Todos fuimos citados a la misma hora en el mismo hospital abandonado, pero en diferente áreas. Se suponía que debíamos conseguir un arma y sobrevivir ya que habíamos recibido la orden de aniquilarnos y que solo quedara un sobreviviente. —Supongo que este cuchillo de carnicero me ayudará. Caminé despacio hasta esconderme bajo la mesa, había oído unos pasos y no me sentía preparada para dar mi primer golpe. Los pasos se alejaron y lo mejor que se me ocurrió fue acercarme a la puerta. Vi de reojo que desaparecía en la luz del pasillo, entrecerré mis ojos y con fuerza apunté el cuchillo hacia su cabeza. Solo escuché el sonido de su cuerpo desvaneciéndose sobre el suelo. —Tienes buena puntería —me dijo él. —¿Qué haces aquí? —También recibí la carta de invitación. Que maravilloso juego.

