Capítulo 13.

2344 Words
—No es lo que yo siento al verte —contesta Thiare contradiciendo totalmente esa respuesta tan negativa de John—, podría jurar que nos hemos conocido, cuando me ves a los ojos desvías la mirada me he dado cuenta de ello. —Son ideas tuyas —John retira su mano de la cabeza de Thiare y seca sus lágrimas. Al no sentir su tacto, Thiare se levanta y voltea a verlo. —Estabas llorando —afirma ella al ver sus ojos cristalinos—, me mentiste. —Es el sol —afirma él y se coloca de pie—, vamos a otro sitio —comienza a caminar y cuando Thiare se coloca de pie para seguir siente como si su hombro derecho estuviese mojado y al palparse se da cuenta de que es así pero no era sudor, ella estaba segura de que eran las lágrimas de John. Tenía pena de volverle a preguntar era todo muy extraño, pero debía primero resolver el problema que tenía ante sus ojos, ese era el de ser capaz de crear una pieza impecable para su presentación. John la llevó a una heladería al recordar lo mucho que ella adora el helado, era un local donde específicamente se vendían paletas heladas, conos de helado y malteadas entre algunos postres que suelen ofrecer. Al llegar y tomar asiento Thiare se da cuenta de que John de inmediato se da la vuelta para dirigirse hasta la caja de pedidos por lo que le llama antes de que lo haga. —¿Qué no piensas preguntar lo que quiero? —tiene la expresión de una niña pequeña y mimada que solo quiere poder escoger lo que quiere comer. —Helado de vainilla —afirma John, es el favorito de Thiare y ella sin más que decir le permite a John seguir avanzando. “Esto no puede ser normal ¿Verdad? —se pregunta y sigue observándolo de lejos—. Digo, conoce cosas de mí que jamás le he dicho y actúa totalmente extraño en ocasiones como si intentase ocultarme algo importante que no debo saber. Yo… no puedo dejar que mi confusión interfiera con mis ocupaciones, pero me gustaría que él pudiese ser sincero conmigo, si realmente me acosa al menos me gustaría saberlo”. John regresaba con los dos conos de helado, hubo un flashback que rápidamente pasó por su mente al verlo acercarse, como si se tratase de una escena pasada y fue ahí cuando confirmó que estaba sucediendo algo de gran importancia. —Toma —parecía que solo se lo ofrecía de mala gana. —Sé que me acosas —afirma ella al coger el cono de helado sin darle tiempo de que al menos se siente y se ponga cómodo. —Vaya imaginación —toma asiento y comienza a probar el helado sin siquiera cruzar miradas con ella. —No encuentro otra manera para poder explicar que me conozcas tanto como lo haces ahora que no sea esa —estaba segura de que debía ser eso porque explicaciones fuera de este mundo como poderes mentales o de telepatía no estaban en su radar. —Pues para tu información, ser fotógrafo no me hace un fisgón —era una clara referencia a los paparazis. —Ahora que mencionas eso no se me había cruzado por la mente —el helado comienza a derretirse lentamente chorreando su mano izquierda mientras lo sostiene, pero es lo que menos le importa—, hasta fotos mías tendrás —en ese momento John siente como una aspereza en la garganta y desvía la mirada. —No sé de qué hablas —se hace el confundido. —Lo sabía, tu mirada te delata completamente —entre cierra los ojos y lo observa analíticamente—. No diré más nada, pero seguro que alguna magia haces, aunque no suelo creer en cosas extrañas de las que no haya pruebas sólidas. —Mejor comete el helado —se da cuenta de que solo deja que se derrita sin nada más. —Tienes razón —esta vez cambia la expresión al ver que su delicioso helado solo está siendo disfrutado por la mesa—. Está bastante bueno —añade cuando le da una probada. “¿Debería decirle? —se plantea John mientras la observa comer, era más que claro que ella se daba cuenta de todo y probablemente su verdadera misión era hacerla recordar, aunque fuese doloroso—. Podría callar por siempre o eso creo, pero al seguir en contacto con ella es difícil obviar algunas cosas y siempre termino vulnerable ante su mirada. Cuando menos lo espero suelto cualquier frase que ella parece recordar, si es verdad lo que dice es como si recordara episodios de su vida pasada o de su futuro y eventualmente terminaría recordando todo”. —¿Debería pagarte la mitad de todo lo que gastemos hoy? —expone Thiare y saca a John de sus pensamientos. —No hace falta —contesta él luego de morder la galleta del cono puesto que el helado ya tenía residencia en su estómago—, además ¿Cuánto crees que seguiré gastando en ti? No veo señales de que consigas tu inspiración y de seguir así solo me gastaré el salario y tú no serás capaz de encontrar la iluminación espiritual que necesitas. —Dos minutos más en esa montaña rusa y habría encontrado la iluminación espiritual cuando mi alma saliera de mi cuerpo para ir directo al cielo —dice irónicamente. —¿Cómo estás segura de que iras al cielo? —para él no es una pregunta importante por el momento, pero es buena para sacar conversación. —Soy un angelito —pestañea un par de veces mientras coloca una cara tierna. —Claro —hace como si le creyese—. Deberíamos ir a buscar algo que realmente te sirva para una pieza musical. —¿Tienes algo en mente? —dice con la boca llena de la galleta del cono de helado. —Iremos a tu casa, eso de salir a buscar inspiración en la calle no parece ser lo tuyo —además creía que realmente se dejaría el sueldo. —Que aburrido, dos horas tardé maquillándome y me quieres hacer regresar a casa —se desanima al saber que volverá al lugar en el cual sus ideas no fluyen. —Ya veremos qué podemos hacer —se coloca de pie indicándole que ya es la hora de regresar. Ambos vuelven a casa de Thiare, ella coloca el piano eléctrico en la sala mientras que John solo se dedica a preparar café para que no haya excusas como por ejemplo que tenga sueño o que se sienta cansada por el recorrido del día. Nada cambiaba, avanzaba el tiempo y nada cambiaba en la casa de Thiare donde todo se mantenía exactamente igual. —¿Con qué debería comenzar? —se dirige a John. Este voltea y se encoge de hombros. —Realmente tú eres la experta aquí —le indica—, se supone que toques lo que sea mientras le abres tu mente a un nuevo ritmo. Podrías partir del sonido de una canción conocida para ti e ir agregando tu propio estilo. —Oye —le sonríe mientras mueve su mano con el dedo índice extendido—, es una buena idea. Ya sabía que podía contar contigo. —Ni yo mismo sé cómo carajos se me ocurrió esa idea —mueve la cabeza—, pero utilízala si puedes —regresa a la preparación de café. Thiare se acomoda en la silla detrás del teclado eléctrico con unas proporciones de un metro de largo y como treinta y cinco de ancho, con un color gris claro y una pequeña pantallita en medio. Perfecto para sus prácticas, pero no para poder soltar todo su potencial como en un piano normal. Comienza con algunos acordes de una famosa pieza de Beethoven, exactamente Sonata para piano n.° 14 en do sostenido menor, Quasi una fantasía op. 27, n.° 2. John se deleitaba de ver como sus dedos se movían de una forma tan fluida, inmersa en el sonido de las teclas, pero de un momento a otro deja de tocar como si estuviese fatigada de la música. John coge las dos tazas de café y se acerca a ella para ofrecerle una bien cargada y llena de azúcar para una mayor energía. —Ibas bien —le señala, pero ella no parece muy contenta con el resultado. —Siento que solo sirvo para copiar a otros pianistas y eso no es ser un artista como tal, no creo nada nuevo —coge la taza con sus dos manos con cuidado de no derramar nada encima del teclado. —Antes de aprender a correr aprende a caminar —se refiere a que ella debe comenzar aprendiendo de otros y sus errores antes de ser capaz de avanzar con los suyos. —Lo sé —le entiende perfectamente—, es solo que siento que no merecería la oportunidad de estudiar en el extranjero a no ser que sea capaz de crear música con mis propias manos. Algo que provenga de mí, que haga sentir a las personas tal como yo me siento al tocar la melodía. —Aprende a comprender tus sentimientos —John se deja descansar en el sofá justo al lado de ella—, si sabes cómo te sientes ahora exactamente creo que podrás expresar en ese piano lo que percibes de tus sentimientos. —Creo que es el problema, estoy confundida —bebe un sorbo de café y se queda observando las teclas. Intenta averiguar cuál debería presionar primero para que salga una melodía acorde a su confusión. —Entonces espera —John coloca su taza en el suelo—. Si no sabes cómo te sientes no vas a poder crear nada nuevo, tu única opción en este caso sería interpretar la pieza de otro artista hasta que comprendas si lo que sientes es felicidad, dolor, tristeza o una combinación de todos. Y de ese modo podrás escribir tus notas tal como un escritor cuando algo lo inspira o simplemente busca desahogo. —Tienes razón —coloca la taza en el piso y se estira con los brazos encogidos hacia atrás enderezando su espalda. La tensión de permanecer sentada muchas horas al día en la universidad y el auditorio de su academia de música comienzan a pasarle facturas a su columna—. Hasta no saber lo que siento daré por hecho que mi boleto de ida a estudiar en el extranjero será imposible de conseguir. —Eso solo va a deprimirte —le sorprende que sea tan pesimista teniendo justo en su nariz la oportunidad—, no es lo único que puedes hacer para ganar el concurso. Podrías interpretar a alguien más para asegurar unos buenos estudios de música, tiempo de sobra tendrás para escribir piezas propias. —Me gusta mucho Chopin —señala ella, después de todo es su segunda opción de emergencia en dado caso de no poder crear algo innovador—, y realmente no quisiera perder la oportunidad de salir del país en busca de mi verdadero sueño. No me mal intérpretes, amo la universidad y todo el esfuerzo que mis padres colocan en sus trabajos para poder pagarla junto con mis clases de piano, pero si no me esfuerzo ahora por mi sueño cuando todavía no tengo tantas responsabilidades jamás podré saber si soy capaz de ser buena en esto y salir adelante por mi propia cuenta. John la entiende perfectamente no solo por conocerla, él mismo siente que debe perseguir lo que le gusta hasta el final, aunque se despoje de muchas otras cosas de las cuales se tenga que deshacer en el camino para poder avanzar sin a******s hasta lo que puede ser su razón de vivir y ser feliz. —Algo así me pasa con la fotografía —John decide apoyarla mentalmente—, es diferente a lo tuyo porque es una sola pasión sin otra cosa que interfiera, pero de alguna forma conecta con tus sentimientos. Sé que no voy a poder estudiar, pero me gustaría esforzarme en seguir aprendiendo para cumplir mi sueño de ser un gran fotógrafo, aunque deba hacerlo por cuenta propia. Sin tener la presión de que necesito un título universitario para ser exitoso, claro está es una gran ventaja, pero tenerlo no te da el talento necesario para ser bueno en algo —Thiare se sentía tan comprendida que sus preocupaciones flotaban en el aire esperando a desvanecerse—. Mientras no sientas que lo que haces te gusta o que seas bueno en ello serás incapaz de avanzar, usualmente dejamos que la sociedad influencie nuestras elecciones de carrera por miedo a perdernos de una aburrida vida digna de asalariado promedio que debe pagar las facturas todos los meses y quedarse con las justas mientras llegas cansado a casa todos los días luego de largas jornadas laborales que no te aportan nada más que estrés, dolor en la espalda, cuello y un mísero estatus económico que al final del día no te sirve para nada. Tu vació jamás se llenará, y tu vida no tendrá sentido por lo que te vas a hartar de todo lo que haces y terminarás siendo una persona miserable. —¿Has pensado estudiar psicología alguna vez? —parecía que lo decía con sarcasmo, pero en realidad estaba tan inmersa en sus palabras que le era imposible pensar que John solo era un chico apasionado por la fotografía. —Me daría estrés —recoge la taza de café para darle un trago largo, se estaba enfriando. —Eres bueno ayudando a otros —ella le sonríe con ternura, pero John deja de sentir esa necesidad de desviar la mirada cuando su corazón encuentra algo de paz en los ojos de Thiare. Alguien golpeó la puerta desde afuera, el ambiente entre ambos se dejó de avanzar hacia un buen sitio y Thiare se levantó para ir a ver quién llamaba. “¿Qué haces idiota? —se dice a sí mismo. Se coloca las manos en la cabeza y agacha la mirada hasta el suelo—. Se supone que la ayudes a cumplir su sueño, no a enamorarse de ti o tú de ella… otra vez”. —¡Peter! —exclama Thiare de repente con un tono alegre por lo que John se levanta del asiento para aproximarse hasta la puerta donde se topó con ella abrazando a un chico de su misma estatura, apuesto y con un par de maletas que había dejado en el suelo. —¿Un amigo? —interroga John con amabilidad a Thiare sin preocuparse demasiado. —¿Él? —voltea a verlo sonriente y luego regresa la mirada al muchacho—. Peter te presento a John, es un muy buen amigo —lo señala—, y John te presento a Peter, mi novio.
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