Estábamos celebrando nuestro décimo aniversario de casados. Todo lucía perfecto, los invitados llegaron a la hora indicada, los meseros lucían radiantes y mi pareja era el centro de atención, ¿qué más podía pedir? Tocó mi puerta y lo dejé pasar. —¿Estás lista? —me preguntó con sus ojos dorados y radiantes. —Cuando usted guste señor Adams. —Ahora estaría perfecto. Todos nos están esperando. Me extendió la mano y la acepté con placer, arreglé los últimos detalles de mi vestido y nos dirigimos a la sala principal. Todos lucían smoking y un antifaz, tal como les había indicado en la invitación. Unos me saludaron eufóricamente y otros de la mano, esos tenían miedo de mi esposo. No los culpo. Mi pareja dijo las palabras más hermosas que podía haber oído y me invitó a abrir un caja secreta. S

