CAPÍTULO IV

2025 Words
La lluvia se había vuelto catastrófica, en aquel espacio solo se escuchaba el insistente repiqueteo del agua contra el cristal. Devon Maconi había llegado luego de recibir un mensaje de su mejor amiga para que fuera por ella, Aimee le había dicho que se tomaría lo que restaba del día que no estaba preparada para asumir por completo una responsabilidad tan grande, pero su sorpresa fue toparse con una escena que no esperaba conforme más cerca estaba; por un lado había reconocido al hombre rubio del bar de aquella noche, ¿no es posible que hubiera dado con ellos o sí? ¿Había ido a exigir sus pocos dólares? eran preguntas que rondaban la cabeza del castaño. Pero lo más impactante fue ver y escuchar la voz de Mitchell Betancourt preguntando si él era el marido de Aimee. El sudor recorrió su espalda, fijo su vista nerviosa en su amiga pelinegra, que estaba seguramente con la misma expresión que él. — ¡Mitchell! — habló Devon rompiendo el silencio, al tiempo que palmeaba la espalda de un desconcertado pelinegro — ¡Han pasado años! ¿Qué haces aquí? ¿No me digas que hay reunión de secundaria y nadie nos avisó?. Mitchell Betancourt miraba confundido al castaño, Devon siempre había sido demasiado entusiasta para su gusto, siempre haciendo lo que le venía en gana, pero casarse con Aimee lo había superado por completo. — Devon, también es sorpresivo verte de nuevo. — ¿Vamos a ponernos al corriente qué te parece?. El pelinegro miró por un segundo a Aimee que mordía su labio inferior de manera nerviosa, esa acción lo hizo estremecer ese era un gesto que solía hacer la pelinegra cuando ponía a maquilar su cabeza formando una telaraña de mentiras, pero sin poder hacer nada más se vio arrastrado por el castaño. — Los alcanzo enseguida — dijo Aimee al ver a los dos hombres irse, sabía que Devon haría un poco de tiempo, suspiró cuando se dieron vuelta en aquel pasillo antes de girarse de nuevo hacia el rubio, que permanecía con aquella sonrisa en su rostro. — ¡Sígueme! — dijo a modo de orden hacia el rubio. — No. — Mira no estoy para…— Aimee dejo de hablar, pues se había fijado en el gafete que portaba aquel hombre. Antes de que el rubio pudiera reaccionar la pelinegra ya había arrebatado el gafete de su pecho, esto lo hizo ponerse nervioso. — ¿Leonard Morin? Creí que tu nombre era otro — Aimee levantó una ceja inquisitiva — En fin, no te lo pediré otra vez, sigueme como quiera que te llames. Lionnel suspiró sin tener más opción siguió a la joven hacia un pequeño pasillo, le sorprendió ver que muchas de las puertas rezaban “Solo personal autorizado”. — ¿A dónde vamos?. — A la azotea quizá te arrojes de ahí. — Ah, eres muy simpatica. Aimee abrió una puerta que dio de lleno el viento frió de la lluvia; había descubierto ese pequeño espacio hace unos días cuando acompañó por primera vez a su abuelo después de lo de su padre, el espacio era tan pequeño pero para la joven pelinegra era un espacio para escapar de la realidad que la rodeaba, la lluvia se podía escuchar y sentir pero no se mojaban por completo. — Escucha tienes una oportunidad para decirme, ¿quien eres en realidad y porque me sigues?. Lionnel sonrió a modo de burla. — ¿Porque querría seguirte?. La joven sonrió de lado. — Primero estas en el bar, luego de repente estás trabajando para mi, ¿que quieres que piense?. — ¿En el bar donde tu me engañaste y robaste?. — ¡Eso no pasó así!. — ¿A no? — Lionnel se cruzó de brazos — ¿Entonces como paso?. Aimee chasqueó la lengua, no quería seguir cayendo en las provocaciones de aquel hombre. — ¿Y qué hay de ti? ¿Porque mientes en cómo te llamas?. — No mentí — dijo el joven rubio con firmeza, ya había pensado en cómo seguir con su cubierta — Mi madre me suele llamar Lio, de cariño. — Lio no es diminutivo de Leonard. — Para mi madre sí. La joven se cruzó de brazos aun sin estar por completo convencida. — Como sea, no te quiero trabajando para mi, presenta tu renuncia mañana. — Por supuesto que no, ninguna niña mimada como tú tiene derecho a correr a alguien sin justificación, te lo dije ya es contra la ley, además ¿a que le tienes miedo? — Lio la miraba de manera intensa con una sonrisa burlona en su rostro — ¿A que el ladrón de tu marido sea descubierto?. — ¡Devon no es ningún ladrón! además, él no es mi… Pero Aimee se había dado cuenta de que no tenía porque seguirle dando información a ese hombre, hablaría con Silver y buscaría la manera en que lo despidieran. — ¿No es que?. — No te interesa — La joven caminó de nuevo hacia el pasillo para salir del pequeño espacio — Si vas a seguir trabajando para mi, solo procura mantenerte alejado…Leonard. Lionnel Dupont se quedó en aquel espacio observando como aquella mujer caprichosa se alejaba, se había convertido en detective por una razón, sabía que aquella mujer mentía, además a lo que Charlie le había dicho, era más que claro que Devon Maconi no era su marido, solo era producto de su estafa. — ¿Hasta dónde será capaz de protegerlo? — dijo para sí mismo. La pequeña sala privada donde dos hombres se encontraban platicando, se había comenzado a sentir bastante fría, por un lado Devon, el joven castaño se había enfocado en evadir la mirada del que una vez fue amigo suyo, se había enfrascado en un pelea con la pequeña máquina de bebidas que se encontraba en el lugar, a pesar de los intentos de Mitchell Betancourt por sacar información, Devon contestaba con monosílabos o simplemente evadía la pregunta, por lo que el joven de cabellos oscuros optó por mejor hablar sobre él, quizá de esa manera Devon comenzará a soltar la lengua también. — Entonces ¿has venido por el puesto de director ejecutivo?. Mitchell sonrió al saber que su plan había dado frutos, a pesar de que los ojos del castaño aún permanecían en la máquina de bebidas, esa frase había sido la más larga desde que estaban ahí. — Es la idea Devon, no sé quizá podamos volver a ser el trío que una vez fuimos ¿no te parece? — el pelinegro sonrió al ver el pequeño movimiento del castaño por voltear — Ya sabes, ser amigos de nuevo. — Creí…creí que me odiabas cuando nunca te conteste acerca de Aimee. — Éramos jóvenes Devon, ella era amiga de los dos, aunque si es doloroso saber que ustedes mantuvieron contacto, ¿porque me alejaron?. El castaño suspiro rascando su cabeza, en realidad ni él mismo sabía porque Aimee se había alejado de Mitchell, le había dicho que era un tema delicado. — No fue así, cada uno hizo su vida por separado — Devon se giró hacia el pelinegro que lo miraba fijamente con una sonrisa, lo que hizo que siguiera nervioso — Aimee y yo apenas nos reencontramos hace unos meses. — ¿De verdad? — respondió Mitchell con fingida sorpresa — ¿Y como terminaron casados?. — Eso… Devon dejó salir el aire contenido cuando la puerta se abrió dejando ver a su mejor amiga que lucía molesta. — Aimee — dijo con alegría — ¿Está todo bien?. — Sí. — Bien, Mitchell preguntaba sobre, lo de que soy tu marido ¿que loco no? — Aimee rodó los ojos, Devon siempre tendía a hablar sin pensar cuando estaba nervioso. — Mitchell, no estoy casada con Devon — soltó de pronto, no se metería en una red de mentiras, tenía suficiente con aquel hombre rondando por ahí. — Entonces ¿por qué ese hombre ha dicho lo contrario?. La joven suspiró. — Una noche en un bar, ese hombre estaba demasiado borracho e insistente, Devon intervino diciendo que era mi marido para que me dejara en paz. — Conviérteme en director ejecutivo y ese hombre, no volverá a pisar la constructora. Aimee levantó una ceja con interés. — ¿Harías eso?. Mitchell Betancourt sonrió, saber que ella seguía siendo una mujer libre había vuelto a remover cosas en su interior; recordó la primera vez que la vio eran apenas unos niños, pero aquel cruce de miradas, aquel zafiro que brillo con diversión al verlo, era algo que nunca olvidaría; ahora Aimee volvía a verlo con aquel brillo en sus ojos, como si fuera su esperanza. — Por tí, claro que lo haría. Roxanne Dupont miraba su reloj, apenas daban las tres de la tarde y la lluvia parecía haber oscurecido la ciudad, resignada suspiró antes de abrirse paso hacia la joven recepcionista de aquel lugar. — Buenas tardes — dijo con voz firme. La joven recepcionista levantó la vista para toparse con una joven cerca de los veinticinco años, la miraba sonriente. — Soy Roxanne Dupont, me han citado para una entrevista de asistente ejecutiva. — Claro señorita Dupont, en cinco minutos le llamaré el señor Silver, será quien la atienda. Roxanne asintió mirando a su alrededor, trabajar en aquel enorme lugar de renombre le abriría más puertas, de pronto su sonrisa poco a poco se borró ¿que hacía su hermano ahí?, era imposible no reconocer la silueta de Lionnel, era bastante alto y fornido, incluso ella solía bromear con él al decirle que era un oso enorme lampiño. La joven observó a la recepcionista que estaba al teléfono, trago en seco caminando hacia donde estaba su hermano, que seguramente planeaba como irse con la lluvia. — Lionnel — dijo Roxanne entre dientes, pero su hermano parecía no haber escuchado — ¡Lío!. En ese momento el joven rubio frunció el ceño mirando a dónde había escuchado su voz, abrió sus ojos de manera desmesurada al ver cómo su hermana lo miraba con el ceño fruncido. — ¿Qué haces aquí? — Lionnel habló en voz baja tratando de no llamar la atención. — Yo vine a una entrevista de trabajo, tú qué haces aquí — Roxanne Dupont hablaba en voz baja. — Ahora no puedo decirte Roxie, hablaremos en casa. — Lío…— dijo molesta. Los dos jóvenes se sorprendieron al escuchar los pasos, Lionnel temía que nuevamente fuera Aimee Roux, dejó salir el aire contenido cuando vio que eran personas desconocidas, aun así no se podía arriesgar, se giró hacia su hermana. — Rox, en estos momentos soy un desconocido para tí. Roxanne Dupont se quedó de pie observando como su hermano salió corriendo bajo la lluvia, escucho la voz de la joven recepcionista hablarle, suspiró, se preocuparía despues por Lionnel, ahora más que nunca tenía que conseguir ese trabajo. La joven rubia se dirigió a la oficina de Silver Marie como le había indicado la joven recepcionista; Roxanne escuchó unas voces provenientes de la oficina no sabía si tocar o no, pues no parecen ser amigables, pero el destino eligió por ella. — … No me interesa lo que pienses Silver, he revisado yo misma el currículum de Mitchell, habla con la junta directiva y avisales que tenemos nuevo director ejecutivo… — Disculpe, volveré enseguida — Roxanne había llegado justo en el momento en que la puerta se había abierto y aquellas palabras habían salido de una joven de cabellos azabache. — ¿Trabajas aquí? — Aimee Roux miró a la joven que permanecía con la mirada baja. — Ella es Roxanne Dupont — Silver se había acercado a donde las dos mujeres se encontraban — Viene a entrevista para asistente del nuevo Director Ejecutivo. Aimee levantó una ceja, pero no dijo nada se retiró del lugar, necesitaba un descanso. — Bueno señorita Dupont — hablo Silver Marie llamando la atención de la joven rubia — Como se habrá dado cuenta, tenemos una jefa un poco demandante de una vez dígame, ¿está dispuesta a tomar el trabajo?.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD