No importó cuantas veces Han Do golpeó la puerta pidiendo que lo dejaran salir, no sucedió, y cuando finalmente se había rendido, sentándose en el pequeño sofá que estaba cerca de la ventana, mientras se abrazaba a uno de los peluches que su hermano le había regalado, fue cuando pudo tranquilizarse un poco, porque como siempre, el aroma de Do Soo podía calmarlo. No sabía qué había pasado entre Do Soo y Woo Sik, pero estaba seguro de que su hermano fue injustamente llevado por la policía, pero al estar encerrado en aquella habitación le hacía sentir estar atado de pies y manos. Han Do no entendía qué era lo que su esposo quería en ese momento, ya había logrado que no se divorciaran cuando él se había convencido de hacerlo, pero el tenerlo a su alrededor, exigiendo cosas cuando antes se afe

