Capitulo 3: Plan improvisado

693 Words
Capitulo 3: Plan improvisado Me devolví al avión a buscarle la chaqueta y la camisa a Cristian, es decir pensé que no iba a haber problemas... pero estaba muy equivocada, porque una vez que sales de la zona de abordaje es muy difícil que te dejen entrar si no tomarás un vuelo. Me mandaron a reclamar a la aerolínea, fui hasta allá con el corazón en la boca, supuestamente revisaron el avión y de hecho ya lo estaban limpiando, sin rastro del chaleco ni de la costosísima camisa. Maldita sea. Solté un suspiro sin poder creer la burrada que hice al dejar eso en un completo descuido. ¿Ahora qué iba a hacer? Piensa, piensa... No se me ocurría nada más que Cristian iba a estar enfadadísimo y no iba a devolverme el collar que más que costo tenía un gran valor sentimental para mí. —Ay mierda —dije a la nada haciendo una pataleta en mi lugar, ¿como se me pudo quedar la puta chaqueta en el avión? Basta, tenía que calmarme. Tenía dos opciones o me iba y no volvía a aparecer perdiendo el collar, o le hacia frente y recuperaba el collar. Suspiré frustrada ¿qué opción era la correcta? Mordí mis labios, bueno, parada a mitad del aeropuerto no iba a encontrar una solución y sinceramente ya estaba muy cansada. Tomé un taxi a mi casa, solo necesitaba dejar mi maleta y darme al menos una ducha para espabilarme del sueño. —Hola amor —le dije a mi novio Henry al verlo en el sofá cuando llegué a mi casa y por fin entré. Arrugué la nariz cuando el olor a fritura me atosigó la nariz; toda la casa olía a fritura. —Hola, ¿estás bien? —dijo Henry sin despegar la mirada del televisor mientras movía sus dedos sobre el control de juegos, su lengua levemente afuera en concentración, el sonido muy alto. —Si. —me limité a decir y él continuó mirando la pantalla de la televisión. Ni si quiera un “que tal el viaje”, o al menos que pareciera alegre o interesado en que hubiera llegado después de que me había ido un por mes entero. Me quité la chaqueta y la coloqué en el perchero. —¿Me extrañaste? —le pregunté. Él como casi siempre se volvió a encerrar en su mundo de videojuegos y no me respondió, claro que él nunca estuvo de acuerdo en ese curso al que fui, tal vez por eso seguía molesto. Puto. Algunas veces realmente no lo soportaba, en especial cuando él tenía esas actitudes que a veces eran tan malas que ya ni siquiera me dolían, me acostumbré a que la relación muriera a falta de pequeños detalles y ahora solo quedara esto, que fuéramos dos desconocidos conviviendo en una misma casa. —Al menos disimula que te alegró verme. —dije girando los ojos. Nuevamente, Henry no me respondió, me di cuenta que se había puesto otra vez los audífonos jugando el play colocándole todo el volumen que daba. Los hombres y sus videojuegos. Fui a mi habitación dejando la maleta ahí, dejé mis cosas y me bañé, me cambié de ropa preparándome para salir, tenía que solucionar lo que ocasioné con el señor Cristian. —Vuelvo al rato —le dije a Henry colocándome una chaqueta en la puerta de la casa. —¿A donde vas? —preguntó Henry sin mirarme, aun enviciado en ese juego. —A comprar unas cosas —dije, iba a explicarle lo que ocurrió en el avión pero él gritó de la nada: —¡TOMA! —al juego y continuó gritando mientras movía los dedos en el control. —Uhm... —susurré, como no, siempre siendo un completo niño con juguete. Giré los ojos, ya estaba hartándome de convivir con un niño. Salí del apartamento cerrando la puerta y sintiendo el frio de la calle, ahora mi misión sería comprarle una ropa al menos parecida a ese tal Cristian e intentar engañarlo para que creyera que era la suya. Claro que no contaba, con que este hombre fuera tan astuto.
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