Capítulo: La Locura de Francisco Paula vivía en un estado constante de alerta. No era solo miedo. Era una vigilancia interna que no se apagaba nunca. Como si su cuerpo ya no supiera descansar. Como si sus nervios estuvieran tensados desde adentro por una mano invisible. Cada sonido en la mansión, cada sombra que cruzaba los pasillos, cada palabra de Francisco podía ser el detonante de algo peor. No sabía cuándo explotaría. Pero lo haría. Siempre lo hacía. Desde que Montessoro la había traído de vuelta, Francisco se había vuelto aún más impredecible. Su adicción estaba fuera de control, y esa falta de límites se notaba en todo: en su forma de caminar, en el brillo enfermo de sus ojos, en los cambios bruscos de humor, en las risas repentinas que no venían de la alegría sino de una eufo

