—¿Justo ahora? —John no pretendía ser desagradecido ni nada. Pero aceptar esa invitación a cenar parecía ser como acceder a ser su mascota por la forma en la que la mujer se expresaba con él.
—Eres joven —le afirma con un ligero análisis de mirada—, así que seguramente si vas a casa solo terminarás frente al monitor de tu computadora jugando videojuegos.
—No soy amante de los videojuegos —replica John algo molesto de que ella quiera simplemente definir el quien es por su edad—, pero seguro que estaría frente a mi computadora editando algunas fotos que he tomado en la semana.
—Creo que no me he presentado formalmente —extiende su pequeña y delgada mano para que John pueda saludarla—. Soy Paola Ramos.
—Me presentaría —dice luego de darle un suave apretón de manos—, pero mi currículo tiene mi nombre completo y he de decir que seguramente se sabe hasta la dirección de mi residencia.
—Culpable —le guiña el ojo izquierdo confirmando la sospecha de John—. Pero iremos todos a cenar, es a eso a lo que me refería. Suelo comprar comida para los empleados al terminar sesiones importantes como ésta.
—No pensé nada malo —claramente se notaba que sí, pero Paola no lo juzgaba por ello dado que le coqueteaba.
—La camioneta está afuera aparcada frente al edificio —le señala—, ve primero si quieres mientras que yo termino de arreglar las cosas por acá.
John asiente con la cabeza y luego de recoger su mochila se dirige hasta la salida donde justo frente al edificio como Paola lo había indicado se encontraba la camioneta aparcada, lo suficientemente grande como para que todos los empleados de más importancia en la sesión puedan entrar sin problema alguno. Tímidamente se adentró, rechazar la invitación se sentía como ignorar por completo que quería el empleo y eso le dejaría un mal sabor de boca. El tener la oportunidad le decía que podía ser su destino, el que la gerente realmente se plantee darle el puesto de trabajo.
“Debería sentarme atrás —se dice al abordar y con el cuerpo encorvado se dirige hasta los asientos finales donde se deja descansar y recuesta su espalda y cabeza completamente al asiento para sentir la comodidad de unas butacas muy confortables”.
Las personas comenzaron a ingresar, pero estaban tan entretenidos entre ellos mismos conversando que ninguno se percató de John hasta que la camioneta estaba completamente llena y él ya tenía a sus costados a algunas empleadas sentadas y era difícil pasar desapercibido en una situación como esa.
—¿Eres nuevo? —pregunta una joven con un carnet de pasante guindado en el cuello de su blusa.
—No trabajo como tal aquí —afirma con nervios—, estuve en las pruebas de fotografía.
—Seguro que te contratan —dice la otra mujer sentada a su lado izquierdo y John voltea a verla—, no estarías aquí si la jefa no confiase en ti.
—A todo esto —no le parecía buena idea preguntar, pero sus dudas lo estaban consumiendo lentamente—. ¿Cómo es realmente la jefa?
—Soy una perra con todo y ropa —Paola se hace presente en el momento preciso para responder la pregunta de John al ingresar a la camioneta en el asiento delantero habiéndole escuchado incluso entre el bullicio que mantenían los demás empleados. John no tuvo más opción que hacer silencio bajo su vergüenza a pesar de no haber hecho una pregunta personal o fuera de lugar.
—Ya tienes tu respuesta —la empleada se echa a reír y luego continúa hablando con la persona de su otro lado mientras que John saca el móvil para colocarse unos audífonos y escuchar música. De ese modo no tendría que levantar la vista hasta llegar al restaurante.
Paola le observaba de vez en cuando por el retrovisor, se hacía notar entre todos puesto que era el único que hacia silencio sin moverse demasiado. John no tenía mucho tiempo para pensar sobre lo que Thiare estaba haciendo en esos momentos y era lo mejor para él, sabía que viviría en una gran mortificación constante a partir de ahora y al menos intentar disfrutar una sola noche le iba a venir bien para los próximos días de angustia.
—Hemos llegado —les expresa Paola a todos, John observa por la ventana y es confuso. Hay un pequeño restaurante de comida rápida y a su lado un gran edificio de al menos ocho pisos largos.
Empezaron a bajar todos emocionados, John por su parte no sabía ni a dónde debía ir así que sin darse cuenta de que todos entraban al edificio se comenzó a encaminar hasta el pequeño restaurante—. ¿A dónde cree que va? —se dice Paola y camina justo detrás de él lentamente para no hacerse notar. John terminó entrando al local igual que Paola, y al observar a los alrededores y no ver a nadie volteó con rapidez para toparse de frente con la esbelta y fiera mujer.
—Perdón —se quita los audífonos y los mete en la mochila.
—Esos despistes no son buenos —se echa a reír y se nota tan hermosa que cualquier hombre caería rendido a sus pies de solo verla—. Es el edifico de al lado —señala y se da media vuelta seguida de John para regresar al verdadero restaurante—. ¿Creíste que traería a mis empleados a comer en un local así? —le comenta cuando cruzan el lobby del edifico en busca del ascensor para subir al restaurante. Parece ser que por toda la fachada que tiene es un hotel restaurante, lo suficientemente prestigioso como para que las decoraciones sean arte puro y John como fotógrafo y amante de las cosas artísticas se da cuenta de ello al instante.
—Tampoco pensé que sería en un lugar así —se hace entender que jamás ha estado en un lugar que parece más costoso que todas las casas de la calle donde vive.
—Estamos en una gran industria que devenga mucho dinero —ella pulsa el botón del ascensor y las puertas se abren dejando que ambos ingresen y se posicionen el uno al lado del otro—. Para nosotros no existe algo de alto costo, todo debe ser prestigioso o dañaríamos nuestra imagen y el negocio.
—La comida es comida —le bromea John para dejar morir la tensión económica de la situación—, mientras llene tu estómago está bien.
—Todavía no entiendes mucho sobre eso —ella responde sin ser tan dura—, pero si mi jefe te elige me aseguraré de que aprendas todo lo relacionado con la industria —las puertas se abren y le dan un paso visual a los ojos de John para que deleite su escaso paladar visual con el restaurante que parece sacado de una película con vistas exactas desde cualquier ángulo a las afueras del edificio por medio de los grandes ventanales del sitio. Lleno de personas que huelen a dinero y a empleos bien remunerados que les permiten darse el lujo de comer algo más costoso que las compras del mes de una familia promedio de la ciudad.
—Comer aquí me dejaría pobre de por vida —le comenta John y Paola solo se echa a reír un poco—. Esto es algo muy sacado de esas típicas películas de millonarios y empresarios.
—Solo ve a sentarte —le señala la mesa donde los empleados ya se encuentran acomodados y cenando. Parecía que el pedido había sido realizado con anticipación por lo que la espera no sería nada larga.
John se acomodó en uno de los asientos libres de la larga mesa que Paola había reservado y ella se sentó a su lado colocándole más nervioso todavía. Apenas podía comer con tranquilidad sintiendo que Paola le estaba observando, todos los demás estaban en su mundo y no sentían pena alguna para deleitarse con la exquisita comida mientras que John no podía beber agua tranquilamente.
El mejor momento de la noche fue cuando ya era hora de irse, John se planteó esperar que el chofer privado de la empresa les llevase a todos a sus respectivas casas sabiendo que bien podría ser el último. O tomar la opción del transporte público para llegar a casa sin la presión de seguir con la pesada vista de la gerente en sus hombros.
—¿Qué piensas? —ella se posiciona a su lado mientras los demás empleados ingresan en la camioneta.
—Gracias por la cena —no le quedaba más que agradecer puesto que no disfrutó nada con exactitud—, me voy a casa.
—Te llevaremos —indica ella, pero John niega con la cabeza y una amable expresión.
—Deben llevar a muchos, realmente deseo ir a descansar —en gran parte decía la verdad y no se sentía mal de estar mintiendo.
—Pagaré un taxi para ti —se saca de su bolso un billete de la más alta denominación e intenta entregarlo.
—Iré en transporte público —expresa con modestia.
—Eres terco y eso me encanta —vuelve con su expresión seductora—. Bien —se acerca a la camioneta para hablar con el chofer y John siente que todavía debe quedarse. Paola regresa y la camioneta empieza a moverse por lo que John la sigue con la mirada hasta que se pierde de su vista en la primera intersección.
“Esto no me puede estar pasando —cierra los ojos y suspira sabiendo que Paola se encuentra detrás suya”.
—Vamos a pedir un taxi para ambos —levanta su mano para indicarle de la acción a los encargados de la puerta del hotel.
—Yo pensaba que era terco —comenta John al voltearse nuevamente a la misma posición.
—Relájate, creo que piensas demasiado las cosas —uno de los taxis del hotel aparca justo en frente de ambos y Paola se acerca para abrir la puerta trasera indicándole a John que entre.
—Que… amable —le dijo para no utilizar un término que la haga parecer una mujer adulta o un hombre. Ingresa al auto seguido de Paola y ella le da la dirección de su residencia primero antes de la de John.
—¿No va a decirle la mía? —le interroga John con su mirada clavada en Paola.
—Puedes decirle cuando lleguemos a mi departamento —ella se relaja en el asiento y al recostarse se hace evidente que tiene unos perfectos y redondeados senos.
—Seguro —se recuesta también para dejar de preocuparse tanto de la situación.
—Intentaré que el jefe te escoja —le comenta al cabo de dos minutos, a Paola el silencio le parece algo irritante en algunas situaciones.
—Creo que las fotos hablan por sí solas —lo que menos quieres es obtener ayuda externa. Quiere ganarse el puesto de manera muy personal y con su propio esfuerzo de por medio.
—Ya tomé la primera decisión, pero no tengo la palabra final —añade Paola. A solas no tiene un tono de voz para nada igual al que utiliza en el trabajo con esos aires de grandeza y firmeza total.
—No me molestaría si no me aceptan por ser un simple aficionado que no ha podido graduarse —era triste para él saber que probablemente no podría obtener su título y por ende las posibilidades de un mejor empleo que el resto de las personas—. Solo quiero demostrarme a mí mismo que hay cosas que puedo hacer bien sin ser un experto, utilizando como único apoyo un gran esfuerzo.
—Todos necesitamos algo de alguien más —quiere hacerle entender que debe aceptar su ayuda.
—No siempre —su expresión cambia a una más seria y Paola se queda sorprendida de que él pueda tener la mirada de alguien mucho más maduro de lo que aparenta—, a veces solo somos nosotros contra el mundo. Podríamos pensar que necesitaremos ayuda, pero soy de los que prefieren ayudar y no molestar cuando necesito ayuda.
—Eres interesante —dice luego de suspirar—, espero poder seguir trabajando contigo, los modelos estaban realmente impresionados con tu trabajo y quisiera que ellos puedan tener ese contacto tan cercano con el fotógrafo en quienes ponen su confianza e imagen personal.
—Seguro que tu jefe me elige —él voltea a verla para sonreírle—, hiciste mucho con darme la oportunidad. No necesitas hacer más que eso.
Jamás había visto sonreír a nadie de esa manera, no podía despegarle la mirada y sacar de sí misma el deseo que esa sonrisa fuese únicamente suya. Se acercó lentamente hasta tenerlo tan de cerca que sus respiraciones pudiesen ser sentidas por el otro, observa sus labios, pero se rinde al retroceder nuevamente con una expresión de vergüenza tal que le obliga a voltear su mirada hasta la ventanilla.
—Lo siento —indica John, aunque no haya sido su culpa con un tono de voz bajo y menguado.
—No es tu culpa que yo sea de esta forma —ella voltea a verlo nuevamente con los ojos casi cristalinos como si fuese a llorar.
—¿Qué crees que eres? —su inocente pensamiento sobre ella era escaso de respuestas concisas.
—Una zorra.