Llegué a casa luego de un día muy pesado. Las víctimas que nos dieron en la clase no fueron fáciles de quitar el rastro de abuso de sus pieles, y cada una de ellas contaba un final distinto. ¿Quién sería tan capaz de matar a una familia entera? Tenía muchas dudas, y como siempre decía mi pareja, lo desconocido te roba el sueño. Duerme. Nuevas víctimas te esperan mañana. Esas frases me las repetía una y otra vez como un himno. —Cariño, ¿sigues despierta? —dijo mientras salía de la habitación. —Sí, apenas llegué. —Tu trabajo te consume. —Lo sé, pero es lo que nos mantiene con vida. —No te robes todo el crédito —nos reímos. —Mañana me tocará otra ronda de víctimas. —¿Qué tal estuvo la de hoy? —Horrible. —Mañana será peor. Recibí la noticia de tu familia, ¿crees que te toque alguien

