Sus sentimientos estaban completamente desechos, verla alejarse solitaria le desgarraba el alma, pero solo podía consolarse a ratos pensando en que hacía lo mejor para ella. Desprenderse de alguien a quien había amado por años, para que pueda cumplir su sueño parecía algo más frustrante que satisfactorio, pero de alguna manera se hacía creer a sí mismo que era lo correcto y lo que se debía de hacer.
“No sé si merezca sonreír nuevamente —se dice al recordar las últimas palabras que ella le había ofrecido en respuesta a su afirmación de que era un completo fracaso—. No creo que sea capaz de sentirme así nuevamente”.
Durante unos segundos volteó a ver nuevamente la casa, jamás volvería y solo podía observar como sus recuerdos preferían quedarse en ese lugar a estar junto a él. Se mira las manos y tiembla, pero no es el frío lo que le hace tiritar. Es la sensación de pérdida que lleva consigo, lo único que creía poder mantener funcionando en su vida era el amor de Thiare y ahora incluso eso pasaría a la historia.
Mientras el mundo seguía moviéndose de manera normal y el clima avanzaba a su ritmo, John se sentía en total desacuerdo con todo lo que le rodeaba, de modo que solo podía apreciar el lado malo de las cosas. Era hora de colocarse serio, debía ir a una sesión de fotos en un matrimonio después del medio día mientras que hasta entonces iría a cubrir algunas horas en la ferretería y de ese modo convencer al jefe de que le pudiese dar trabajo de tiempo completo. Sería más complicado que nunca pagar la matrícula de su universidad, considerando que aún debe cursar tres años restantes así que prefería trabajar y seguir aprendiendo por cuenta propia.
—Buenos días —dice al adentrarse en el local. Deja su abrigo en el perchero y luego de saludar a sus dos compañeros de trabajo se dirige a la oficina del jefe—. Con su permiso —dice al entre abrir la puerta y dejarse entrar, acercándose frente al escritorio.
—Verte tan temprano parece una mala señal —se escucha como una broma de mal gusto, pero John decide no hacerle demasiado caso.
—Me gustaría plantearle una situación —aunque no era nada del otro mundo sentía nervios de que su solicitud fuese rechazada. El jefe tiene mala fama de todo, desde ser un completo mandón en el trabajo hasta un avaricioso que solo se interesa por su bien personal.
—Pues habla —añade el hombre al verle tan nervioso—, no tengo todo el puto día.
—Estoy dispuesto a trabajar a tiempo completo a partir de ahora —explica John lo más calmado que puede. Si se hace ver desesperado simplemente su jefe se podría aprovechar, es por eso que intenta parecer algo desinteresado—. Claro está, devengando sueldo completo.
—Así que sabes negociar —el sujeto se ríe de una forma del todo menos amigable—. Pero estoy dispuesto a darte el puesto de tiempo completo como a los demás solo con un aumento del treinta por ciento.
—¿Treinta? —frunce el ceño—. Señor, estaría trabajando tiempo completo, debería ser el cien por ciento del sueldo base.
—O puedes irte a casa y dejarle el puesto a cualquier otro que desee trabajar y aceptar mi generosa oferta —no tiene ninguna expresión de querer cambiar de opinión ni mucho menos de escuchar quejas—. Tú decides, hay muchos hombres y mujeres ahí fuera deseando tener un empleo digno.
—Lo tomo —dice a dientes apretados. Su situación en casa empezaría a decaer, y al menos un treinta por ciento extra de lo que gana actualmente vendría de maravilla, incluso si su jefe solo se aprovecha de su buena voluntad y necesidad—. Empezaré mañana, hoy tengo algunas cosas que hacer luego de almuerzo.
—Como quieras —con el tono de voz le estaba invitando a salir de la oficina de manera indirecta. No salió contento del todo, pero empezaría a tener más responsabilidad y debía aceptar lo que se viniese a como diera lugar. Desde ese momento hasta la hora de almuerzo solo estuvo acomodando y cambiando precio a la mercancía de los estantes. Así el tiempo transcurrió rápidamente y era hora de salir a trabajar por un extra más.
Luego de haber ofrecido sus servicios en internet como loco, de la nada le había llegado una invitación como fotógrafo de una boda en la que debía tomar fotos a cada invitado antes de entrar al lugar de la ceremonia. Inmediatamente de eso lo haría con los novios, y así durante toda la celebración hasta que sus horas de servicio estuviesen completas.
No parecía el matrimonio de personas adineradas, pero sí bien acomodadas. Todo se realizaría en un hotel donde se haría la recepción y se utilizaría la capilla para realizar la unión de los prometidos. John se encontraba a las afueras del hotel con su cámara, y cada que algún invitado se acercaba él les tomaba algunas fotos. No pudo entrar a la ceremonia, pero se le permitiría entrar a la celebración luego de eso para continuar su trabajo. El salón de recepción estaba muy bien adornado, elegante y sencillo para no parecer que se les había olvidado que era un momento especial que jamás se volvería a repetir.
“No tengo casi batería —se dice al revisar la cámara y ver que mínimo tiene media hora de fotos—, debí haber traído la digital, de ese modo podría seguir sin perder tiempo”.
—¿Todo bien? —pregunta la novia al acercársele. Su vestido estaba adornado con brillantina en el escote, llevaba el cabello recogido y bien peinado, así como un maquillaje simple y natural que la hacía ver hermosa resaltando sus ojos color verde.
—Sí —voltea a verla fugazmente y le regala una sonrisa—. Es solo que parece que me he quedado sin batería —regresa a observar la cámara.
—Puedes colocarla a cargar por allá —le señala la barra de las bebidas. Detrás había una regleta de corriente donde se conectaban las cornetas de la música.
—Disculpe si pierdo tiempo —regresa a verla amablemente—, puede descontarlo del pago si desea.
—¿Puedo ver? —se medio acerca a él con la intención de observar las fotografías que ha tomado.
—Oh sí, por supuesto —John busca entre las fotos que había tomado las que consideraba las mejores y las va pasando de una en una mientras la novia observa atentamente.
—Es hermoso —se maravilla al ver como John era capaz de utilizar cosas tan simples como el contraste de la luz de las bombillas y las decoraciones para crear fotos artísticas—. Tienes mucho talento, por lo que cobras creíamos que eras un principiante.
—No es para tanto —se le escapa una sonrisa al ser halagado de esa manera y sigue pasando las fotos de una en una con un intervalo de tiempo suficiente para que la chica pueda observar.
—Deberías ponerla a cargar —dice la novia—, los juegos empezarán pronto y me gustaría algunas fotos divertidas.
—Comprendo —John apaga la cámara y coge su mochila del suelo ya que se encontraba junto a la mesa de comida desde el ángulo perfecto para captar con su cámara todo el alrededor del sitio.
—Ve a divertirte —le dice antes de que él se marche hasta la barra de bebidas—, tal vez así puedas cambiar tu expresión —la chica se daba cuenta de que llevaba el rostro de alguien preocupado.
—Se lo agradezco —sonríe de labios cerrados—, volveré al trabajo lo más pronto posible. La cámara solo necesita menos de media hora para recargarse.
—Correcto, no te preocupes —la chica asiente con la cabeza y regresa con el novio a la mesa donde se encuentra con su familia. John luego de colocar su cámara a cargar se sienta un rato junto a uno de los meseros que tomaba su descanso, ambos charlaban mientras bebían una cerveza y de todo el estrés del día eso era lo único que hacía que John pudiese salir del trance en el que se encontraba hasta que lo oyó. Una melodía tranquila y serena que se tocaba con suavidad. Por unos segundos creyó que era Thiare, pero al voltear y buscar con la mirada se encontró con que era un sujeto que habían contratado para tocar el piano. Se levantó de inmediato del asiento exaltado, pero al regresar en sí mismo apenado volteó hasta donde la cámara se estaba cargando para desconectarla y seguir con el trabajo. Intentaba concentrarse, pero la melodía del piano parecía ser su detonante de nervios y ansiedad así que decidió salir a tomar algo de aire fresco. Observar y fotografiar el cielo desde las afueras del hotel mientras el atardecer se ocultaba entre el manto de la noche parecía ser mucho mejor que estar dentro escuchando el piano. Regresó al cabo de unos minutos cuando la melodía se dejó de escuchar para terminar con las fotos, justo a las siete de la noche terminaba su deber y era hora de recibir su pago en efectivo para marcharse a casa de una buena vez a descansar.
—Lo prometido es deuda —la novia se acerca con un sobre que le entrega, pero el fajo era bastante grueso como para contener solo cuatrocientos dólares que era lo que él había pedido por el servicio—. Espero sea suficiente.
—Parece que me han dado billetes de denominación mínima —se echa a reír a modo de broma, pero al revisar se da cuenta de que el fajo de billetes que ella le había entregado dentro del sobre contenía varios billetes de veinte dólares—. Oiga…
—No creo que quieras negarte.
—Esto es más de lo que pedí —se ríe tímidamente y la observa a los ojos—, no quisiera que…
—Tómalo —añade la chica con una amabilidad considerablemente pegajosa y tierna—, si añades las fotos que le tomaste al cielo podrás llevarte el pago completo.
—Yo… —no quería pensarlo mucho, tal vez era una señal de que las cosas podían mejorar así que decidió aceptar asintiendo con la cabeza y una sonrisa. La chica luego de despedirse regresó adentro del salón de fiestas mientras que John recogía sus cosas para irse. En el momento en que guardaba el dinero en su mochila recuerda que dentro todo este tiempo había tenido escondido el collar que había comprado para Thiare sin haber tenido la oportunidad de entregárselo. Lo apretó fuerte con las manos y parecía que se desmoronaría en pequeños granos como la arena y se iría con el viento de la noche, pero ahí seguía. Podía seguirlo observando con sus ojos y le recordaría todo lo sucedido, al ser incapaz de lanzarlo lejos, regresándolo nuevamente al mismo lugar de donde lo había sacado.
Thiare había estado horas en el conservatorio de música practicando para la presentación, todavía no conseguía la melodía perfecta luego de haber errado con la que había compuesto para John. Ahora debía cambiar todo nuevamente, añadir cosas y quitar algunas cambiando por completo el panorama que observa frente a sus ojos.
—Cada vez que lo intento, las notas no dejan de sonar como se les da la gana —se quejaba de que, aunque lo estuviese intentando lo único que conseguía era que el piano se expresase por sí solo sin que sus sentimientos pudiesen encajar con cada nota—. ¡Maldito piano! —golpea ferozmente las teclas haciendo que se escuche una melodía desentonada.
—¿Problemas? —se escucha la voz de un hombre maduro que se adentra en la sala donde ella practicaba.
—Profesor… —se queda perpleja al observarlo. Es alguien a quien respeta demasiado como músico, por lo que su presencia es algo totalmente increíble ya que no suele interesarse por muchos alumnos.
—Escuché el lamento de las teclas desde el otro salón —se acerca lentamente hasta ella—. Es bueno expresarse con el piano, que sepa cómo nos sentimos. Pero dejarse llevar demasiado solo ocasiona que nuestros sentimientos no fluyan correctamente, dejamos que el piano sea quien decida cómo nos sentimos cuando realmente somos nosotros quienes nos queremos expresar.
—Es complicado —ella regresa la mirada decaída las perfectas teclas del piano.
—Algo me dice que no es lo que quieres tocar —él puede darse cuenta de lo desesperada que ella se encuentra por querer cambiar totalmente la melodía.
—Tocar la pieza que compuse será difícil —dice con voz afligida—. Mis sentimientos no podrían ser los mismos que los de la composición, desafinaría indiscutiblemente.
—Es lo hermoso de la música —ella voltea a verle sorprendida de una respuesta como esa —. El hecho de que puedas mezclar tus sentimientos de esa manera es simplemente hermoso y nada más.
—Creo que esos dos sentimientos no se llevan bien —dice refiriéndose a la felicidad y la tristeza.
—La música no se trata de expresar solo una cosa —luego de sentarse a su lado extiende su mano derecha y toca algunas notas que pueden apreciarse como algo feliz, pero al agregar un ligero cambio de tono todo parece opaco, con un sentimiento de esperanza de que vuelva a retomar el color que tenía antes—. Es mejor ser capaz de expresar todo lo que tenemos dentro, aunque sea una ensalada de frutas se puede apreciar con facilidad cuáles son cada una de ellas. Por lo que, aunque te sientas distante de la melodía puedes mezclar tus sentimientos y crear una sinfonía hermosa en la que pongas todo lo que sientes.
—Siento que no me va bien con ninguna de las dos —había practicado horas y horas y simplemente cometía errores.
—Entonces prueba mezclarlas —se levanta nuevamente del asiento dejando a Thiare sola frente al piano—. No es como que tengas mucho tiempo para pensar en algo más.
—¿Qué pasa si no sale bien? —se voltea a verlo—. Si fallo las notas y hago un desastre.
—Incluso los desastres son considerados arte —prosigue su camino lentamente hasta la salida y Thiare sin más preguntas que decirle solo le agradece. Al mirar nuevamente el piano veía una forma de librarse de toda esa carga emocional que tenía dentro. La única forma de que sus sentimientos pudiesen llegar hasta John, en una dolorosa despedida que perduraría en las partituras de su corazón.