Al atardecer, Charles todavía seguía con eso. — Por favor... no más... ya no puedo... — imploraba clemencia, completamente exhausta. — ¿Por qué, mi querida esposa?, si hoy lo has disfrutado como nunca... jamás te he visto tan dispuesta— susurró en su oído, dándole un mordisquito. — ... No hubo respuesta. — Sí que debiste extrañarme mucho — y continuó embistiéndola por detrás. — ¡Ahhh!... mnh... enserio, cállate— no quería escuchar su voz. A él le dio igual, mordía la bella espalda de su cónyuge, mientras ella trataba de perderse en la fantasía de estar solo con su amado ojiazul, sentía sus piernas entumecidas, ya no tenía fuerza. Ya llevaban mucho tiempo allí, tenía rato que Marine le marcó a Dylan y éste hizo lo que mejor sabía hacer. Charles por fin se detuvo y fastidiado miró su

