Eran las cinco de la mañana cuando Han Do dejó de acariciar el cabello de Soo Hyun y tomó su móvil en su mano, marcando el número que se sabía de memoria, y tuvo que escuchar varias veces el tono antes de tener una respuesta. —Hola, ¿qué pasa? —se escuchó una voz bastante somnolienta. —Do Soo, ¿puedes venir? —preguntó mirando al techo. —Uh. Hubo un largo silencio en el que Do Soo hizo un gran esfuerzo para abrir sus ojos y recordar que estaba hablando por teléfono con su hermano, que tenía que prestar atención a la conversación y quizás levantarse en la fría madrugada para ir hasta a él, aunque su voz sonaba bastante calmada como para decir que algo malo estaba sucediendo. —¿Ahora? —se obligó a decir cuando su cerebro pareció al fin poder formar palabras —¿pasó algo malo? Han Do apre

