La dejó marcharse, le era injusto intentar detenerla después de lo que había dicho y probablemente sería algo que quería pensar a solas. John esconde algo que ella no debe saber, y él no pretende compartir su propia carga mental con Thiare cuando tiene tanto por lo que luchar.
Su padre tiene problemas en la empresa con la cual trabaja, ha estado teniendo juntas de negocios durante semanas y es probable que pierda su empleo y el único sustento de la familia. Había decidido trabajar en la ferretería para ayudar con los gastos de sus estudios y aligerar la carga de su familia, pero contarle eso a Thiare sería colocarla en la difícil posición de ayudarlo y no permitiría que ella abandone sus metas solo porque él es incapaz de continuar desde donde se encuentra.
Ese día regresó a la ferretería volviendo a perder clases nuevamente, después de todo las cosas estaban tan mal que probablemente debía dejar la carrera a medias y trabajar de tiempo completo para poder sobrevivir. Usualmente observa tutoriales en internet en sus tiempos libres para mejorar su técnica fotográfica, de ese modo no necesitaría de una universidad para poder salir adelante con lo que ama hacer.
—Buenas tardes —se adentra un hombre de tamaño mayor al de John y se acerca hasta la caja de pago donde John se encuentra haciendo el inventario del dinero.
—Buenas tardes señor —le contesta amablemente despegando la mirada del portátil para ser lo más profesional posible al atenderle—. Dígame, ¿En qué le puedo servir?
—Joven —vuelve a decir el sujeto—, me gustaría saber si venden cable de alto voltaje para poder cambiar el cableado de mi hogar.
—Tenemos de la mejor calidad —se levanta del asiento y sale del área de pago indicándole al hombre que le siga por los pasillos hasta llegar a la estantería donde se encuentra dicho rollo de cable—. Es el color rojo —indica el de mayor grosor, perfecto para los voltajes altos y resistente al calor y al agua por lo que es su primera recomendación—, es impermeable y soporta más de mil grados de calor, así como altas cargas de electricidad.
—Me gustaría llevar medio rollo —indica el sujeto luego de tocarlo con ambas manos y comprobar que el cable tiene buen tacto.
—En seguida, facturemos y luego le daré la cantidad de metros correspondiente.
Regresan a la caja de pago, el sujeto canceló el cable con su tarjeta de crédito así que John pudo realizar la factura con éxito y de manera eficiente. El sujeto esperaba mientras John iba en busca de las pinzas para poder cortar el cable, al hacerlo le recordó que era técnicamente parecido al hilo rojo del destino del que tanto se habla. Como si se tratase de una señal que le indica que su relación va mal, no quería darle tantas vueltas a la situación, pero cada segundo imaginaba lo mucho que ella debía estar sufriendo teniendo tantas cosas en mente.
—Aquí está su pedido —se lo entrega en las manos dentro de una bolsa gruesa de color n***o con el logo de la empresa. Luego de agradecerle, el sujeto se da media vuelta para salir en lo que el jefe de John regresa de su otro local y al adentrarse parece traer mala cara.
—¿Has terminado con la facturación de cuentas? —le pregunta con firmeza y sin mucho respeto mientras de reojo observa al cliente que va saliendo del establecimiento. Luego regresa la mirada a John, que se dirigía nuevamente a la caja para completar el trabajo que tenía pendiente.
—Estoy en eso jefe —le contesta de manera normal para no ser pedante ni mucho menos hacerle molestar. Lo que menos quiere es perder el empleo, y su jefe es algo inestable cuando viene con cara de haber pasado por una odisea.
—Deberías apresurarte —su tono es demandante y nada simpático. Luego de asegurarse de que no hubiera clientes se saca un cigarrillo del paquete que lleva en su bolsillo de pecho para colocarlo entre sus labios con evidentes intenciones de encenderlo, incluso si está prohibido dentro del local. John levanta un poco la mirada para observarlo de reojo mientras enciende el cigarrillo, pero al darse cuenta su jefe se le queda observando de manera desagradable como si estuviese mirando a un ser inferior—. Al terminar eso necesito que vayas al almacén y separes los sacos de arena blanca de los amarillos.
—¿Es broma? —aunque le parecía algo grosero preguntarlo de esa manera fue lo primero que se le vino a la mente.
—¿Crees que este trabajo es un juego? —le interroga con molestia luego de aspirar el humo del cigarro.
—No me refería a eso —se retracta. Mantiene una mirada fija con el hombre, pero las cosas tienen pinta de salir peor si suelta palabras erradas—, es que básicamente no hay necesidad de organizar la arena. No es como separar el cemento de otros materiales de construcción.
—Hazlo o puedes irte —le señala la puerta de salida con el pulgar.
—Comprendo —responde de inmediato rindiéndose de tener una conversación que llegará al mismo lugar de mil formas diferentes, pero cada una de una mala manera. El sujeto sin más que decir se vuelve a marchar del local. John sabía que sería un trabajo difícil, considerando que el turno del día solo lo estaba cubriendo él y los otros dos empleados estaban descansando. Apenas llevaba la mitad de las cuentas, y seguramente el almacén tenía más de quinientos sacos de arena por lo que no solo agotaría su mente, sino que su cuerpo podía llegar al límite.
Cuando parecía que no terminaría nunca, por fin consiguió terminar de separar el ultimo saco de arena blanca de la arena amarilla. Se encontraba sin camisa puesto que el calor del almacén era increíblemente violento y apenas se podía disipar con dos viejos ventiladores. Luego de observar su buen trabajo se limpió el sudor del rostro con un pañuelo color verde obscuro, dejándolo completamente empapado. Por suerte el jefe le había dado el permiso de cerrar el local mientras estaba en el almacén o todo se habría complicado de una forma atroz. El almacén queda justo atrás del local, así que al regresar para prepararse y salir nota desde la puerta de salida que afuera en las calles estaba nevando. Todavía noviembre no llevaba muchos números en el calendario y las calles ya se comenzaban a vestir de blanco. Al dejar todo listo para marcharse, lentamente abre la puerta de salida y el frío abraza suavemente su rostro. Las calles parecían estar húmedas por la gélida brisa del día, bajo el manto de las nubes que ocultaban el sol.
—Esto parece demasiado —se dice luego de cerrar con llave el local. Frota rápidamente las palmas de sus manos para entrar en calor y luego de meter las manos en sus bolsillos empieza a caminar rumbo a casa.
Mientras que John podía cubrirse del frío con su abrigo, Thiare se encontraba en casa, sentada frente a su piano eléctrico mientras saborea el exquisito sabor de un té de manzanillas que hizo especialmente bajo la esperanza de que pudiese calmar su estado de ánimo.
“Tal vez debería enviarle un mensaje —se dice luego de observar su celular en el sillón a unos pocos metros de donde ella se encuentra en medio de la sala. Luego niega con la cabeza como si se negara a perder su orgullo y regresa la mirada al piano—. Mejor debería practicar”.
Al tocar cada nota, se sumerge en un mundo totalmente diferente, es como si se tratase de una dimensión alterna a la que solo tiene permitido ir mediante la música. Comenzaba con una melodía que, hacía recordar buenos momentos, calmada y con una tonalidad llena de romance. Pero repentinamente el tono comienza a ser nostálgico, la soledad que le acompaña dentro de la casa se sienta a su lado y las notas que toca en el piano son completamente distintas a la de la partitura como si fuese lo que realmente su corazón deseara expresar. Se siente ahogada, triste, tiene la sensación de llanto en la garganta e intenta soportar no quebrarse. Cierra sus ojos para dejarse llevar más allá y ver hasta donde es capaz de dirigirse con la melodía, pero el sentimiento era tan fuerte que no soportó continuar tocando y simplemente sus dedos dejaron de producir dicho sonido melodioso y afligido.
“No es lo que quiero expresar —vuelve a observar las partituras y simplemente no puede creer que haya sido capaz de ignorar completamente sus buenos sentimientos hacia John. Era una escena complicada para ella, mezclaba su angustia e interponía a John en medio como si quisiera culparlo por todo lo sucedido. Cada uno lidiaba con sus propios problemas y aunque siempre conseguían la manera de superarlo en silencio no dejaban que eso afectara su relación—. Odio esto… —se coloca las manos en la cabeza y la recuesta al piano. Comienza a pensar que él se culpa a sí mismo del que ella tenga en duda marcharse a un país extranjero a estudiar y perseguir su sueño. Cuando su verdadero sueño es estar a su lado, y perseguir sus metas junto a él”.
Mientras Thiare se lamentaba de lo que sucedía John sabía que sus problemas habían tocado fondo, al llegar a casa y encontrar a su padre borracho sentado en el sillón mientras duerme. Era la señal de que había perdido el empleo como se lo venía esperando, parecía que su madre se encontraba en la habitación así que sin hacer ruido se adentró en su recámara, no tenía ganas de cenar o siquiera de pensar en la forma de hacer que Thiare le pueda perdonar. Solo quiere verla avanzar, y la única forma de no involucrarla en sus lamentos es dejándola libre.
Al día siguiente decide encontrarse con ella frente a su casa, por lo que se marcha temprano sin dejar que su madre le pueda ver. El día tenía un color opaco y así seguiría mientras la nieve y la lluvia sigan amenazando durante algunos meses más. Se encontraba abrigado, pero aun así temblaba por dentro como si estuviese desnudo sin nada que cubra su cuerpo.
Esperaba por ella del otro lado de la calle recostado al poste de luz. Al notar que la puerta de la casa de Thiare se abre no lo piensa dos veces en cruzar la calle luego de asegurarse que ningún vehiculo se aproxime. De inmediato ella puede notarlo y se queda en el mismo sitio esperando a que él se acerque lo suficiente.
—Hola… —dice algo tímida. No llevaba ni dos minutos bajo el gélido clima y sus mejillas ya se encontraban rosadas.
—Debemos hablar —salta del saludo al tema que quiere tratar—, y será justo ahora.
—Hay tiempo —a ella le parece que su actitud no es al de alguien que desee disculparse y se imagina lo peor—, podemos hacerlo en el autobús —le sonríe y se cuela de lado derecho a él para comenzar a caminar hasta la parada.
—Quiero que…
—¿Puedo elegir no escuchar? —le interrumpe ella antes de que su corazón se termine de desmoronar—. Creo que sé exactamente lo que vas a decir, y realmente preferiría no escuchar nada en lo absoluto.
—Escuches o no, deberás darme una respuesta —le dice John. Thiare decide voltear a verle, pero al sonreír John siente que su mundo se termina de caer a pedazos.
—Pienso… —se calla unos segundos para que no se note en su voz que tiene ganas de llorar—, pienso que tampoco quieres escuchar nada de mí.
—No sé lo que quiero para mí mismo —explica John. Suena como si se estuviese ahogando por el frío y se le dificultase comunicarse con ella. Cuando en realidad solo está dejándose llevar por su desesperación—, pero sé lo que quiero para ti y eso será lo mejor.
—Sí… —dice con la sonrisa algo apagada y desciende la mirada al suelo—. No sabía que te estuviese haciendo daño. Lo siento.
—Yo.. Thiare.
—¿Vendrás? —alza la vista y le regala una radiante sonrisa, que no concuerda para nada con su mirada y con lo que siente por dentro—. Supongo que… al menos vendrás a mi presentación por última vez.
—Iré —se le parte el alma al escucharla.
—¿Es una promesa? —ella se acerca para tomar sus manos y observarlo a los ojos. John se queda perplejo, se siente patético ante la situación. No encuentra nada que responder hasta que la calidez de las manos de Thiare lo despiertan.
—No sé si valga de alguna forma la promesa de alguien como yo —se desprecia a sí mismo por lo que le está haciendo sin considerarla.
—Es una promesa —afirma ella por él.
—No dije que…
—Lo querías decir —le interrumpe—. Eso era lo que querías decir ¿Verdad?
—Yo…
—Tus ojos no mienten —vuelve a dejarle sin palabras—, sé que podré verte entre el público. Estaré esperando por ti —deja las frías manos de John y se da media vuelta para continuar caminando—. Ha valido la pena cada segundo —susurra, y John logra escucharle.
—¡Soy un fiasco, así que no esperes nada de mí! —exclama luego de que Thiare se aleje unos metros. Ella se detiene, frota sus ojos y al voltear, aunque lleva los ojos enrojecidos posee una gran sonrisa.
—¿Un fiasco? —ríe un poco—. Tal vez seas un idiota… pero jamás pienses que eres un fracasado. Simplemente no estás bien hoy, pero es probable que mañana puedas volver a sonreír.