, que estaba a unos metros viendo mi librero.
—Demonio, ¿quién eres? —Interrogué con mi tono cortante.
Me miró sorprendido con la mano debajo de la barbilla, y sus ojos negros me eran, de alguna manera, familiares.
—¿Isabella? —Murmuró analizándome de pies a cabeza.
—Te pregunté quién eres, ¿acaso estas sordo? —Solté con tono desafiante y él solo sonrió.
—Un placer conocerte de nuevo. Soy Asmodeo, pero llámame Dank. —Guiñó un ojo extendiéndome la mano.
El chico era bastante guapo. Iba con unas botas militares, vaqueros y camiseta de mangas largas pegada al cuerpo, todo en color n***o, pegaban muy bien con su rostro atractivo y a la vez peligroso. Pero no me simpatizaba para nada que un demonio estuviera en mi casa y sólo le dediqué una mirada molesta.
—En esta vida se llama Jane, —avisó Gabe y no entendía a qué se referían.
—¿De qué hablan? —Pregunté y ellos cruzaron miradas cómplices.
—Isabella era una plebeya francesa que vivió en Bonnefer hace como doscientos años —dijo Gabe sin despegar la mirada de Dank, como si esperara que le transmitiera un mensaje.
—Lo que quiere decir Gabrielle es que Isabella fuiste tú, en tu vida anterior. —Explicó Dank mirándome con cierta diversión evidente.
Abrí los ojos sorprendida y pestañé reiteradas veces mientras digería la información.
—La cagaste —regañó Gabe al demonio.
—Lamento interrumpir, pero necesitamos hablar. —Escuché una voz justo detrás de los sillones. Observé en esa dirección y una niña de como de seis años, con cabello corto y n***o, y ojos cafés me miraba atenta.
—Dios, es la casa de Jane. Por lo menos toca la puerta —dijo Gabe molesta con la cabeza hacia atrás apoyada en una almohada.
Gabe ya me había hablado de Dios. Para una familia como la mía con creencias paganas celtas, él era algo así como Dagda, el Dios creador y guía de los druidas —o chamanes celtas—. Él siempre se personificaba en ese plano como un niño o una niña.
—Lamento mi intromisión, pero es un caso grave el tenemos que tratar. Mis disculpas—Se excusó la niña observándome. En sus ojos se veía cierta curiosidad.
—No pasa nada —me encogí de hombros. Sabía que había temas más importantes, y que escapaban a mi conciencia terrenal.
—Lamento tener que pedirte un pequeño favor más —dijo apenada observando la puerta de reojo.
Miré hacia la puerta extrañada y un hombre, de unos veinte y tantos años, de mandíbula marcada cubierta por una barba, ojos oscuros, tatuajes notorios y vestido de traje, la abrió.
—Que me dejes entrar —sonrió con su clásica vanidad. Esa energía la reconocería en donde fuera. Lucifer.
—Mierda —susurré. No bastaba tan sólo con un demonio y Dios en la casa, también tenía que llegar Lucifer a la fiesta.
—Prometo que no hará nada —insistió la niña. Y casi le creí, hasta que llegó un chico de ojos verdes y cabellos oscuros.
Un escalofrío bailó en mi columna vertebral cuando sus ojos se conectaron con los míos. A él lo conocía de otro lado. Fue imposible no recordar lo que había soñado ayer, donde yo veía a ese demonio, con una sonrisa encantadora meterse dentro de un bosque oscuro y brumoso. Recordarlo era algo ambiguo.
No quise hacer caso a mi pequeño malestar en el estómago al verlo y solo asentí con la cabeza. Lucifer entró y su mueca de asco fue instantánea. Sabía que el aire purificado de la casa le molestaría.
—¿Estás bien, Gabrielle? —Preguntó Dios a Gabe, quien susurró un fugaz sí.
El demonio de ojos vedes, quien había entrado detrás de Lucifer, tomó una hoja y un lápiz de la mesita en donde se encontraba el teléfono y anotó unas cosas. Cuando levanto la vista me miró y caminó en mi dirección, y yo me quedé allí, con los pies pegados al piso y sintiendo cierto nerviosismo.
—Hola, ¿me podrías traer esto? —Dijo ofreciéndome el papel—. Es para curar la herida de Gabrielle —agregó con media sonrisa, la cual se borró al instante cuando miró por más de un minuto mi cara. Su expresión se volvió entre feliz y enojada.
Ignoré como pude su rara expresión y tomé la hoja que me extendía, con cuidado de no tocarlo. Leí con rapidez lo que necesitaba, no era mucho, y me apresuré en ir al sótano.
Narra Gabrielle:
Pude apreciar como Jane se apresuraba en ir hacia su laboratorio y mire mal a Dios. ¿Cómo podía dejar entrar a Luci a la casa mi amiga? Por favor, es la única que tengo y ya la quiere matar.
—Gabrielle no me mires así, sabes que es urgente —dijo la niña mientras yo seguía fulminándola con la mirada.
—Vamos, viejo, no alargues más el tema y dilo de una vez —sugirió Lucifer, quien estaba sentado en un sofá frente al mío—. El ambiente de esta casa me está sofocando —comentó con desagrado.
El aire de la casa de Jane era cuidado por hadas, gnomos y duendes del hogar que lo mantenían puro, y era insoportable para entes malignos. Aunque para mí era refrescante y ligero.
—Gabrielle, ¿tú sabes por qué los ángeles y los demonios no pueden estar juntos? —Preguntó y yo rodé los ojos. Odio las preguntas para niños de cinco años que suele hacer.
—Porque se destruirían el uno al otro. Está en nuestra naturaleza. —Respondí pensando en la historia de Lucifer y Sealtiel la cual había escuchado varias veces desde mi creación.
—Bueno, no es eso. —Susurró Dios desviando la mirada.
Abrí los ojos. —¿Qué más? —pregunté.
—Gabrielle, les guardé esta información a ti y a tus hermanos por su bien —trató de explicarse al escuchar mi tono molesto.
Me sentía confundida y molesta pero sobre todo dolida. Quién iba a pensar que Dios iba a usar una de las clásicas mentiras por omisión.
—Entonces, ¿por qué es? —Solté de mala gana.
Tomó una bocanada de aire.
—Porque la sangre de un demonio envenena a un ángel y viceversa. Eso es lo que le pasa a tu pierna. —Respondió mirándome directo a los ojos, y pude ver arrepentimiento en sus ojos. Por un lado lo comprendía, pero me seguía sintiendo traicionada.
—¿Eso quiere decir que Almadiel sabía eso? —Pregunté algo pérdida. Y la forma en que me miraron los demonios hizo parecer a mi pregunta lo más ridículo del mundo.
—Todos los demonios lo sabemos —respondió serio Dank.
No dije nada y miré al techo. Me sentía mal de nuevo por la herida, pero también necesitaba un pequeño tiempo para pensar y procesar la nueva información.
Pasaron cinco minutos y se me ocurrió otra pregunta.
—¿Los ángeles y los demonios pueden tener hijos? —Miré a Lucifer, quien se mostraba sorprendido. Ninguno respondió, pero por la mirada de confusión de los demonios y la mirada cómplice de Dios y Luci, respondió mis dudas.
—Quieren evitar eso —sonreí victoriosa. Le di al clavo.
—Así es. Los ángeles en su forma humana no pueden tener hijos, ya que, como te habrás percatado, no tienes periodo, lo que hace que automáticamente tu cuerpo sea disfuncional en ese sentido —explicó la niña—. Pero el ángel que se escapó lo hizo en su forma espiritual y eso quiere decir que si puede tener hijos —agregó y entendí el porqué de la misión.
—Y un niño que nace en la tierra, parte ángel y parte demonio, con poder del cielo y del infierno juntos... eso es algo que no conocemos y que puedes destruir este mundo y muchos más. Cosa que me gusta, pero no cuando quedan solo unos cuantos años para que mi descendiente destruya el mundo —sonrió Lucifer.
No creí en las razones de Lucifer, pues no era de organizar nada, y que le preocupara que su descendiente destruyera en mundo era algo que no compraba.
Estaba segura que todo era porque ambos temían que esa criatura fuera más poderosa que ellos dos, por eso querían capturar a quienes escaparon o simplemente matarlos. Jane entró a la sala sacándome de mis pensamientos y me percaté de su incomodidad y también de que, la mirada de Alex, no dejaba de seguir sus movimientos.
¿Qué pasa?, pensé con el ceño fruncido.