Capítulo X

2309 Words
Estaba por dar las cinco de la tarde cuando Charlie Chevalier se encontraba guardando sus cosas para retirarse, había sido un largo día, era claro que el crimen nunca paraba pero él era humano tenía que descansar. Detuvo su andar cuando su teléfono sonó. — Amigo, estoy por irme. — Es urgente Charlie, llegó en unos minutos te he enviado una información — El agente suspiró, escuchaba la errática respiración de su mejor amigo tras el auricular, sabía que algo debía haber ocurrido para que Lionnel se encontrara en esa posición. — Bien, pero tú pagas la cena hoy. Charlie colgó la llamada dejando su vieja mochila de vuelta en el escritorio, observó con detenimiento las imágenes que Lionnel le había compartido, muchas de ellas eran documentos de contratos de remodelación, incluso planos, pero algo llamó su atención. — Ezra Callaghan — dijo para sí mismo antes de que la puerta se abriera dejando ver a un molesto rubio. — Por tu cara es claro que no fue un buen día. El joven rubio chasqueó la lengua mientras se dejaba caer en la silla junto a su amigo. — Me despidieron, el infeliz de Mitchell Betancourt me despidió. — Mierda, el capitán… — No se puede enterar, mañana voy a recuperar ese empleo así que dime que tienes algo que pueda hacer que Aimee Roux me recontrate ella misma. Charlie asintió girándose hacia su monitor. — A decir verdad Lio, investigar la vida de Aimee Roux ha sido difícil, es como un fantasma pero en una de las fotos que me acabas de compartir hay un nombre que llamó mi atención justo lo estaba por investigar — Lionnel solo escuchaba el tecleo — Ezra Callaghan, te debería sonar ¿no?. — Me suena pero aun no deduzco de donde. — Quizá esto ayude. El rubio observó como su amigo mostraba en la pantalla la imagen de un hombre de cabello castaño, cerca de los cincuenta, con una barba tupida apenas canosa. — Resulta que Ezra Callaghan fue el testigo clave para que Jaques Leroy quedara libre. Lionnel Dupont abrió los ojos con sorpresa ese había sido un gran golpe de suerte, quizá Ezra Callaghan podía ser la conexión para descubrir lo que le sucedió a Richard Roux. — ¿Dónde puedo encontrar a ese hombre?. — No puedes interrogarlo, eso te delatara ¿lo sabes no? — hablaba Charlie mientras sus dedos se movían ágilmente por el teclado. — Lo sé, pero si él está involucrado debo buscar la manera de acercarme a ese hombre además — soltó un suspiró cuando la imagen de la pelinegra volvió a su mente, esa mujer no había hecho nada al ver cómo Mitchell Betancourt lo despedía — Además, cuando logre volver a ser recontratado, averiguare el trato que Aimee Roux tiene con Ezra Callaghan. — Hablando de ella — continuó Charlie mostrando varias capturas en su monitor, que llamaron la atención del rubio — De Roux no tengo nada, pero uno de los nombres que me diste, Devon Maconi me arrojó algo, parece ser que uno de los hombres a los que estafaron era un gerente de banco, este banco tiene marcado sus propios billetes, para evitar algún tipo de fraude, resulta ser que Maconi no es tan inteligente, ha utilizado el dinero del hombre y tengo prueba de ello. En los grandes edificios donde las oficinas de la constructora se encontraban, un joven castaño entraba apresurado; Devon no había previsto que se llevaría la mayor parte del día en atender sus asuntos, incluso había ignorado las llamadas de su mejor amiga, ahora corría hacia el piso donde sabía que estaba su oficina, miró su reloj antes de tocar. — ¡Devon!. Susie Maconi corrió a los brazos de su hermano mayor que la recibió con gusto. — Hasta que apareces. Aimee miraba molesta a su mejor amigo. — Lo siento Aims, fue algo que se me salió de las manos. — Está bien Devon, hoy realmente fue un buen día después de todo y eso gracias a Susie — Aimee sonreía de felicidad, quitarse el peso de la angustia de que Leonard permaneciera trabajando y en algún momento hablará había sido lo mejor de su día. — ¿Qué ocurrió?. — Lo único que importa es que Leonard no nos molestara más, ese hombre ya no trabaja para mi. Devon sonrió, tenía que admitir que él también permanecía nervioso viendo rondar a ese hombre. La puerta de la oficina se abrió dando paso al pelinegro que venía con tres bebidas en una charola. — Devon, creí que ya no volverías, estábamos por llevar a tu hermana a tu casa. — Hey Mitch, solo tuve un retraso. — ¡Chocolate! — gritó la pequeña estirando las manos hacia Mitchell que sonriente entregó una bebida en sus manos. — Bueno, mucho mejor eso significa que podremos irnos ahora ¿verdad Aimee?. La joven asintió con una sonrisa nerviosa mientras se levantaba de aquel sofá. — Saldrán…¿Solos?. Devon miraba alternativamente a la pareja. — Solo, es una cena Devon, nada del otro mundo. — Si tranquilo amigo, yo la cuido, como antes ¿recuerdas?. El castaño solo frunció el ceño viendo como Aimee se iba junto con el pelinegro, en su adolescencia Mitchell siempre solía hacer lo mismo decir que él se encargaba de cuidar a la pelinegra, como siempre quería apartarlo del grupo, así que cuando se enteró que no era el único que se estaba enamorando de la pelinegra, supo que aquel amor adolescente nunca sería correspondido. Esa noche era la primera en días que estaba completamente despejada, Aimee Roux reconoció aquel malecón que guiaba a la gran rueda de la fortuna, la última vez que había puesto un pie en aquel lugar se había volado las clases junto con varios compañeros de la secundaria todo planeado por el hombre que ahora iba a su lado. — Siempre me ha gustado venir aquí, escuchar el tumulto de la gente, subir a la Noria y ver la ciudad. Mitchell hablaba con parsimonia mientras caminaba con las manos en sus bolsillos. — Quizá podamos intentarlo. Aimee se dio cuenta que había llegado al inicio del puente que conducía a la Grande Roue, nunca había tenido estómago para las alturas pero sabía que Mitchell insistirá las cabinas era un buen lugar para hablar de lo que había ocurrido la noche pasada con Rita Roux. La Grande Roue de Montreal se ilumina en tonos azules cuando la joven pareja subió a una de las cabinas, a pesar de ser para ocho personas el empleado había cerrado la puerta apenas terminó de subir el pelinegro, que agradeció sutilmente con la cabeza. — ¿Le pagaste para que no dejara subir a nadie más? — dijo Aimee pues había visto la cola de gente que se había formado. — Por supuesto que no, eso no se puede hacer — dijo Mitchell mientras sonreía — Pague por cada uno de los asientos sólo para nosotros dos. — Vaya — dijo Aimee en un hilo de voz al ver que la rueda de había movido un espacio para seguir subiendo gente. — ¿Estás bien Aimee? — la pelinegra fijo su vista en los ojos de Mitchell mientras asentía. — Mitch, sobre mí abuela… — Gracias por tocar el tema, siendo sincero creí que estabas evitandome durante todo el día. Aimee sonrió. — Escucha es un tema un poco delicado, es sobre mi padre y tu padre. Mitchell Betancourt frunció el ceño pero espero a que la pelinegra continuará. — Mi abuela culpa a tu padre de que el mio se haya ido de Montreal hace años. — ¿Cómo podría culpar tu abuela de eso a mi padre?. La joven cerró los ojos, por fin la rueda se comenzaba a mover. — ¿Tú padre nunca habló contigo sobre el negocio que hizo con mi padre?. El pelinegro suspiró recargándose en el asiento, fijó su vista un momento en la ciudad antes de perderse en los ojos azules de la mujer frente a él. — Dijo que tu padre lo llevó al fracaso, que huyó después de eso, por supuesto no le creí, pero de pronto tu no contestabas llamadas, mensajes, también te fuiste de la ciudad. — Y entonces creíste en lo que te dijo — Irrumpió Aimee. — Al igual que tu crees en lo que tu padre seguramente te contó, la diferencia es que yo sí te busqué Aimee, yo intente por todos los medios llegar a ti, fuiste tú la que decidió que no seríamos más amigos ¿porque?. Aimee Roux dejó salir aire de sus pulmones, movía los dedos de manera nerviosa. — Si quise hablarte Mitchell, pero en ese momento no sabía qué pensar estaba enojada porque tenía que comenzar de nuevo mi vida y cuando me di cuenta que no íbamos a volver pronto — Aimee apretó los labios conteniendo las palabras — Fue más fácil culpar a tu padre, además ¿Porque mi padre mentiría para alejarnos de los abuelos?. — ¿Y porque el mio lo haría?. — Porque al final ustedes se quedaron aquí, porque ustedes no tuvieron que reconstruir su vida en otro país. — Aimee — Mitchell se levantó de su asiento para dejarse caer a un lado de la pelinegra, que lo miraba desafiante — Eso nunca fue mi culpa, nuestro padres tomaron una decisión y si algo salió mal, bueno ellos eran los adultos de igual manera hace mucho que te perdone. La peliengra lo miró confundida. — ¿Disculpa?. Mitchell sonrió de forma ladina. — Bueno, como te dije la que dejo de hablarme sin explicaciones fuiste tú. — No recordaba que fueras tan arrogante en el pasado. — Hay mejores manera de conocer a mi nuevo yo. Mitchell Betancourt se había acercado lo suficiente para poder contar las pestañas de la pelinegra; Aimee Roux había sentido como su corazón palpitaba con fuerza, la cercanía de Mitchell la había puesto nerviosa, así que cuando de un momento a otro la cabina se detuvo y las puertas se abrieron, agradeció al universo. La joven pelinegra salió al frío viento de Montreal, escuchando la suave risa del peliengro a su espalda. — Parece que huyes de algo. Aimee suspiró deteniéndose, Mitchell tenían una sonrisa ladina y había colocado las manos en su bolsillo, en una posición fanfarrona. — Pensé que teníamos un momento. — Definitivamente tienes que trabajar en tu arrogancia, en realidad Mitch hay una pregunta más que ronda mi mente. El joven levantó la ceja insitando a que Aimee siguiera hablando. — Porque si sabias lo que había ocurrido entre nuestros padres, ¿Buscaste la manera de convertirte en Director Operativo de mi constructora?. Mitchell Betancourt borró por un instante su sonrisa. — La constructora de tu padre es bien reconocida, trabajar ahí es un placer para muchos. — Si, pero nuestras familias tienen un antecedente, ¿Cómo crees que reaccione mi abuelo al enterarse de que te puse en un puesto de alto rango?. — En ese caso tu abogarías por mí ¿o me equivoco?. Aimee Roux no dijo nada, se dio media vuelta para caminar hacia el coche, tenía que llegar con sus abuelos, al día siguiente emprendía un viaje importante y no pretendía retrasarse. Además no quería ponerse a pensar si había hecho lo correcto en confiar en Mitchell, porque de algo estaba segura, nunca se opondría a alguna decisión que Donald Roux decidiera. La mañana de ese viernes habia amanecido despejada, Lionnel Dupont caminaba de manera apresurada hacia el estacionamiento de la constructora, había hecho una llamada a su hermana a primera hora de la mañana para saber el paradero de la pelinegra, le sorprendió saber que Aimee había llegado a la oficina con una maleta dispuesta tomar uno de los coches de la constructora, el rubio sabía que no podía permitir que Aimee Roux se fuera sin haberlo re contratado o tendría problemas con su capitán. Lionnel alcanzó a distinguir a la pelinegra, de cómo metía una pequeña maleta gris en la cajuela de un coche con el logotipo impreso en una de las puertas del coche. — Tiene que ser broma — Aimee Roux habló con fastidio cuando su vista se topó con el hombre rubio caminando hacia ella. — ¿Sales huyendo de la ciudad?. — Salgo huyendo de ti — la joven se cruzó de brazos — ¿Qué haces aquí Leonard?. — Vine a darte la oportunidad de volverme a contratar. Aimee sonrió con burla. — ¿Perdona?. — Creo que ayer hubo un error, ya sabes sobre mi despido. Lionnel sonrió al ver cómo la pelinegra lo miraba molesta. — Escucha Leonard, no se que idea tienes en tu cabeza pero volverte a contratar es algo que no pasará ¿comprendes?. Aimee abrió la puerta para subirse al vehículo, lo que no esperaba era que él rubio hiciera lo mismo del lado del copiloto. — Bájate Morin. — Antes, lee esto. La pelinegra frunció el ceño tomando la carpeta que le extendía el rubio, sus ojos se abrían conforme leía el contenido. — No puedes… — No comprendes princesita, yo puedo exponer a tu amigo, pero todo tiene una solución simple aquí la pregunta es ¿lo harás?. La sonrisa torcida del rubio se burlaba del rostro de la pelinegra. — Habla con Silver para que te regrese el puesto — dijo Aimee arrojando los papeles sobre el regazo del rubio. — No princesita, ahora quiero más. Lionnel sonrió, no quería abusar de su suerte pero era una oportunidad de oro y se arriesgaría, no quería retrasarse más en aquella misión. — ¿Más sueldo?. — No, otro puesto. Aimee miraba sin comprender al hombre frente a él. Por otro lado, Lionnel sonrió confiado. — Quiero ser tu asistente Aimee Roux.
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