Brooke le sonrió de esa manera tan tierna que la hizo suspirar. Entrelazó sus manos con la menor y la atrajo a un beso. La chica de ojos verdes sostuvo sus manos unidas sobre la cabeza de la mayor y apretó sus cuerpos entre sí. Melissa soltó una débil risita tratando de alejarla, pero tuvo el efecto contrario. —Faltan ocho minutos —comentó Melissa, después de echarle un vistazo al reloj en su mesita de noche. —Seguro Ly querrá ser la primera en llamarme —bromeó Brooke, recordando lo emocionada que estaba su mejor amiga por su cumpleaños. Melissa entrelazó sus piernas. La planta de su pie se deslizó a través de su pierna en caricias. —Lo siento por mi hija, pero yo seré la primera en felicitarte. Brooke rio y la besó. Sus lenguas se encontraron y gimieron de felicidad. La mano de Melis

