Capítulo 9.

2102 Words
—Ay no puedes ser —dijo Thiare al verlo nuevamente creyendo que era un acosador. Rápidamente intentó cerrar la puerta, pero John no le iba a permitir hacerlo sin antes hablar con ella. —¡Espera! —sin pensarlo metió la mano entre la hendija restante quedando presionada con la puerta y el marco—. ¡Carajo! —¡Jesucristo! —exclama Thiare con las manos en la boca creyendo que le ha fracturado la mano por completo—. ¿Estás bien? —se acerca a él. John se agacha en el piso y se sostiene la mano que le duele con la otra. —Para nada estoy bien —dice entre quejidos—. ¿Qué demonios pensabas? —¿Que qué pensaba? Pues estaba pensando en mi propia seguridad —se cruza de brazos molesta. Calma un poco su miedo al verlo tan vulnerable y al darse cuenta de que no lleva nada como un arma o un cuchillo. —Lo siento sé que es repentino —se vuelve a colocar de pie y es ahí cuando Thiare puede observar que realmente le ha hecho daño en la mano izquierda. —Está hinchado —le señala avergonzada. —Dime algo que no sepa —le replica luego de observarse la mano. —¿Quieres entrar? —le interroga ella ya sin miedo de que pueda ser algo completamente malo que lo haga—. Puedo colocarte hielo. —Ahora que eres tú quien lo propone tengo bastante miedo de entrar —por la forma en la que lo dice a Thiare le parece que él piensa en ella como un monstruo. —No seas tan llorón —sin querer le toma de la mano para hacer que ingrese a la casa, pero solo consigue lastimarlo aún más. —¡Dios! —se queja nuevamente y ella retira rápidamente su mano—. No creo que sirvas como enfermera. —Pues qué bueno que no lo soy —al terminar ambos de ingresar ella cierra la puerta y antes de indicarle a John que se siente en la sala él ya parecía estar ahí observando todo con una mirada muy distante del mundo real en el que se encontraba—. ¿Estás… bien? —Todo está como lo recuerdo —murmura y ella no alcanza a escuchar. —Eres un rarito —se dirige al refrigerador para colocar hielo en una bolsita. Luego de hacerlo se acerca hasta él y se la entrega—. Con esto disminuirá tu hinchazón, tengo un poco de gel mentolado por si quieres. —No estaría mal —se da pequeños toques con el hielo, pero su dolor le incomoda totalmente. —¿Realmente me conoces? —ambos se observan a los ojos y ella parece volver a tener miedo. “Siento que ella sufre —se dice a sí mismo—. Esos ojos emanan miedo, confusión y realmente no soporto verla así. Si realmente he regresado en el tiempo y ella no me recuerda, tal vez sea mi castigo y no tengo derecho a contarle la verdad. Porque tengo miedo de que después de hacerlo ella me odie”. —¿Estás ahí? —pregunta al verlo tan pensativo. —Ahora que lo pienso tal vez no te conozca —se ríe tímidamente—, seguro me he equivocado, pero te pido perdón si me he portado extraño. —Ya veo… —dice seriamente—. Qué bueno, me estabas asustando —le regala una sonrisa y luego prosigue su camino hasta la habitación en donde de sus cajones de cosas personales extrae el gel mentolado para luego regresar a la sala—. ¿Quieres que lo ponga por ti? —Puedo hacerlo —extiende la mano para que ella le entregue el gel. —Claro —se lo entrega y regresa a la cocina—. ¿Café? —le pregunta al cabo de unos segundos mientras prepara la cafetera. —¿No piensas echarme? —le parece extraño que, aunque ahora es un completo desconocido ella le trate de tan buena forma. —No pareces ser peligroso —le dice sin voltear a verlo mientras coloca los granos en la cafetera—, además alguien lo suficientemente rudo como para ser un ladrón o asesino no estaría a punto de llorar por un pequeño golpecito como el tuyo. —Ya veo —levanta las cejas y deja el gel mentolado en el sofá—. Debería irme, seguramente estarás ocupada —añade luego de observar la mesa grande de la sala y ver que hay documentos de la universidad. —Debes estar bromeando —voltea a verlo y se coloca las dos manos en la cintura tomando una figura un poco más imponente—, coloqué exactamente una cantidad justa de granos de café para ambos. No pienso desperdiciarlo. —Amas el café —vuelve su mirada a ella—, seguramente podrías beberlo todo. —¿Cómo sabes eso? —arruga la frente. —Mejor me quedo —asiente con nervios y se acerca a la cocina. —Jamás he conocido a alguien tan extraño —sigue con la preparación del café mientras que John solo observa como todo está exactamente igual. —Podría decirse que soy único —se recuesta en el desayunador—. A todo esto, ¿Tocas algún instrumento? —se quería asegurar de que ella todavía tocara el piano, pero sin ser tan evidente al hacer la pregunta ya que podría causarle más confusión. —Toco el piano —confirma ella—. ¿Cómo supiste que tocaba algún instrumento? —Pues eres muy cuidadosa con tus manos como si no quisieras lastimarte —y aunque efectivamente era así John de todos modos la conocía bien. —Muy observador —le sirve una taza de café y la coloca en el desayunador para que él pueda tomarla cuando quiera. —Gracias —le sonríe. —¿Estudias? —ella da un sorbo al café de su taza. —Pues, estudiaba fotografía, aunque no puedo… —hace una pequeña pausa al recordar que debe volver a casa—, no puedo seguirme pagando la carrera —suelta una pequeña sonrisa para no dejar tensión. —Debe ser difícil —ella se da cuenta de la suerte que tiene con sus padres y el hecho de ser capaz de estudiar y dedicar tiempo a las cosas que le gustan. —¿Puedo ser tu amigo? —era lo único que se podía permitir John. —Es raro que lo preguntes sin conocerme —ella deja su taza de café en el mesón de la cocina—, pero no creo que seas alguien de quien deba desconfiar. De ser así ya estaría rumbo a un país extranjero en un baúl. —Vaya imaginación la tuya —se ríe y niega con la cabeza—. No es como que no pueda hacerlo luego de que seamos amigos —le dice con intención de que le tema un poco, pero ella solo se le queda viendo con una sonrisa, sonrisa que hace que John desee haberse callado la boca. —Podemos serlo —se refiere a formar una amistad—. Para haberte confundido y haberme seguido de esta manera seguro me confundiste con alguien muy especial, si es un clon mío me gustaría conocer a la chica. —Seguro —asiente con la cabeza y una sonrisa—. Ahora sí, debería irme —señala con el dedo pulgar la puerta de salida. —Entiendo… —añade ella con desanimo total y en ese momento John recuerda lo sola que ella se solía sentir cuando él no podía estar con ella. —¿Puedo venir mañana? —le propone—. Seguro podría mostrarte lugares hermosos que suelo fotografiar, me parece que necesitas algo de distracción —dirige la mirada a la mesa y Thiare le sigue. —Mucha —añade ella. —Vale, vendré mañana siempre y cuando no me dejes la otra mano igual de adolorida —le bromea John y ella vuelve a dirigir la mirada a su mano para darse cuenta de que no se ha colocado el gel y la hinchazón sigue ahí. —Tu mano… —Estaré bien —vuelve a tener una actitud positiva y deja de actuar extraño delante de ella para no hacerla sentir mal o confundida—. Soy John Fischer, por cierto —había recordado que no se presentó formalmente. —Thiare… —dice algo avergonzada por alguna razón—. Aunque creo que lo sabes —es ahí cuando se pregunta lo de que él sepa su nombre y vuelve a tener un poco de temor. —Temprano —se refiere a que estará temprano al día siguiente y ella asiente con la cabeza. John se acerca la puerta de salida seguido por Thiare y sale de la casa sin más dejando que la morada vuelva a tener ese aspecto de soledad que ella tanto odia. Se coge suavemente con la mano derecha la camiseta mientras observa la puerta y tiene ganas de salir a llamarle nuevamente pero simplemente voltea para regresar a la cocina y al observar la taza de café que él había dejado rápidamente se dirige afuera, pero al buscarlo con la mirada no se encontraba. —¿Qué demonios me sucede? —se siente extraña, como si algo le hiciera falta—. ¿Por qué no dejo de sentirme así? John tenía la duda de saber si seguía trabajando en la ferretería, por lo que antes de regresar a casa se dio un pequeño paseo por el local y al ingresar la primera persona que le recibió fue el jefe con un rostro que como siempre desprendía odio, desprecio y superioridad. —Miren quién decide aparecer —agrega un nivel de sarcasmo elevado mientras se acerca lentamente hacia John. —Perdone, mis padres me mantuvieron ocupado —no se le ocurre una mejor mentira por el momento. —Espero verte mañana a tiempo completo —para John eso quería decir que estaba a medio tiempo. —Así será señor —asiente con la cabeza de manera respetuosa, aunque anteriormente había quedado totalmente mal parado con su jefe. —Largo del local —le mueve su mano derecha en señal de que quiere que salga—. Si no viniste a trabajar puedes irte y mañana aquí temprano. —De hecho, renuncio —recuerda que si va trabajar no podrá quedar con Thiare y eso le parece mucho más importante. —Pues no habrá… —No se preocupe —le interrumpe—, adiós. Se sentía mejor que nunca al haber pedido la renuncia, era posible que aun su padre tuviese un buen empleo y no necesitaría trabajar por un mes al menos. Por primera vez en días, podía dirigirse a su casa con la mente fresca, y con el miedo de que todo fuese una ilusión, pero siendo todo tan real como el tacto de sus manos con Thiare era imposible no estar viviendo ese preciso instante, por lo que respiraba profundamente antes de que un nuevo problema cargara con él llevándolo a otro lugar distinto. No podía simplemente decirle a ella lo sucedido, podría causar un gran problema o incluso la posibilidad de que ella le termine odiando, y la mejor decisión fue estar ahí. Simplemente estar ahí para ella, apoyarla, quererla sin involucrarse demasiado en su vida personal y dejándola libre. Haciendo de su buena voluntad por ella también un castigo para él mismo por todo lo que Thiare había pasado, y de esa manera tenía la esperanza de algún día encontrar el perdón. Volvió a casa, no era tarde pero justamente llegó a la hora de la cena por lo que apenas se escuchó el abrir de la puerta su madre le llamó de inmediato a la sala. —Hijo —le sonríe al verlo, se encontraba acomodando los platos sobre la mesa mientras que su padre estaba sentado leyendo un artículo de su trabajo—, has estado fuera todo el día. —Estuve ocupado —le dice John y en vista de que van a cenar se deja reposar el cuerpo en uno de los asientos laterales de la mesa. —¿Ha sido un buen día? —interroga su padre medio alzando la vista para darle un poco de atención. —Sí papá —contesta afectuosamente—. ¿Y el trabajo? —Un poco mal, pero estamos intentando mejorar las inversiones buscando nuevos clientes —regresa nuevamente la mirada al documento y la madre de John se acerca con la comida para colocarla en sus respectivos lugares. Luego de estar lleno y haber hablado un poco con ambos subió hasta su habitación en donde se quedó un rato pensativo mientras observaba el techo de la habitación tendido en la cama. Era extraño, un sentimiento de angustia mezclado con uno de satisfacción por volverla a ver mientras seguía mentalizándose de que ya no podía intentar tener una relación con ella y debía simplemente apoyarla en que pudiese cumplir su sueño, era lo único que deseaba para ella. Cambiaría totalmente la forma en que la ve solo por hacerla feliz, por verla sonreír mientras le tiende la mano hasta que ella pueda continuar caminando sola a su futuro. Dejó que sus oraciones fuesen escuchadas desde la penumbra y la soledad de su habitación, agradeciendo a Dios por la oportunidad que le había dado. Tenía un objetivo en mente y un evidente obstáculo, no permitir que sus emociones interfieran con su idea principal y suprimir su amor por ella hasta que su castigo sea finalizado, hasta que deje de sentir que todo lo que ha hecho hasta ahora haya sido solo para causar su muerte.
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