Los días pasaban, y cuando Henry salía para ir a la universidad el cachorrito comenzaba ladrar para llamar su atención, y este siempre se quedaba mimándolo con palabras, se quedaba un momento y luego continuaba. Aun no sabía quién era su nuevo vecino. Como iba tomándole cariño al pequeñito decidió ir a una tienda de mascotas para comprarle unas galletitas que le habían recomendado para una r**a pequeña, se veía que el dueño lo tenía bien, entonces quería darle algo bueno, para que el dueño no le dijera nada cuando se enterara, bueno era lo que esperaba. Saliendo de la tienda se dirigía al departamento.
- Estos cachorritos sí que se dan una buena vida!!, Ricas galletitas para mi amiguito, creo que le encantarán. – Decía animado mientras subía por el ascensor.
Mientras iba caminando por el pasillo llega a la puerta del vecino y no siente a su amiguito, siempre lo recibía con unos tiernos ladridos, entonces decide seguir hasta a su departamento.
- Bueno mañana será, capaz y ya estés con tu dueño el malvado. – Dice con desanimo, estaba entusiasmado de darle unas galletitas para saber si eran de su agrado.
Henry se encontraba haciendo algunos trazos para la universidad en su escritorio, deseaba que ya acabara todos estos proyectos, bufaba preguntando por qué su madre decidió que estudiara esta carrera. En un momento un sonido se escucha, era una música entrando por su habitación a través de sus ventanas que unía con la ventana de su vecino.
- Música en vinilo???, aparte de ser un quisquilloso, tener encarcelado al pequeñín, también tiene pésimo gusto en la música??!!,aaiisshh!!!
Lleva sus dedos a su oído intentando disminuir el volumen de la música que estaba llenando su habitación.
- Uno intenta estudiar!!! - Comienza a gritar en dirección a la ventana con intenciones de que la persona del otro lado de la pared lo oyera, pero era imposible.
- Maldita sea!!!, Es mi último año, por favor!!!
Henry se levanta y sale por la puerta para reclamar a su vecino. Toca la puerta, pero nadie responde aparte del cachorrito que se le oye dar unos ladridos a la puerta. Vuelve a tocar tres veces y se oye una voz.
- Que quieres!? – Era primera vez que de alguna manera interactuaba con el nuevo vecino y es una con reclamos.
- Soy el vecino de a lado, podría… ser amable y bajar el volumen de su música??? – Dice de una manera calmada para que no terminaran en pelea, pero no escucha respuestas y vuelve a hablar.
- Vecino, me escucha?? – Pregunta acercándose más a la puerta, hasta que un grito hace que diera un salto con el ceño fruncido.
- Piérdete!!
Henry hace puños frente a la puerta, en verdad estaba molesto, necesitaba acabar con ese plano y el vecino no estaba ayudando para nada.
- Ahhh maldito!!! Tu música es un asco!! Porque no gradúas el volumen solo para ti!!??
No recibe respuestas y se retira furioso entrando a su departamento cerrando la puerta con fuerza.
- Aaahhhssshhh que tipo fastidioso!!! – Caminaba de lado a lado en su sala molesto por la respuesta de esta persona que ni siquiera sabía cómo era su rostro, pero tenía ganas de darle un golpe.
La música continuaba y Henry no le quedo de otra que aguardar a que este se dignara en acabar con ese castigo auditivo.
Al día siguiente Henry despierta con los ojos hinchados, toma unas galletitas, y se lleva la mochila al hombro, dormirse solo unas horas lo dejo más exhausto que un día de educación física en la secundaria.
Habiendo salido de su departamento al pasar frente a la puerta de este vecino poco razonable, comienza a oír los ladridos del único ser que le agradaba de ese lugar.
- Hola pequeñín!!!, me imagino que también a ti no te dejo dormir tu dueño, aquí te traigo unas galletitas espero que te gusten.
Pasa las galletitas por debajo de la puerta y asoma el rostro para oír como el cachorrito mordisqueaba y sonríe.
- Mmmm, ya veo que te gustan, mañana te traeré más, ahora ya me tengo que ir, nos vemos pequeñín!! – Se despide para continuar con su camino.
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En la universidad, Henry iba llegando de manera mecánica, estaba que moría de sueño.
- Ohoooo que son esos ojos!!! Grita Samuel uno de sus amigos que también es su compañero en la universidad.
- Que manía la tuya de gritar!, harás que comenzara a dolerme la cabeza.
- Por qué estas de mal humor? Novia sé que no tienes así que pelea de pareja es imposible… - Bromea haciendo que este lo mirara desafiante.
- Que tonterías dices… ahhh no sabes!, te comente que tengo un nuevo vecino, no? que lo único bueno que tiene es el cachorrito.
- Si, que con eso?? – Dice cruzándose de brazos.
- Ayer se le ocurrió poner su música a todo volumen!!!
- Pero si a ti te gusta la música a todo volumen, que es lo malo?? - Responde Samuel con una gran risa.
- Siii, pero las que él escuchaba eran en vinilos, te imaginas!!!, parecía que tenía a mi abuela pegada a mi habitación, noooo lo peor fue que intente ser amable pidiéndole si podría bajar el volumen y me grita piérdete!!!. – Dice eufórico recordando ese momento.
- Jajajajaja ya me imagino tu cara, habrás estado furioso Jajajajaja, justo como lo estas ahora.
- Tuve que esperar a que se animara a apagarlo y lo hizo a la media noche!!!, estuve toda la noche con un dolor de cabeza esperando!!!
- Pero terminaste el diseño no???
- Mmmmm si aquí lo tengo ???
- Que bueno, pásamela para copiarte. ???
- No sé a quién odio más!!???
El día en la universidad fue agotador ya que Henry sentía sueño en todo momento, haciendo un gran esfuerzo en mantenerse atento a cada explicación.
Cuando fue a su departamento, su amigo canino estaba ansioso como todos los días pero esta vez Henry continuo sus pasos, solo quería ver su cómoda cama a quien extrañaba todo el día fuera.
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Los días iban pasando y Henry todos los días antes de ir a la universidad saludaba a su amigo canino dejándole algunas galletitas, que con gusto lo comía. Solo cuando llegaban los fines de semana quedaba preocupado por no poder mimarlo. Cuando llegaba a visitar a sus padres les hablaba del vecino que aún no vio su rostro y de su cachorrito, que era cosa pequeñita peluda muy tierna, que tampoco sabía el nombre, pensaba que debió pedirle el nombre a Abel el chico que conoció ese día de la mudanza, pero no se le ocurrió en el momento.