VI. Acónito.

1110 Words
Nos encontrábamos en el auto de Stiles esperando a que Derek dejara la propiedad, no podíamos arriesgarnos a desenterrar el cuerpo con él dentro de la casa, ¿se lo imaginan? Derek un hombre que por lo que se ve, va al gimnasio toda la semana contra dos adolescentes que con suerte pueden tocarse los zapatos y un hombre lobo que apenas si puede transformarse sin matarnos en el transcurso. Luego de unos diez minutos, Derek salió de la "casa" dirigiéndose a su auto, que debo decirlo, era hermoso y se nota que había costado una gran cantidad de dinero. Y digo, "casa", ya que la construcción estaba prácticamente en ruinas, el incendio la había dejado completamente negra y destrozada. Cuando Derek desapareció de nuestra vista, internándose en el bosque para salir de este hacia la carretera, nosotros salimos del Jeep con palas y linternas para ir hacia donde, supuestamente, se encontraba la otra mitad del cuerpo. — Esperen, hay algo diferente— nos advirtió Scott. — ¿Cómo que diferente?— preguntó Stiles confundido. — No lo sé. — Sólo hagámoslo, no quiero estar aquí cuando vuelva Derek— dije mientras clavaba mi pala en la tierra y Stiles iluminaba. Luego de quince minutos seguíamos cavando, esto sí que iba lento, a este paso Derek ya nos tendrá como animales en su pared. Estaba exhausta y no me importaba demostrarlo con suspiros de agotamiento, Scott seguía como si nada, y claro, ser un hombre lobo tiene sus ventajas. Seguía cavando pausadamente hasta que una mano me agarra de la muñeca, al levantar la mirada vi que era Stiles. — Deja...— dijo sacando la pala de mi mano—. Yo sigo, tu alumbra. — Gracias— le agradecí y salí de hoyo en el que nos encontrábamos con Scott, agarré la linterna que me tendía Stiles y seguí alumbrando como él hacia anteriormente. — Chicos, ¿qué ocurre si Derek regresa?— pregunté con miedo. — Salimos corriendo— contestó Stiles. — ¿Y si nos atrapa? — Tengo un plan para eso. — ¿Estás seguro?, porque tus planes nunca funcionan. — ¿Qué plan?— preguntó Scott. — Cada uno corre para un lado diferente. A quien atrape, ¡que lastima! — Ahí lo tienes— dije refiriéndome a que los planes de Stiles nunca eran buenos. — ¡Espera, espera!— dijo Stiles antes de que Scott siguiera cavando, me acerqué a ellos para ver mejor a qué se refería. Stiles comenzó a desenterrar lo que parecía ser un saco, parece que dentro se encontraba el c*****r. — ¿Era necesario que hiciera mil nudos?— preguntó Stiles, mientras intentábamos desatar la cantidad infinita de nudos que se encontraban en el saco. Pero al terminar de abrirlo... — ¡AAAAAAAAAAAAAAHHH!— gritamos los tres al ver esa imagen horripilante. ¿Qué diablos es eso? — ¡¿Qué diablos es eso?!— ¿Acaso Stiles estaba leyéndome la mente? — Es un lobo— nos explicó Scott. — Si puedo verlo, no somos tontos Scott. — Pensé que habías dicho que oliste sangre humana— le recriminé. — Les dije que había algo diferente— nos aclaró Scott. — Esto no tiene sentido— dijo Stiles. — Debemos irnos de aquí— siguió Scott mientras yo sólo asentía en afirmación. — Si, sólo ayúdenme a cubrir esto. Scott comenzó a cubrir el cuerpo del animal, pero Stiles no ayudaba, levanté la vista para verlo. Se encontraba en shock viendo hacia la nada. — ¿Qué pasa?— le pregunté en susurros, mientras Scott seguía cubriendo el c*****r. — Ves esa flor— dijo señalando una flor violeta, muy hermosa. — Si, ¿qué pasa con ella? — Creo que es acónito. Lo miré sorprendida, era cierto, era acónito. — ¿Y qué es eso?— preguntó Scott deteniendo su acción de enterrar al lobo. — ¿Nunca viste El Hombre Lobo?— preguntamos al mismo tiempo Stiles y yo. — No. — ¿Lon Chaney Jr.?— le pregunté. — ¿Claude Rains?— siguió Stiles—. La película original del hombre lobo—. Estaba igual de sorprendido que yo, esa película sí que era asombrosa. — No, ¿qué pasa?— preguntó Scott. — No estás listo para esto— le dijo Stiles mientras se acercaba a la flor, al arrancarla vimos que tenía una soga atada a las raíces, Stiles comenzó a tirar de ella y un espiral se iba formando alrededor del cuerpo, mientras la soga salía de la tierra. Al terminar de desenrollarla, el cuerpo que una vez fue un lobo, ahora era una mujer. — S-Stiles...— lo llamé. — ¿S-s-si? — Creo que debes llamar a tu padre. [...] Luego de que arrestaran a Derek y Stiles fuera regañado por su padre al hablar con Derek mientras estaba detenido en el auto, nos dirigíamos en el Jeep hacia nuestras casas para descansar de una terrible y horripilante noche, mientras Scott buscaba información sobre el acónito. — En ningún lado habla sobre que el acónito sea usado para entierros— habló Scott. — Sigue buscado— contestó Stiles. — Tal vez sea un ritual, los entierran como lobo— sugerí. — O es una habilidad especial, algo que tengas que aprender— siguió Stiles. — Lo pondré en mi lista de cosas por hacer, justo debajo de "Cómo hacer para jugar esta noche"— dijo Scott. — Tal vez es diferente para mujeres lobo— dijo Stiles siguiendo el tema de los licántropos. — Ya basta— lo retó Scott. — ¿Qué cosa? — Deja de hablar de los hombres lobo, deja de disfrutar tanto esto. — ¿Estás bien?— le pregunté. — ¡No! No lo estoy, estoy lejos de estar bien. — Tendrás que aceptar esto Scott, tarde o temprano— dijo Stiles. — No puedo... — Pero tendrás que hacerlo. — No, no puedo respirar. Scott comenzó a moverse desesperado, se agarraba del techo, la puerta, el asiento. Tenía miedo, no sólo por Scott, sino también por mi y Stiles. — ¡Estaciona!— le grité a Stiles. — ¿Por qué?, ¿qué pasa?— preguntó Stilinski. Scott agarró la mochila de Stiles y al abrirla encontró el acónito. — Stiles, guardaste el acónito. ¡En que estabas pensando!— le recriminé. — ¿Qué se supone que tenía que hacer? — ¡Detén el auto!— dijo Scott con sus ojos amarillos, estaba transformándose. Stiles asustado frenó el auto de inmediato, provocando que mi cabeza se chocara con uno de los asientos. Veía borroso, pero pude escuchar como Stiles bajo del auto y al parecer tiró algo lejos, creo que era su mochila. — Listo, Scott. Ya no tienes porque preocu--. Stiles dejó de hablar. ¿Qué habrá ocurrido? Hice mi mayor esfuerzo para que mi vista volviera a la normalidad. Cuando ocurrió noté que Scott ya no estaba en el vehículo. — ¿Scott...?— pregunté al vacío. — ¡¿Scott?!— gritó esta vez Stiles, pero no ocurrió nada. Ahora sí que estábamos en problemas...
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