Capitulo III

2058 Words
El cielo de Montreal se había nublado de nuevo como si presagiaba algo, un hombre de cabellos oscuros ataviado en un traje gris, bajo de un auto deportivo rojo justo en el momento en que enormes gotas de lluvia empezaron a caer sobre él. Maldijo por lo bajo antes de correr hacia el acceso al edificio, su teléfono comenzó a sonar lo que hizo que se detuviera frente a las puertas de cristal. — Padre ahora no es un buen momento — dijo mirando con fastidio las marcas de lluvia en su traje, en tan poco tramo se había mojado lo suficiente. — Mitchell solo me aseguro que te has presentado, es importante que tomes el puesto. — Aún no sabemos si ya han encontrado a alguien. — Hijo, tú eres mucho mejor que cualquiera, te aseguro que harás grandes cosas. El joven suspiro, la familia Roux había sufrido una tragedia hace unos meses, la pérdida del único hijo de ese matrimonio. En los círculos de la alta sociedad, se rumoreaba que posiblemente Donald Roux volvería a tomar el puesto de Director Ejecutivo, pero con el paso de los días se enteraron de su colapso de salud, así que la intriga de saber que sucedería con la constructora llegó a muchos oídos. Mitchell Betancourt había terminado su carrera universitaria hace un tiempo, había trabajado como arquitecto para varios despachos o simplemente como consultor externo había querido labrar su propio camino alejado de su padre, pero tras lo sucedido con Richard Roux, su padre Harold Betancourt le había motivado para presentarse ante Donald Roux, después de todo aquella familia años atrás habían mantenido una amistad con ellos. Mitchell Betancourt frunció el ceño al escuchar la pequeña discusión que se llevaba a cabo en la recepción, se acercó a paso cauteloso. — He dicho que no hay contrataciones. Aimee Roux miraba de mala forma al hombre rubio frente a ella, luego de saber que estaba ahí para trabajar para ella se había negado a contratarlo, no dejaría que ese hombre hablara bajo ninguna circunstancia. — Como le he dicho ya, mi contrato ya está firmado, hoy solo he venido por mi uniforme. La joven pelinegra se giró hacia Silver que parecía sudar hasta por los oídos. — ¿Lo has contratado tú? ¿Porque no sabía que estábamos contratando?. — Señorita Roux, usualmente no aviso sobre los peones de mantenimiento que contratamos, son puestos inferiores, sin importancia. Lionnel frunció el ceño mirando a aquel hombre, ¿Le había dicho peón?. — ¡Pues correlo!. — Escucha bien niña — habló Lionnel molesto — No pueden correrme así porque si, es contra la ley y una demanda no se vería bien. — Quiero ver qué lo intentes. Silver Marie miraba desconcertado aquella interacción, no comprendía porque la nieta del señor Donald estaba firme en qué despidiera a aquel hombre, era claro que se conocían aunque desconocía de dónde, pero lo más seguro es que no se topará con él nunca, ella era la subdirectora y aquel hombre rubio un simple peón. Un carraspeo los hizo girar, frente a ellos un hombre de cabellos oscuros, los miraba con interrogante. — ¿Aimee?. La joven Roux frunció el ceño mirando al hombre, se le hacía conocido pero su mente estaba ocupada en cómo sacar a aquel hombre rubio de su constructora. — ¿Te conozco? — dijo con apremio. — Soy Mitchell — contesto el pelinegro con una sonrisa — ¿Mitchell Betancourt?. La joven abrió los ojos con sorpresa, Mitchell Betancourt había ido con ella a la escuela hace años, eran muy buenos amigos en ese entonces, incluso ella esperaba que alguna vez le pidiera ser su novia, pues estaba segura que a sus quince años el chico lindo del colegio que además era uno de sus mejores amigos era el amor de su vida, incluso todos sus compañeros siempre decían que eran la pareja ideal, lamentablemente antes de que algo así sucediera ella se había mudado lejos y había perdido todo contacto con él, hasta ahora. — Dios, ¿De verdad eres tú?. — Eso dice mi identificación. Aimee correspondió a la sonrisa del hombre, pero frunció el ceño al ver sus ropas. — ¿Por qué estás mojado?. — Está lloviendo afuera. Esa afirmación hizo que varios voltearan hacia las puertas de cristal, la lluvia ya se había hecho aún más fuerte, habían estado enfrascados en la discusión que no se habían percatado de lo que sucedía a su alrededor. — Vamos a mi oficina para que te puedas secar. — ¿Eso quiere decir que ya no me va a despedir?. Todos miraron al hombre de cabellos rubios que sonreía divertido. Lionnel sabía que aquella mujer se había olvidado de él, pero no había podido evitar soltar aquellas palabras, el joven ensanchó aún más la sonrisa al ver cómo la pelinegra lo miraba molesta antes de girarse de nuevo a aquel joven de cabellos oscuros y alejarse del lugar. — Señor Leonard Morin, si quiere conservar su trabajo que sea la última vez que le habla de esa forma a la señorita Roux ¿comprende? después no le salvaré el pellejo nuevamente. Silver Marie había sido tajante al decir aquello. Lionnel por su parte asintió borrando su sonrisa, ese hombre lo miraba de manera reprobatoria, estaba seguro que había deducido que tanto Aimee como él se conocían de algún lado. — Me disculpo señor Silver, no volverá a suceder. El hombre dirigió una última mirada al joven rubio antes de también irse hacia el pasillo donde minutos antes Aimee Roux se había ido. — Señor Morin — la joven recepcionista volvía a llamar la atención del rubio — Este será su gafete, puede pasar al almacén se encuentra en el primer piso al final del pasillo ahí le darán su uniforme y mañana a primera hora se podrá presentar. — Gracias. Lionnel tomó el gafete para colocarlo en su playera, camino siguiendo las indicaciones de la joven, no sin antes observar cada detalle de aquel lugar, a pesar de ser enorme se pudo percatar que era como un círculo esa primera planta, a cualquier lado que volteabas podías ver casi el extremo opuesto, la gente iba y venía entrando por puertas de un solo lado del edificio, se detuvo frente al elevador. — Bueno, ahí vamos. Dijo para sí mismo dirigiéndose al primer piso. Dentro del quinto piso Aimee Roux había adaptado una oficina para ella, a pesar de que Silver le había asegurado que ya existía un oficina para subdirector, la joven pelinegra había considerado que era muy pequeña para su gusto, además no era una subdirectora cualquiera, básicamente era la dueña de aquella firma de arquitectos. — Toma. Mitchell Betancourt tomó la taza humeante de café que le entregaba Aimee, se había quitado el saco mojado mientras observaba la lujosa oficina, para después enfocar su vista en la mujer frente a él. — Nunca espere volverte a ver y menos aquí, en la constructora. El joven de pelo oscuro sonrió bebiendo café. — Siendo sincero yo tampoco creí volverte a ver, que fue ¿diez u once años?. — Once, la secundaria había terminado e íbamos a iniciar la preparatoria juntos. — Hasta que te fuiste. Aimee asintió. — Mi padre quería comenzar de cero, aún no trabajaba en la constructora. — Pero él volvió, ¿Porque tú no?. — No había necesidad. Mitchell observaba el rostro de la joven frente a él, nunca imaginó volverse a encontrar con la pelinegra tan pronto, a raíz de toda la tragedia que rodeaba a la familia Roux, parte del porqué había aceptado la propuesta de su padre era que él tenía la esperanza de verla en algún momento, quizá ayudando a su abuelo o simplemente paseando por las oficinas. Cuando hace años ella y su padre se habían alejado de la ciudad él se había sentido molesto, nunca recibió una despedida de la joven, simplemente había desaparecido, trató de buscarla pero Aimee había rechazado todo contacto con él, incluso su otro supuesto amigo, Devon Maconi, nunca quiso hablar de ello. Ver a Aimee Roux había revivido viejos sentimientos, que por cobarde nunca los dijo antes, quizá pudiera limar asperezas, aclarar las cosas, quizá ese amor adolescente ahora pudiera ver otra luz. — Dejemos el pasado atrás — hablo dejando la taza de café a un lado — Aimee volverte a encontrar es tan sorpresivo, nunca imaginé — dijo tomando la mano de la joven que lo miró con sorpresa — Nunca imaginé que estarías aquí. — Bueno tarde o temprano sucedería después de lo de mi padre — Aimee Roux hizo una mueca, no le gustaba hablar sobre el fallecimiento de su padre, algo dentro de ella se negaba a aceptarlo — Pero, dime Mitchell ¿Tú qué haces aquí?. El joven pelinegro sonrió, estaba seguro que tratar con Aimee Roux sería más sencillo que con Donald Roux, ese hombre era un lobo en los negocios. — Bueno, quiero ser tu nuevo Director Ejecutivo, creo que te sorprenderá saber lo que puedo lograr en la constructora. La joven de cabellos azabache se esperaba cualquier cosa excepto que Mitchell Betancourt no solo apareciera de nuevo en su vida, sino que quisiera hacerse cargo de la constructora del hombre que hizo que el padre del pelinegro estuviera a punto de quedar en la ruina, esa información su padre se la había dado cuando hace años se fueron de Montreal y ella le reclamó como toda adolescente el alejarla de su entonces perfecta vida; Richard Roux le había dicho que Harold Betancourt le había invitado a un negocio el cual fracasó, los dos perdieron pero en aquella inversión estaba lo que quedaba de la fortuna de Harold, el padre de la pelinegra siempre creyó que nunca lo perdonó, incluso cuando él no tenía la culpa. ¿Será posible que Mitchell Betancourt desconociera esa información o estaba ahí con otra intención?. Lionnel Dupont caminaba de vuelta a la recepción había recogido sus uniformes sin mayor inconveniente, pero se había topado con el que sería su jefe de área, Franco Declare era un hombre de unos cuarenta años, delgado, casi igual de alto que él; le platicaba acerca de lo que usualmente se hacía, instalaciones electricas, mantenimiento general de la constructora, cosa que había hecho que Lionnel se preguntará qué tanta libertad tendría para lograr su cometido, además estaba el hecho de que Aimee Roux le había engañado, sería una venganza personal. — Jefe — dijo el rubio interrumpiendo el monólogo del Franco Declare ya que el hombre hablaba hasta por los codos — Solo tengo una duda, ¿nuestra área de trabajo es solo en las oficinas? Lo pregunto porque me he topado con la jefa Roux y siento que tratar con ella será difícil. — No te apures muchacho, Aimee Roux solo es la nieta mimada del señor Donald, la ha dejado como subdirectora, siguen buscando un Director Ejecutivo, tratar con ella será lo de menos, lleva un día aquí te aseguro que no durará mucho — Franco sonrió levemente el joven — Además cualquier asunto directo en caso de que hubiera que tratarlo lo hago yo, tu solo trabajaras en las zonas de mantenimiento. Lionnel forzó una sonrisa, eso le complicaba mucho su misión. — Bueno, te veo mañana siete en punto, te daré las indicaciones necesarias para comenzar en tu nueva área. El rubio asintió, viendo como el hombre se retiraba, estaba por dar las gracias a la joven recepcionista cuando vio entrar a un hombre castaño que se sacudía la lluvia, apretó los puños al reconocerlo, esta vez no se iba a quedar callado. — ¿Qué haces todavía aquí? — aquella voz detuvo su andar. Lionnel agarró su nuevo uniforme con firmeza antes de sonreírle a la mujer. — Le recuerdo que he sido contratado, además estaba por saludar a su marido. Aimee Roux abrió los ojos con sorpresa viendo a donde el rubio señalaba, su mejor amigo ajeno a todo lo que sucedía la saludaba con una sonrisa. — ¿Marido? — Mitchell, quien acompañaba a la pelinegra habló confundido, saber que Aimee se había casado era un balde de agua fría, además el hombre al que saludaba era el tercer m*****o del trío que solían formar en la secundaria — ¿Devon Maconi es tu marido?.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD