El celular de Thiare comenzó a vibrar en ese momento cortando a trozos grandes el ambiente sentimental que se creaba en el momento. Para ella no había sido simplemente una propuesta, por la forma en que lo sentía era como si tuviese la necesidad de hacerlo a toda costa, aunque le costase la vida. No se podía dar el lujo de perderlo, aunque ni siquiera lo conociese del todo y ese tipo de sentimiento acarreaba con ella cada vez que lo veía expresarse.
—¡Mierda! —musita al leer el mensaje de su móvil—. Debo ir al conservatorio ahora mismo —se dirige a John.
—Vale, te acompaño —accede amablemente sin colocar situaciones difíciles entre ambos.
Regresa con ella al conservatorio para dejarla justo en la puerta de entrada. Era como la primera vez que la vio, y como si fuese la última vez que la vería por lo que comenzó a recordarla tendida en el asfalto aquel día donde su sonrisa no duró más de cinco segundos al ser atropellada.
—¿No quieres entrar? —le nota dudoso—. Podrías escucharme tocar.
—¿Puede ser otro día? —intenta librarse de manera sutil y amable.
—Seguro estás ocupado —asiente con la cabeza—. Gracias por el paseo, estuvo muy divertido, la próxima vez te llevaré a algún sitio —se despide de él e ingresa a la academia. John da media vuelta y nuevamente el día parece no tener un significado claro, no sabe lo que debería hacer con su tiempo libre aparte de intentar buscar un trabajo o ir a la universidad que sabe que de igual manera terminará abandonando, es por ello que no se ha molestado en darse una pasada. Le llega un mensaje de su madre al móvil, al revisarlo y observar nuevamente la fecha se inventa la teoría de que si no intenta cambiar el rumbo de las cosas al llegar el día de accidente de Thiare lo mismo se podría repetir.
“Es como eso de los viajes en el tiempo y la teoría de las cuerdas —recuerda haber leído un libro referente al tema—, posiblemente se puedan repetir las mismas acciones en el futuro, aunque intentemos cambiarlas en el pasado por lo que debería de ese día estar muy pendiente a ella”.
Por el momento era su menor problema, ya se preocuparía de eso más adelante luego de poder buscar un empleo el cual necesita urgentemente. Solo que esta vez intentaría trabajar de algo que le guste y no solo algo que le genere el sustento económico.
Sin quedarse muy atrás Thiare lidiaba con sus propios problemas, el pensamiento de que su presentación estaba a punto de acercarse y el que su concentración hubiese disminuido desde aquel encuentro con John. No podía observar con claridad lo que quería expresar en el piano al tener en mente tantos pensamientos diferentes mientras intenta dar su mayor esfuerzo por la música.
—No estás haciéndolo bien —el profesor le golpea suavemente la crisma con las partituras.
—Perdone —aleja las manos del piano y deja la melodía todavía más desentendida.
—¿Ha pasado algo? —le preocupa que ella mezcle su vida personal con la música, siendo tan importante que pueda tocar la pieza a la perfección para poder ganarse un lugar en la presentación que estaba por venir.
—Creo que muchas cosas —sus problemas le causan dolor de cabeza.
—La presentación es en pocas semanas, si no te aprendes la pieza no vas a tener oportunidad— los jueces son extremadamente exigentes y el profesor sabe que, aunque Thiare tiene potencial, podría decaer si no organiza bien sus pensamientos. Después de todo compite con personas de todo el país y no es fácil conseguir una beca para estudiar música en el extranjero en las mejores universidades disponibles.
—Lo sé, lo sé —ya estaba harta de escuchar reclamos, pero al ser por su propio bien debe quejarse en silencio.
—Si Mozart no es para ti podrías cambiar por Chopin —se refiere a la pieza musical.
—No sé si las refinadas melodías de Chopin deleiten tanto el oído de los jueces como Mozart —aunque lo podía considerar ya que era su pianista favorito, se le complicaba decidirse al pensar que los jueces podrían preferir algo de Beethoven o Mozart.
—No importa el músico, lo realmente importante es que puedas expresarte exactamente igual sin desviarte de la partitura —el profesor coge la partitura de Thiare y en ella va anotando las partes donde ella suele tener problemas.
—A veces solo quisiera que mis manos se dejaran llevar —para ella regirse exactamente por lo que dice la partitura no es divertido. A veces desea cambiar los acordes y mezclarlos con su propio estilo, pero eso sería como faltarle el respeto a los pianistas que crearon la pieza y no puede tocar algo así en una presentación—, no entiendo cómo voy a ser una pianista reconocida sin poder crear mis propias melodías. Las presentaciones no se deberían solo basar en tocar algo ya escrito, sino en ser innovador y traer algo nuevo.
—Puedes hacerlo —dice el profesor sin darle muchas vueltas mientras cuidadosamente revisa los apuntes que ha hecho en la partitura de Thiare.
—¿A qué se refiere? —ella vuelve a verlo.
—Crea una pieza, tal vez eso sea lo suficientemente impresionante para los jueces —le parecía que no era una mala idea luego de considerar lo que ella había comentado—. Podríamos decir que si tienes la habilidad de tocar a la perfección y también de crear piezas impresionantes vas a ser capaz de ganarte al jurado.
—Suena bien —se lo piensa un poco—. Lo haré —asiente con la cabeza.
—Pero aun debes tener un plan de contingencia —le entrega de vuelta las partituras—. De ese modo si no logras crear una pieza al menos podrás defenderte el día de la presentación.
—¿Debo seguir con Mozart? —su expresión dice a todo pulmón que no tiene ganas de continuar con esa pieza.
—Por amor al señor todopoderoso —se coloca la mano izquierda en la frente mientras mueve la cabeza. Thiare suele agotarle la paciencia constantemente—, utiliza a Chopin. De todos modos, no se hizo famoso por crear malas piezas musicales.
—Eso suena mejor para mí —se alegra de escuchar la aprobación del profesor. Tenía todo lo necesario para practicar con total tranquilidad y alegría puesto que era capaz de hacer lo que le gustaba.
—Solo intenta que sea una buena pieza —se preocupa de que ella haga un desastre, pero muchos artistas han tenido sus comienzos metiendo la pata.
—Así será —coge sus cosas y se dispone a marcharse de regreso a casa.
—Nos veremos mañana para la siguiente clase de solfeo así que no llegues tarde —el profesor recoge sus carpetas y se prepara para salir luego de que Thiare lo haga.
Al estar afuera no puede pensar en nada mejor que ir a comprar un buen café en el local de enfrente. No se imagina una vida sin el dulce amargo aroma y sabor de su bebida predilecta por excelencia. Luego de estar un rato en el local, decide sacar su cuaderno de apuntes e intenta imaginar una sinfonía para poder partir de ese comienzo y crear la pieza que necesita para ganar el concurso, pero, aunque lo piense y lo siga pensando lo único que logra es hacer mil y un poses distintas con sus manos y su rostro mientras obliga a su cerebro a pensar en algo verdaderamente impresionante sin tomar en cuenta su falta de inspiración.
“¿Será el café? —se pregunta a sí misma mientras observa la taza—. Lo dudo —niega con la cabeza—, el café es mi vida entera y dudo que mi problema se relacione con eso. Es falta de inspiración y escasas ganas de tocar el piano, podría intentar volver a casa, pero me sentiré tan sola que seguramente terminaría durmiendo en vez de practicando”.
Se conectó al internet del local un rato para ver videos de presentaciones anteriores que ha habido en su academia y de cierto modo no sentía nada surgiendo de los músicos y las piezas que tocaban eran solo copias de los grandes artistas a nivel mundial y los aplausos que recibían eran tan vacíos. Para nada era lo que ella quería, y la única manera de buscar inspiración sin saber cómo era pidiendo ayuda de alguien que conocía la forma de hacerlo, y esa única persona era John. Parecía el destino, pero fuese lo que fuese ella no iba a desaprovechar la oportunidad de obtener su ayuda.
John se encontraba en una agencia de modelaje, ni él mismo sabe cómo llegó ahí solo por un anuncio, pero la posibilidad de que fuese su boleto a la cima estaba presente y debía convertirse en todo un profesional para conseguir el trabajo.
—¿Buscas el empleo de fotógrafo? —se aparece delante de él una hermosa mujer de esbelta figura, estatura promedio y un rostro fino con facciones hermosamente pronunciadas.
—Me llamo John Fischer, se levanta para estrechar su mano—, vi el anuncio hace unos minutos y decidí pasarme.
—¿Currículo? —le pregunta en vista de que él no parece llevar nada.
—Fue repentino, no me dio tiempo de poder traerlo —explica John y la mujer parece estarle restante puntos mentalmente por eso.
—Pareces joven, ¿De cuál universidad vienes? —si no era prestigiosa se lo iba a tener que pensar mucho.
—Estudio en el MIT, pero no me he graduado —John cree que al menos eso le dará ventaja sobre otros fotógrafos.
—Harás una pequeña sesión de prueba y te llamaremos —le señala el lugar al que debe ir y John simplemente se aproxima.
Al entrar el ambiente de profesionalismo se hace notar no solo por la cantidad de modelos, sino por todo el escenario que sería utilizado, así como las cámaras de última generación y todas las luces que apuntan al centro para obtener la mejor iluminación que necesitan las modelos para destacar.
—Harás una sesión de tres fotos con cada chica —había al menos veinte—, y luego de eso podrás ir a casa, revisaremos tu trabajo y si nos gusta te llamaremos.
—Estoy listo —dice sin más y se dirige a donde están las cámaras para escoger alguna que le sirva para el trabajo, considerando que solo eran tomas de las modelos en traje de baño no iba a ser necesario demostrar demasiado ya que no modelaban ropa para ventas.
Luego de dar su mayor esfuerzo en la sesión dejó que por fin su cansado cuerpo descansara en casa, donde se dio cuenta de que había recibido algunos mensajes de Thiare pidiéndole ayuda para buscar inspiración. Era extraño, pero no podía negarse ni retractarse de sus propias palabras, ayudarla en todo sin importar lo que suceda con él. Le escribió que lo haría, que le avisara cuando estuviese desocupada y él iría a verla con algunas ideas que le podrían venir de maravilla.
Al conocerla tan bien sabía con exactitud lo que necesitaba en momentos como ese donde sus ideas dejan de fluir, no dejaría que pequeñeces como esas interrumpieran su talento para tocar el piano.
El sol empezaba a salir, se podía notar desde la ventana donde por una pequeña hendija entre la cortina se dejaba observar una fina línea de luz que se había tomado la libertad de entrar a su habitación. Había demasiado ruido en el piso de abajo como si sus padres estuviesen hablando con diez personas por lo que se acercó a la puerta de su habitación aun soñoliento con la finalidad de escuchar fuera y averiguar si valía la pena despertarse e ir a saludar o simplemente quedarse dormido.
“¿Thiare? —reconoció la voz de inmediato y en seguida bajó las escaleras para dirigirse hasta la sala donde confirmó sus sospechas”.
—Buen día bello durmiente —le recibe Thiare con algo de sarcasmo mientras toma el café con los padres de John cómodamente con su trasero en el sillón favorito de su padre.
—¿Cómo demonios encontraste mi casa? —se comenzaba a hacer ideas de que ella podía estar recordando algo y eso le causaba temor.
—Google maps —se saca el móvil del bolsillo y le muestra.
—Ya veo —respira profundamente.
—¿Cuándo pensabas decirnos? —se integra su madre en la conversación.
—Mamá no empieces —se rasca la cabeza.
—Es una jovencita muy hermosa —Thiare se sonroja un poco.
—No es para tanto —le comenta Thiare.
—Como sea, ¿Tú por qué viniste? —regresa a ver a Thiare.
—Dijiste que me ayudarías a buscar inspiración para mi nueva pieza musical —le recuerda.
—Y te dije que me avisaras con tiempo, no que vinieses cuando te diera la gana —al tener sueño su personalidad es gruñona y bastante fría.
—Ya estoy aquí, no hay vuelta atrás —ella le expresa indirectamente que no hay lugar para quejas solo para acciones.
—¿También estudias música? —pregunta el padre de John. Thiare les había dicho antes que estudiaba administración financiera en el MIT.
—Exactamente —contesta con una sonrisa—, se podría decir que a la par con mi carrera actual, pero por ahora solo es un pasatiempo que he tenido desde niña.
—La música es estupenda para el alma —expresa el padre de John impresionado de Thiare—, traerá tranquilidad a tu vida.
—Por ahora trae solo estrés —se ríe tímidamente—, pero amo poder hacer lo que hago.
—John aparte de estudiar suele tener el pasatiempo de ir por la calle sacando fotografías, aunque ya es algo que parte de su carrera como tal.
—Creía que ya no te podías pagar la carrera —comenta Thiare y John quien no parecía querer integrarse en la conversación terminó embarrado totalmente.
—Mamá —dice con un poco de desesperación—. ¿Por qué no le muestras a nuestra invitada el increíble jardín de rosas que hay en el patio trasero?
—Muy buena idea —su madre prácticamente se olvida de las palabras de Thiare.
—Bajaré luego de alistarme, y tú —señala a Thiare—, pórtate bien.
“¿De verdad me está regañando? —piensa ella en ese momento”—. Oye John —le llama ella antes de que él se pierda de su vista en las escaleras y este solo voltea a verla sin decir nada—. Gracias —se queda ahí, sonriéndole sin saber que esa sonrisa es el arma más mortal que ella puede utilizar en su contra. John debe hacerse la idea de que no es nada especial, de que solo es el agradecimiento de una amiga, pero al mirarla y darse cuenta de lo perfecta que es más lamentos recaen sobre sus hombros al saber que una vez fue la causa de que ese brillo se atenuara.
“No soy quién para responder a esa sonrisa —se dice a sí mismo y continúa subiendo las escaleras ignorando por completo a Thiare—. Lo siento… pero no merezco ser el motivo de esa sonrisa”.