—Hana, deberías ir a la habitación. —Adrien dijo. Hana aún cruzaba por ratos difíciles, pensamientos y nuevas revelaciones; temía que si veía a uno de sus amigas morir frente a sus ojos, se terminarían por reabrir las pequeñas heridas que con tanto esfuerzo apenas había logrado cerrar y que las cicatrices que comenzaban a borrarse volvieran a aparecer. —No. —contestó Hana con firmeza. —Si seguimos esperando al médico, Camila va a morir, al igual que el cachorro. —No sabemos qué hacer, mi señora. —esta vez, la sirvienta fue quien habló. Tardó un poco en captar que aquella respuesta fue para ella debido a la respetuosa manera de referirse a su presencia. Ahora era una autoridad allí dentro y para toda la manada, ascendiendo al papel de la Omega de la manada, la Luna de EmberWood. No lograr

