Capítulo 1.
C.R. Barrios
El brillo de Norman
Fue a mediados de los años 90, en la primavera, cuando mi hermana Jenny junto con sus dos hijos Anthonie de doce años y Sebastián de ocho años, nos mudamos a aquella hermosa propiedad. Adquirida por Jen gracias a sus estupendas habilidades en los negocios en bienes y raíces.
Más bien fue una buena oportunidad, que se le presentó, y que no pudo dejar pasar por alto, haciéndose así de un estupendo negocio.
Recuerdo claramente esa noche, poco después de llegar de su trabajo mientras cenábamos nos dijo:
- Nos ofrecieron para la venta una propiedad a las afuera de la ciudad, cuando fui a hacer el avalúo me encanto esa casa!
- Y agregó – Hice una oferta y me la aceptaron. Creo que será una magnifica adquisición, pues el precio que piden es realmente bajo.
Mis sobrinos y yo escuchábamos atentos lo que nos decía.
- Jenn muy entusiasmada añadió - Creo que haciendo unos ajustes y algunos recortes en casa, podemos comprarla, a la larga será una buena inversión familiar.
Yo le respondí: Jen tu sabes que puedes contar conmigo, me parece bien que los niños tengan un lugar más grandes para crecer, hace rato que este apartamento nos ha resultado pequeño.
Seguimos charlando animadamente mientras cenábamos, mi querida, emocionada Jen hacia planes y sacaba cuentas para resolver la nueva situación.
Los niños igualmente entusiasmados asentían sonriendo de modo aprobatorio a cuanto le decía su madre.
Pero antes de ahondar y narrarles cómo llegamos a esa casa, nuestros inicios en la casa y lo que sucedió allí, les voy a hablar un poco sobre mí persona y mi familia.
Soy Paola, tengo 23 años, rubia, ojos azules, delgada, 1.70 de altura. Aunque tengo buena apariencia, los chicos no parecieran interesarse en mí, y la verdad, ninguno me ha llamado la atención. Considero que algunas personas no fuimos diseñadas para el amor.
Vivo con mi única hermana Jenny y sus dos hijos. Los pequeños Anthonie de doce años y Sebastián de ocho años.
En casa soy una especie de niñera, tía consentidora y quién cuida de los quehaceres del hogar. Me aseguro de atenderlos en todo lo posible, tanto a mis sobrinos como a mi querida Carlota, los adoro. Para ellos la vida les ha destinado una fuerte prueba.
Hace un año mi cuñado Christopher, quien trabajaba en el área inmobiliaria. Viajó en su auto a una ciudad vecina para mostrar un apartamento, pero de regreso, como ya podrás imaginar, tuvo un accidente fatal.
Un camión enorme cargado de maderos perdió el control llevándose a su paso el auto, la vida de Christopher y la felicidad de su
familia.
Desde ese fatal suceso, me mudé con ellos. Antes vivía con mi abuela materna, quien por otras circunstancias del destino fue quien nos crio y se encargó de nosotras desde la niñez. Pero ella hace algunos años dejó este mundo. Por lo que al momento de la muerte de mi entrañable cuñado, yo me encontraba viviendo sola en el pequeño apartamento de la abuela Sofía.
Ya hace un año desde ese desafortunado suceso, desde entonces, soy el ama de casa y administradora del hogar. Mientras que Jen con mucho esfuerzo se encarga de la manutención de los gastos del hogar. Tomando como profesión, la de su finado esposo.
Ella ha hecho una carrera exitosa en el área de los bienes inmuebles. Es así como se le presentó la oportunidad de comprar está hermosísima casa, que a decir verdad tiene todo el porte de una mansión.
Tal como nos describió mi hermana. La casa era una espléndida residencia que recibía a quien lo visitaba con un grandioso jardín muy bien cuidado; el césped verde con hileras de arbustos podados en forma rectangular hacían las veces valla que separaba la acera de la propiedad, un camino de piedras a lo largo del césped conduce hacia la puerta de la entrada principal.
Aunque no lucía ostentosa la fachada sobresalía por su acabado y belleza, propia de personas de muy buen gusto. Un camino ancho conducía a la entrada principal hacia una ancha puerta de doble ala acabada en fina madera y cristal. Al entrar al recibidor nos encontrabas con una amplísima sala con paredes de madera caoba claro, pisos de mármol de color también claro, con grandes ventanales que permitían pasar toda la claridad a tan magnífico salón principal.
En el centro del salón acomodado en forma de ele y con el frente hacia la puerta dos amplias poltronas color amarillo pálido junto con una pequeña mesa de té sobre una mullida alfombra color crema invitaban a acomodarse en el estar. En el techo de esa habitación una preciosa lámpara de cristales adornando la sala, este lugar aunque con escasos muebles luce todo un ensueño. La casa muy bien perseverada la encontramos semi amoblada.
En este grandioso caserón constituido por dos pisos más el ático en la planta baja se puede encontrar el salón principal, la cocina grande y sencilla fabricada casi en su totalidad con madera pulida, también en ese piso el salón comedor luce espacioso con una vieja pero elegantísima mesa de roble de ocho puestos y una vitrina para guardar la vajilla. También en ese piso se puede encontrar una hermosa biblioteca que desde el principio fascino a mi hermana, quizás por el grandioso escritorio al estilo imperial. Enseguida lo hizo su despacho desde donde en ocasiones trabajaba. En la biblioteca dejaron los armarios y estantes de los libreros con una buena cantidad de libros ordenados y bien distribuidos a lo largo de la estantería.
Una majestuosa escalera en madera de caoba nos proporciona el acceso a la segunda planta donde estaban dispuestas las habitaciones, todas con un gran tamaño, además de cada una con sus respectivos baños. Pisos de madera, armarios de muy buen acabado. Toda la casa con agradables y exquisitos detalles, los ventanales amplios y lámparas de hermoso cristal en todas sus habitaciones permitían percibir el inigualable gusto de quienes la habitaron.
Aparte de los cuatro dormitorios del primer piso, ubicado con vista al frente de la casona, se encuentra el salón de música, de espacio mediano con cortinas doradas y un gran ventanal que permite ver todo el jardín delantero y la entrada de la casa. Aquí en este cuarto, una alfombra de tejido rojo con dorado viste dos tercios del piso del salón de música, el espacio sin alfombrar ocupaba el piso con la madera muy lustrada. -después entendí que era el área dispuesto para bailar - Hacia el centro con el frente hacia la ventana y de espalda a la puerta se encuentra un sofá de terciopelo rojo, una mesa de recibo amplia y bajita frente al sofá, a la derecha del salón sobre una mesita alta se encontraba un gramófono - se trataba de un antiguo toca disco de madera con una corneta en forma de lirio color dorado. Quedó allí, probablemente, de los antiguos dueños. En ese cuarto, además de los muebles, y el antiguo tocadiscos un buen repertorio de música.
Cerca del ventanal un cómodo mueble blanco con pequeños adornos dorados permite desde ese sitio observar por completo el paisaje del jardín. Este resultó ser uno de mis lugares favoritos.
Allí pasare las tardes escuchando música sola o en compañía de los chicos.