Hana quiso refutar, preguntarle por qué eligió ese justo momento para continuar con la sesión de besos que había sido interrumpida y por qué no esperó a que llegaran a su hogar. Sin embargo, terminó olvidándolo al fundirse en cada beso proporcionado, desde los simples roces, lentos y suaves, hasta los profundos, salvajes y apasionados. Sus bocas se separaron con un chasquido después de un tiempo. No podía desechar la oportunidad, sabía que Adrien estaba dispuesto a saborear sus labios hasta que llegara el momento de hacer una pausa corta para estirar las piernas y descansar. —¿Por qué me obligaste a vestirme con este suéter? —cuestionó durante el breve descanso que le otorgó a sus labios, ahora húmedos y rojizos por los besos recibidos. —¿Qué me estás ocultando? —Nada extraño. —respondi

