Capítulo — Verdades Calladas y Promesas de Amor El día había caído húmedo, con un olor a tierra mojada que aún flotaba en el aire tras la tormenta de la madrugada. En la hacienda, todo parecía en calma, pero el corazón de Julieta estaba lejos de estarlo. Caminaba de un lado a otro en el porche, con los brazos cruzados, hasta que vio acercarse el auto de Olivia. —¡Juli! —exclamó Olivia, apenas bajó—. Vine a ver cómo estabas… y a ver si este hombre tuyo recuperó algo de la memoria perdida. Julieta se rió nerviosa, aunque el gesto no le llegó a los ojos. Entraron juntas a la cocina, y mientras calentaban agua para el mate de Mateo y un té para ellas, Julieta le contó en voz baja: —Fui a ver a Nube. Está bien, pero no puedo decirle a nadie que está en lo de don Eusebio. Te lo cuento a vos

