Extrañamente la mañana iba mejor de lo que él esperaría al despertar. Bajó a desayunar, y luego de eso regresó a su habitación para poder alistarse e ir a buscar a Thiare en su casa. No había nada de temor, podía estar frente a la puerta y aunque sus suspiros se dejaran escuchar podía avanzar al menos un poco.
—Llegas temprano —responde ella al abrir la puerta toda despeinada, llevaba puesta ropa ajustada y diminuta por lo que, aunque la ha visto mil veces John intenta desviar la mirada disimuladamente para no incomodarla—, entra —se da media vuelta y da un gran bostezo para desperezarse mientras va en busca de ropa a su habitación para meterse al baño y cambiarse luego de una ducha con agua fría.
—Parece que no sabes el significado de puntualidad —le comenta John para que entre ambos no haya silencio mientras se sienta en el sofá para ponerse cómodo. Thiare suele tardar demasiado, y ya que está al tanto decide jugar con su teléfono mientras la larga espera termina.
—Eres demasiado quejón —le comenta ella antes de entrar al baño y al levantar la mirada John observa que ella va en ropa interior, una lencería bastante atractiva para ser algo que use por simple gusto.
—Estás… casi desnuda —no aparta la mirada, pero por dentro él siente que la respeta totalmente.
—¡Ay por Dios! —se cubre con las manos e ingresa rápidamente al baño.
—Seguro es una mala maña —alza la voz para que ella le escuche.
—¡Tú solo espera ahí y no te robes nada! —exclama ella al entrar a la regadera.
—¿Quién demonios cree que soy? —se murmura a sí mismo —, ya me dejó entrar de todas formas, lo que menos debe pensar es que soy un ladrón. ¡Procura no tardar demasiado! —le dice y vuelve su mirada al celular.
Ella no le responde, pero se pone en marcha, el agua se desliza suavemente por su cuerpo y el sueño se aleja por completo. La temperatura estaba fría debido al clima, al ya estar despierta decide que lo mejor para enjuagarse el jabón es agua caliente considerando que luego saldría a la calle donde ya empezaba a hacer frío y al menos debía salir con el cuerpo ya tibio. No tardó muchos minutos en la ducha, pero compensó la tardanza a la hora de vestirse y colocarse un poco de maquillaje mientras John desesperado ya por salir se empezaba a impacientar.
—Estoy lista —había trascurrido casi una hora desde la llegada de John y este ya poseía la cara larga del cansancio como si hubiese estado sentado esperando por días—. Exagerado —voltea la mirada al verlo como si estuviese medio muerto por la espera.
—Un poco más y ya estaría viendo autos voladores en la calle —le bromea al levantarse del sofá y caminar hasta la puerta mientras espera que ella apague las luces de la casa.
—Me pegunto a cuáles lugares me llevaría un chico como tú —termina el recorrido al desconectar la televisión plasma de la sala y le sigue a John hasta afuera de la casa para cerrar con llave.
—Por alguna razón siento que tienes una mala visión de mí —frunce el ceño.
—No te conozco muy bien —vuelve a verlo luego de cerrar y John comienza a caminar—, es normal que me haga ideas extrañas —le sigue mientras van andando por la calle hasta la parada de autobús.
—Y supongo que llevas gas pimienta en tu bolsa —de reojo la observa.
—Para tu información no es gas pimienta —dice de manera pretensiosa—, es una navaja de doce centímetros capaz de atravesarte el estómago —John regresa la mirada al camino y alza las cejas con una expresión que demuestra desconfianza.
—Parece que quien debió haber venido armado era yo —se dice en voz alta.
—Sí claro —dijo ella con sarcasmo—, seguro yo podría intentar asaltarte y debes tener mucho cuidado de que una chica mala como yo te despoje de tus pertenencias.
—¿Siempre has sido tan sarcástica? —John para nada la recordaba de ese modo. Solía ser muy juguetona y bromista pero ahora parecía acentuar todo de una forma exagerada.
—No lo sé —se plantea la pregunta, pero desconoce totalmente la respuesta—, probablemente mi madre podría responderte.
—Paso —ella se le queda viendo y John solo ignora su mirada mientras caminan hasta llegar a la parada y suben al autobús que llegó un par de minutos después. No había muchos asientos libres así que John no tuvo más remedio que dejar que ella se sentara mientras él permanecía parado a su lado intentando controlar no arrecostar su m*****o masculino al hombro de Thiare puesto que el autobús iba lleno de personas y era difícil poder mantenerse con la cadera hacia atrás.
—Tu rostro me da miedo —le comenta ella cuando levanta la mirada desde el asiento.
—Pues lamento ser tan feo —le replica John—, ahora no digas tonterías y deja que me concentre o tu hombro podría salir lastimado.
—Vaya ego —se echa a reír a modo de burla total pero el autobús da un pequeño cruce repentino y John acerca su cadera enteramente al hombro de Thiare—. Dios mío…
—Lo siento —se acomoda nuevamente y hace como si nada hubiese sucedido entre ambos. Ella estuvo callada todo el rato del camino restante, pero de reojo John podía notar que se encontraba algo ruborizada.
Terminaron descendiendo en la parada de la zona norte de la ciudad, no muy lejos del centro. Luego de observar a los lados John decidió el camino que debían seguir, pero Thiare no daría más pasos sin saber a dónde se dirigía.
—¿A dónde me llevas? —expresa Thiare y él voltea a verla.
—¿Qué haces tan lejos? —dice John—. Creí que estabas a mi lado.
—No pienso moverme hasta saber a dónde voy —se cruza de brazos con una protesta en proceso.
—Iremos a comer —afirma y vuelve a seguir caminando. Esta vez Thiare se apresura para alcanzarle al dar vuelta en la primera esquina justo a la derecha para encontrarse de frente con un restaurante de comida china.
—¿Es en serio? —no parece muy convencida de que su primera comida del día deba ser en un restaurante a******o.
—No solo venimos a comer —le da un pequeño empujón en la espalda para que se adentre al local—, solo entra y no hagas tantas preguntas.
El sitio estaba limpio y con un inconfundible aroma a incienso de mandarina. Sin duda alguna era un local manejado por personas occidentales, no era como los típicos restaurantes de fusión donde se suele mezclar mucho del estilo americano.
—Es extraño, pero al mismo tiempo me gusta —expresa Thiare al darle un vistazo.
—Iremos a ver al chef —John continúa caminando y luego de saludar dos empleados se dirige hasta la cocina seguido de Thiare, que con mucha intriga ansía ver lo que él le puede ofrecer—. Buen día señor Lao —le extiende la mano al hombre maduro de rasgos indiscutiblemente asiáticos.
—¿Viene a observar? —le pregunta al ver a Thiare.
—¿Ella? —John voltea a verla fugazmente y luego regresa la mirada al chef—. Viene a ver su increíble técnica —el chef le sonríe y Thiare amablemente responde de igual forma. John saca su cámara fotográfica de la mochila que lleva en los hombros mientras el chef se prepara al lavarse las manos y colocarse un par de guantes de cocina para mayor higiene al tratar con la comida.
—Haremos fideos fritos y rollitos de primavera —les dice el chef a ambos.
—¿Preparada para la magia? —le interroga John a Thiare, y aunque parece algo simple a ella le emociona ver la razón de que a alguien que le guste la fotografía vaya a un simple restaurante con la finalidad de mostrarle algo genial.
—Por supuesto —sonríe.
El chef comienza rápidamente a picar loas verduras necesarias de una forma tan perfecta y continua que es casi imposible para Thiare seguirle el ritmo con la mirada, se mueve en la cocina como si fuese algo tan natural de hacer con movimientos simples y ligeros como verter el aceite en la sartén desde una altura considerable o rebanar trozos de carne en juliana de manera tan simétrica como si tuviese una media en las manos. John toma una fotografía de cada acción realizada por el chef, incluso hace algunos malabares con los instrumentos de cocina antes de utilizarlos como si se tratase de un show, pero es simplemente el arte de cocinar. El fuego de la estufa se acrecienta y el olor de las especias y las verduras al entrar en contacto con la carne y el calor del fuego se hacen notar al respirar y llenar tus pulmones con el delicioso aroma.
El chef no solo se mueve en su terreno, sino que lo hace con gracia y elegancia, no se trata de un simple empleo que haces por sobrevivir. Para el chef es su razón de vivir y la pasión que lo mueve día a día, por lo que disfruta de lo que hace mientras alegra el estómago de sus clientes extrayendo de ellos una gran sonrisa de satisfacción.
—Es hermoso —comenta Thiare al ver como el chef ha hecho las presentaciones de la comida en sus platos y para nada parece ser un restaurante de clase baja.
—Hora de comer —añade John al coger dos de los platos para llevarlos hasta las mesas del local seguido de Thiare con el platillo restante que posee los royitos de primavera.
—¿No debes pagar la comida? —le interroga Thiare al llegar hasta la mesa donde John había decidido que se sentarían y colocar el plato que traía sobre ella.
—Es gratis —con su mano derecha coge uno de los royitos para darle una mordida mientras observa las fotos de la cámara.
—¿Puedo ver? —ella se acerca sin esperar que él le confirme, pero sin ningún problema John deja que ella observe las fotos que ha podido tomar—. No puede ser, esto es irreal —se sorprende al ver que sin retoques fotográficos las fotos eran simplemente arte—. ¿Cómo lo haces?
—El chef es un buen modelo, yo solo capto su esencia en el momento preciso y puedo crear la ambientación con los diferentes ángulos de la cocina.
—Pues pienso que también eres un buen fotógrafo —se devuelve hasta donde iba a sentarse y coge un royito de primavera como aperitivo para que su hambre se haga presente.
—Gracias —John le sonríe y guarda de nuevo la cámara en su mochila para sentarse y deslizarse su plato de pasta hasta su lugar en la mesa—. Come, debemos ir a otro sitio después.
—¿Hay más? —medio levanta la vista mientras batalla con los palillos para coger un poco de pasta—. Después de esta presentación realmente creí que era todo, fue simplemente estupendo.
—Es temprano, dudo mucho que debamos regresar cuando hay tantas cosas por ver —a diferencia de Thiare John perfectamente puede comer con los palillos chinos.
—¿A dónde me piensas llevar ahora? —por fin logra coger un poco de pasta para saborearla correctamente.
—¿Quieres ver? —la observa en espera de su respuesta.
Luego de terminar de comer y despedirse del chef, John la llevó no muy lejos del sitio donde se encuentra un increíble paisaje con vista al río que cualquier otro lado de la ciudad envidiaría por no poseer el increíble contraste entre los edificios que alumbran la superficie del agua.
—Realmente conoces lugares increíbles —ella se maravilla de la ubicación y coge su celular para sacar algunas fotos.
—Yo puedo tomarlas por ti —le propone John—, te las envío al correo si quieres.
—¿En serio? —ella le dirige la mirada con una sonrisa—. Estaría genial.
—Lo haré —coge su cámara y apunta al horizonte buscando la mejor imagen posible.
—Te apasiona mucho, es estupendo que puedas dedicarte a lo que te gusta de alguna manera —lo dice por su problema con estudiar solo música y John sabe a lo que se refiere.
—Se pueden hacer varias cosas al mismo tiempo —le comenta para hacerla saber que puede fácilmente dedicarse al arte y a las finanzas—, lo importante es sacar un poco de tiempo para cada cosa y listo.
—Suena tan fácil cuando lo dices así —ella se mete las manos en los bolsillos y luego de suspirar se queda observando el río.
—Miren quien es la llorona ahora —mueve la cabeza con una sonrisa.
—No estoy llorando —ella arruga la frente y se ríe—. Simplemente parece que la vida siempre se tiene que basar en trabajar para vivir y olvidarnos de vivir realmente.
—Tan joven y con problemas de ancianos —aunque parece no tomarla en serio la comprende tanto que le hace mal escucharla hablar de ese modo cuando ella nunca había tenido ese tipo de conversaciones con él—, no dejes que la vida decida por ti. Se supone que debes pelear hasta el final, aunque no llegues a nada, al menos podrías morir… —en ese momento siente nauseas de tan solo mencionar la palabra muerte—, con dignidad —termina la frase para no evidenciar su miedo.
—¿Qué fue ese repentino corte? —parecía ser lo único que le llamó la atención.
—¿En serio solo te fijas en eso? —hace un gesto de desánimo fingido con su rostro—. Y yo que estaba tan inspirado intentando darte consuelo.
—Me siento mejor —ella vuelve a verlo luego de que el horizonte no parezca más importante que él y le sonríe—, definitivamente tus palabras me hacen sentir mejor. Seguro tu novia debe apreciar mucho tus palabras —al instante John cambia su expresión de una forma tan evidente que Thiare sabe que ha dicho algo que no debía—. Perdón tú…
—Regresemos —sonríe a medias y vuelve a guardar su cámara. Sin nada más que decir comienza a caminar, pero Thiare se queda estática en el mismo lugar.
—¡Oye! —exclama ella para llamar su atención y él vuelve su mirada a ella.
—¿Necesitas que te cargue hasta la parada? —le inquiere antes de que ella diga alguna otra cosa.
—¿Podrías ser mi amigo? —pregunta con nervios, se nota completamente por la forma en que lo dice y mueve las manos mientras sus ojos son incapaces de mirar a John fijamente al rostro.
—Puedo —no encuentra mucho más que decirle. La palabra “Amigo” punza fuerte su corazón, pero es la única forma de acercarse a ella y debe aceptar su desgaste emocional hasta verla cumplir su sueño—. Sin duda alguna puedo ser tu amigo.