Nataniel estaba colocándole la firma a los documentos cuando uno de los guardias de la mansión le llamó para informarle que su esposa ha salido y les ha pedido que no la acompañen. —Supongo que no le han hecho caso y siempre se ha ido alguno de ustedes con ella, ¿verdad? —Lo lamento jefe, pero no es así. —¡Imbéciles! Les estoy pagando un sueldo para que protejan a mi familia, es a mi esposa a la que han dejado salir sola y ella debe estar en peligro. —Perdone jefe, yo soy nuevo de trabajar para ustedes, apenas he empezado hoy y no me imaginé que ella corre peligro. Además, la señora no se fue sola, su hermana la acompañaba. —¿Su hermana? ¡Ah, por Dios! Eso es mucho más grave todavía, su familia son sus enemigos declarados. Te exijo que rastrees ahora mismo su teléfono y la traigas de

