Lo dejó para volver con sus amigos y seguir celebrando. Su corazón latía con fuerza, tanto, que el “boom, boom” de sus latidos los escuchaba en sus oídos más que la música del bar. Apenas podía creer que Gadiel le había confesado su amor a diez años de haberse casado. Sonaba “Bajo la mesa” de Morat con Yatra. —¡Rebeca! -Reaccionó al grito de Luna y suspiró. —Por fin, niña. Estabas en otro planeta. —Se me acaban de declarar y pienso que ha sido demasiado tarde. —Yo voy por más tragos, ¿Vale? -Guillermo se levantó del lado de Luna y las dejó solas para acercarse a la barra. —¿El tipo casado se te declaró? -Rebeca asintió y suspiró. —¿Y la esposa? ¿La va a dejar o algo? Sé que decirte que está mal no servirá de mucho porque sé que lo amas desde hace mucho. —No mencionó a Elisa. Pero

