Aimee Roux bebía un sorbo de su café, la mañana había amanecido nublada y fresca, la joven pelinegra estaba segura de que nuevamente llovería. Levantó su vista hacia el reloj que estaba postrado arriba de la entrada hacia el comedor, daban cuarto para las ocho y estaba segura de que llegar un poco tarde ese día no sería problema, le echaría la culpa al clima.
— Aimee, ¿aun sigues aquí?.
— Hasta que me muera abuelo.
Donald Roux sonrió dando un beso en la cabeza de su nieta.
— Con esa actitud el puesto de director ejecutivo te costará trabajo.
— En realidad abuelo, soy la subdirectora de relaciones internacionales, he dejado que la junta directiva seleccione al director ejecutivo, no estoy preparada aún.
— Ese puesto te pertenece.
— Le pertenecía a mi padre.
El hombre pasó su mano por aquel cabello canoso, hace pocos meses había perdido a su único hijo en un accidente de avión, había buscado por todos los medios pero su cuerpo no había sido encontrado, su única nieta había tomado la decisión de mudarse con ellos luego de dejar su vida en el continente europeo, a pesar de que no lo demostrara abiertamente la pérdida de su padre le había dolido, siempre habían sido muy unidos y a pesar de que Donald agradecía tener a su pequeña Aimee en su casa, le costaba comprender el comportamiento de la joven, a sus veinticinco años no había tomado una decisión sobre su futuro, no deseaba responsabilidades, solo hace poco a regañadientes había aceptado trabajar en la constructora.
— ¿Quieres que te acompañe?.
— Estaría increíble abuelo.
— ¿Qué es lo que me ocultan ahora mis amores?.
Una mujer mayor con el cabello corto lleno de canas había llegado a donde se encontraban con una sonrisa amable.
— Mi preciosa niña — dijo dando un beso en la cabeza de la joven — Te veo diferente este día.
— Creo que es porque se ha vestido decente Rita — Donald reía a costa de su nieta, la cual solo puso los ojos en blanco.
— Es verdad hoy es tu primer día mi niña, ¿es por eso que querías acompañarla Donald?.
— Bueno yo…— comenzó a hablar el hombre nervioso.
— No irás.
Tanto Donald como su nieta suspiraron, el rostro amable de la mujer mayor había cambiado a uno serio. Rita Roux hace meses no solo había perdido a su único hijo, si no que estuvo a punto de perder también a su marido, aquella búsqueda incansable por recuperar el cuerpo de Richard, había deteriorado a Donald, había acabado casi por completo con su salud; Rita agradecía enormemente que Aimee se hubiera mudado con ellos, sabía que para su nieta no había sido fácil dejar su vida que estaba prácticamente en otro continente, pero entre los tres se habían acompañando echando ánimos en tan difícil situación y por ello mismo sabía que no podía permitir que Donald se estresará con la constructora, sabía que su nieta podía lograrlo, tenía que aprender a llevar las riendas de todo, porque parecía que su familia estaba a punto de desaparecer.
— Abuela, no dejaría que mi abuelo anduviera solo.
— Mi niña, tampoco necesitas niñera, tu abuelo se quedará y después podrás platicar todo lo que quieras del trabajo.
Aimee Roux no protestó, no contra esa mujer.
“Hoy será un largo día”. Pensó mirando las pequeñas gotas de lluvia que habían comenzado a golpear el cristal que daba al jardín.
El edificio de central de operaciones de la policía de Montreal estaba con bastante movimiento aquella mañana, pero para Lionnel Dupont que se encontraba en los casilleros el movimiento en la parte alta del edificio le era indiferente, se miraba al espejo con una sonrisa, su placa bien pulida colgaba de su cuello, se había colocado una chaqueta de cuero color café que su madre le había regalado por su ascenso, Lionnel sonreía feliz, era el primer día que había dejado atrás el uniforme de policía, ahora era detective.
— ¡Hey Dupont! — González un experimentado detective que había sido mentor del joven rubio se acercó a él para palmear su hombro — Espero que no estés nervioso hoy, el capitán tiene algo para tí.
El rostro del joven rubio se iluminó, realmente pensó que iba a seguir a cargo de Gonzalez, pero que el propio capitán decidiera algo para él, sonaba prometedor. La oficina del Capitán Simón Muller se encontraba al final del pasillo del primer piso, Lionnel se percató del bullicio en el lugar pero no se detuvo a averiguar que ocurría, entró a la oficina del capitán Muller, un hombre de cincuenta años con el único vello facial que era su gran bigote, fun un hombre condecorado por su participación en uno de los arrestos más importantes en la historia de Montreal, nadie se explicaba porque se había resignado a ser solamente capitán.
— Dupont, gracias por venir.
— Capitán Muller, ¿qué puedo hacer por usted?.
Lionnel tomó asiento mientras observaba cómo el hombre tomaba una carpeta para después extenderla hacia el.
— Tengo una misión para tí.
El joven detective leía con atención aquel documento.
— Hace unos meses el avión en el que viajaba Richard Roux sufrió un accidente, estábamos detrás de él, queríamos tener pruebas de su conexión con Jaques Leroy, pero un día antes de su accidente el empresario Richard Roux se comunicó conmigo, dijo que haría una declaración pero solo conmigo.
Lionnel levantó la vista; Jaques Leroy era un hombre con negocios turbios, había sido capturado con anterioridad pero su posición privilegiada lo había liberado acusando a la policía de Montreal y al FBI por difamación hacia su persona, pero su rastro de sangre con las muertes que cargaba pronto harían el peso para que cayera, junto a todos aquellos que habían colaborado con él.
— Pero no llegó, el avión se estrelló ¿no es así? — terminó sentenciando el joven rubio — ¿Que desea que haga?.
— Los documentos en tus manos es toda la información recabada de la constructora de Richard Roux, pero nunca tuvimos más pruebas, te vas a infiltrar, si alguien quería callar a ese hombre entonces es alguien cercano a él — Simon Muller sacó unos documentos de su cajón — Esta es tu nueva identidad, entraras como parte del equipo de mantenimiento, así podrás moverte sin llamar la atención.
Un pasaporte junto con identificaciones a nombre de Leonard Morin fue lo que el joven detective tomó del escritorio de su capitán.
— Aquí también viene que Richard Roux no tenía más hermanos, sus padres son personas mayores, ¿quien tomará las riendas de la constructora?.
— Su hija.
Lionnel miró con extrañeza a su capitán, volviendo a echar un vistazo al archivo en su mano.
— Aquí no dice nada sobre una hija.
— Eso es porque no hay nada sobre ella.
El joven detective comprendió que era lo que su capitán buscaba.
— Será complicado, pero no imposible capitán.
— Confío en tí Dupont, si esclarecemos que ha ocurrido con la muerte de Richard Roux y logramos atrapar a Jaques Leroy, será un gran mérito en nuestra carrera.
Simon Muller observó con una sonrisa como el joven detective se ponía en pie, una mirada de orgullo se formó en su rostro, había trabajado con el padre de Lionnel años atrás, había lamentado lo que le había sucedido, pero ahora con su hijo ahí, sabía que harían grandes cosas.
— Solo algo más Lionnel.
El joven rubio levantó una ceja con sorpresa, era la primera vez que el capitán lo llamaba por su nombre de pila.
— Te he elegido a ti por ser joven y sensato, pero tu misión es recabar información, no tienes derecho a actuar ¿comprendes lo que digo? — el joven solo frunció el ceño, por lo que el hombre mayor torno su mirada seria — Detective Dupont si las cosas se ponen feas, no tiene autorización de actuar, su misión se terminará y saldrá de ahí, es una orden, dígame que la comprende.
Lionnel apretó su mandíbula, iba como chivo expiatorio, sin acción.
— Comprendo capitán Muller.
Cuando el joven salió molesto de la oficina de Simon Muller, el hombre suspiró recargándose en su silla.
— No seas un héroe muchacho.
Soltó en un suspiró para sí mismo.
Dos enormes edificios con vidrios templados se mostraban imponentes ante el joven rubio que los miraba desde la calle de enfrente, un puente con una inusual estructura unía aquellos imponentes edificios. Lionnel Dupont suspiró, ese día solo tenía que entrar a que le dieran su nuevo uniforme como empleado y reconocer el lugar o personas que pudieran apoyar, cuando había dejado las oficinas centrales dejando su placa oculta en su casillero se había sentido decepcionado, nunca espero que aquel primer día fuera a ser de aquella manera, se apresuró a cruzar para entrar al edificio mirado la hora en su reloj, apenas llegaría a tiempo. El aire fresco del clima dentro de aquel lugar dio de lleno en su rostro, afuera tras la suave lluvia de la mañana, se había comenzado a sentir un terrible bochorno, con seguridad volvería a llover nuevamente, el rubio se acercó a una joven dentro de un cubículo que decía información.
— Buena tarde, disculpe me han llamado para presentarme hoy.
Una joven morena levantó la vista sonriendo.
— ¿Es el señor Morin?.
— Si, soy Leo…
Pero el sonido de una mujer hablando de forma molesta en un tono muy alto lo distrajo.
— ¡He dicho que no Silver! , ¡No puedes ser tan incompetente, has lo que se te ordena!.
La joven que llamaba la atención de todo el personal, los cuales se habían quedado pasmados, o simplemente agachaban la mirada esperando que no fueran ser vistos por aquella mujer la cual estaba concentrada tecleando en su teléfono pareciendo no prestar atención a nadie más, detrás de ella Silver Marie, el gerente de recursos humanos, se apresuraba a seguirle el paso acomodando sus lentes de tanto en tanto, el hombre llevaba casi treinta años trabajando en esa compañía y nunca había tenido que lidiar con algo parecido, estaba seguro que sería la comidilla de muchos ahí, pues siempre le habían tratado con respeto hasta ese día que la nieta de Donald Roux había decidió gritarle enmedio del pasillo.
— Pero señorita Roux, su abuelo fue muy firme en…
— Silver — dijo en tono impaciente la joven de cabellos oscuros — O me traes ahora mismo a un Director Ejecutivo funcional, o me das tu renuncia.
Todavía en el cubículo de la recepción Lionnel Dupont se había quedado perplejo al escuchar el nombre, este debía ser su día con suerte podría empezar a tratar con la heredera de los Roux, se giró de manera brusca con una sonrisa que al instante borró, su mirada se quedó perpleja al reconocer a aquella mujer.
Aimee Roux levantó la vista al sentirse observada, se detuvo de manera abrupta abriendo sus ojos de manera desmesurada, “no puede ser” pensó la joven de cabellos azabache.
— ¿Qué haces aquí? — soltó sin pensar.
Lionnel Dupont suspiró, trataba de mantener la calma, no quería delatarse ahí mismo, necesitaba actuar rápido o su cubierta podía ser descubierta en cualquier momento.
"Hoy no era un buen día".