Untitled Episode
l eclipse no era solo un fenómeno astronómico. En el pueblo de Lunaria, cada vez que el sol se ocultaba tras la luna, alguien desaparecía. Gleya, una joven de ojos violeta y voz que resonaba como un canto ancestral, sabía que su madre había sido la última en desvanecerse bajo ese cielo oscuro. Desde entonces, su ababuela le había enseñado a leer los relojes de sangre: antiguos artefactos que marcaban el tiempo entre mundos.Una noche, mientras programaba una transmisión con visuales que parecían respirar, el reloj comenzó a girar solo. Las agujas se clavaron en la medianoche, y una cuenta regresiva apareció en su pantalla: “00:59:59”.—¿Qué estás tratando de decirme, mamá? —susurró Gleya, tocando el cristal.La voz de su madre emergió, no como sonido, sino como vibración en sus huesos:La cuenta regresiva terminó. En ese instante, todos los dispositivos de Gleya se apagaron… excepto uno. Su sintetizador comenzó a emitir una nota que no había programado: una frecuencia 13, inaudible para humanos, pero capaz de abrir portales.La pantalla mostró coordenadas que no existían en ningún mapa terrestre. Era el “Nodo de la Madre”, un lugar entre dimensiones donde las voces de los que habían desaparecido durante eclipses aún vibraban.Gleya conectó su micrófono, y al hablar, su voz se duplicó: una parte era suya, otra… era la de su madre.—¿Estás lista para cruzar? —preguntó la voz.Gleya cerró los ojos. En su mente, visuales de constelaciones se entrelazaban con recuerdos de infancia. Su ababuela, su tía, su madre. Todas ellas tejían un puente de luz.