Seis meses más tarde…
-Buenos días- pregunto Ignacio en el umbral de la puerta de la nueva oficina de Cecil- ¿te gusta tu oficina?, ¿qué tal anda el computador?, ¿tienes todo lo que necesitas?
-Ignacio basta, esta es la tercera oficina que acomodas para mí - contesto Cecil con una sonrisa- y todo eso ya me lo has preguntado como veinte veces, me da vergüenza que tengas tantas delicadezas para conmigo por lo que me vas a permitir que te diga lo feliz que me siento de estar aquí, amo mi oficina bueno las tres que he tenido y te agradezco por todas las atenciones que estas teniendo para conmigo.
-Bien- contesto Ignacio embelesado por esa mujer- en realidad yo venía por otro motivo…quería saber si me vas a aceptar la invitación a cenar… ya sabes que vengo desde hace algunas semanas insistiendo y solo me das escusas tras escusas… y ¿qué me dices… hoy a las ocho?
-Está bien Ignacio, pero quiero que quede claro que solo lo acepto por tu buena voluntad, paciencia hacia mi persona y porque enserio estoy demasiado agradecida por todo lo que haces por mí, siento que sería yo la que debería de atenderte constantemente por lo bien que te has portado conmigo - respondió Cecil tímida-.
-De eso ni hablar, sabes que lo hago porque me nace, bueno paso por ti a las ocho entonces. Nos vemos más tarde, que tengas un maravilloso día laboral ah y antes que se me olvide, el trato que hiciste con la empresa mexicana fue BRILLANTE, BRILLANTE…-expreso Ignacio mientras salía de su oficina-
El día paso lento, y Cecil se sentía muy cansada para las seis, quería cancelarle a Ignacio, pero ya lo había realizado en ocasiones anteriores y para esas instancias ya se le habían acabado las escusas para suspenderle por lo que decidió llegar al departamento y tomar una ducha reponedora.
Mientras se duchaba sus pensamientos viajaban al otro continente, se preguntaba si Emilio la extrañaría como ella lo hacía o si este ya se había comprometido con Carrie, las interrogantes eran demasiadas, pero ya no había vuelta atrás, su nueva vida estaba comenzando y la verdad de las cosas su amado Emilio jamás volvió a contactarla o buscarla, si bien ella no había dejado un numero ni una dirección, sabía perfectamente que este poseía los medios como para encontrarla fácilmente por lo que pensó que tal vez ya era hora de rehacer su vida después de todo su matrimonio ya hacía meses que había terminado. Ignacio era un buen hombre y por lo que podía notar, ella no le era indiferente.
-Hola- saludo Cecil a Ignacio quien vestía un elegante traje sastre azul, realmente ese hombre lo que vistiera le quedaría maravilloso- estoy lista.
-Cuídala, Ignacio, o de lo contrario te cortare tus bellas bolas y no me va a importar que seas mi jefe -grito Analía desde la cocina- es mi mejor amiga y mi hermana por lo que si algo le pasa yo te jur…
-Analía -la reprendió Cecil sonrojándose más de lo habitual- deja a Ignacio tranquilo.
-Da igual, esa mujer me ama y en su vida se atrevería a hacerme nada -contesto muy seguro Ignacio-por cierto, Cecil te ves bellísima, como siempre en realidad, pero en esta oportunidad me he quedado sin palabras. - comento mientras observada el hermoso vestido rojo Francia que llevaba la rubia con un escote en forma de corazón que le permitió observar su abultado busto y ese corte de sirena que destacaba su hermosa figura llena de curvas-.
-Ya váyanse tortolos -grito Analía- que pronto llegara mi cita y desde que esta mujer vive conmigo no he podido tener sexo como se me antoja.
-Analía por dios! Ignacio discúlpala, hay que pena contigo- esbozo ruborizada Cecil- vámonos antes de que Analía siga hablando estupideces.
Una vez en el restaurante, Cecil se sentía muy a gusto con Ignacio, descubrió que él era muy bueno platicando y que tenían muchas cosas en común, pensó por un momento que si se hubieran conocido antes el seguramente seria su esposo a estas alturas por lo que se sonrojo sin darse cuenta.
-Cecil, hermosa ¿a dónde te fuiste? -pregunto preocupado Ignacio-.
-Lo siento yo me deje llevar -murmuro Cecil- dime Ignacio ¿qué me estabas preguntando?
-Bueno, la verdad de las cosas -Ignacio esbozo una sonrisa nerviosa- te decía que me gustas mucho Cecil, y me gustaría saber si puedo cortejarte… en realidad quisiera conocerte más, eres una mujer maravillosa y de verdad me encantaría formar parte de tu vida, déjame intentarlo, deseo hacerte feliz… veo cómo te esfuerzas por dejar atrás algo que te agobia y de verdad que eso me encanta de ti… la tenacidad con la que enfrentas el día a día… tu belleza está a simple vista pero tu personalidad es la que me trae loco…
-Ignacio yo no sé qué decirte -comento completamente sonrojada Cecil- la verdad me tomas por sorpresa… no te niego que me atraes mucho, eres guapo inteligente muy buena persona, pero yo no creo ser lo que tu piensas…
-Eso déjame decidirlo a mí. -Ignacio esbozo una sonrisa- que dices ¿me das una oportunidad?
-Yo Ignacio no lo sé… me das un tiempo para pensarlo – pregunto tímida- y te respondo lo antes posible, enserio no es que quiera hacerme la difícil pero la verdad es que siento que es todo muy pronto o muy tarde en mi vida… estoy confundida… y si, aunque no lo creas a mis 33 años estoy confundida… mi divorcio es muy reciente, ame profundamente a mi esposo y aun esa herida no sana…
-Todo el tiempo del mundo te espero – dijo con seguridad Ignacio mientras pensaba que era la primera vez que ella hablaba de su exesposo- lo que menos quiero es presionarte.
-Gracias Ignacio, ahora que te parece si vamos andando, mañana es día laboral y la verdad de las cosas mi jefe tiene un temperamento horrible cuando llegas tarde – comento risueña Cecil-.
Hay Cecil, no sabes cómo me gustas, yo hare que dejes de pensar en el imbécil que te dejo ir- pensó Ignacio mientras caminaba junto a la rubia hacia el automóvil- esperare soy perseverante ya, veras que seremos felices. – sonreía solo mientras imaginaba su vida junto a ella-.
Una vez en el vehículo de vuelta al departamento que ella compartía junto a Analía, Ignacio no paraba de mirarla cada que podía, sentía un calor en su pecho cada vez que estaba junto a ella, Cecil debía ser suya a como diera lugar, era la única mujer que le había hecho experimentar esta sensación de hogar.
-Gracias por la bella velada Ignacio- dijo Cecil mientras lo veía a sus hermosos ojos color cielo, se sentía embelesada por ellos, estos eran sinceros, le provocaban una paz que solo una persona le había entregado en su vida pero que ya estaba a kilómetros de allí y de eso ni hablar no eran más que recuerdos de una vida que vivió en el pasado y que dejo atrás - lo pase increíble.
-No tienes nada que agradecer, tu felicidad es lo único que me otorga placer estos días- contesto Ignacio seguro, y comenzó a acercarse sigilosamente a la rubia para despedirse- me alegro que me acompañaras- murmuro mientras la miraba directo a los labios color carmín de la mujer que despertaba sus más profundos sentimientos y emociones, eso labios lo traían loco, por lo que en menos de un segundo la tomo de su cintura esa que alucinaba con tocar y acariciar hacía semanas y luego encerrándola entre su cuerpo y la puerta del departamento se atrevió a besarla… en un principio el beso fue tímido, suave y muy respetuoso hasta que Cecil vencida por la lujuria que ese hombre expendía le dio acceso a su boca, este aprovecho el permiso otorgado por la rubia y se deleitó de la misma, beso sus labios saboreándolos como si estos fueran el mejor néctar que pudiera existir en el mundo…y cuando sus lenguas se cruzaron se sintió en la gloria, no había duda que era la mujer de sus sueños… por un momento se dio rienda suelta a ese beso pasional incluso sintió como Cecil se dejaba llevar provocándolo en todas las formas posibles, hasta que el calor de ese beso provoco que su cuerpo comenzaba a reaccionar y en ese momento Ignacio sabía que debía detenerse o esa pequeña gacela asustada que hoy le permitía dar un pequeño acercamiento a su cuerpo, jamás le permitiría que la terminara cazando.
-Yo lo siento Ignacio no sé qué me paso- comento Cecil jadeante y aún más ruborizada de lo normal- mejor me voy, -dijo confundida mientras arreglaba su vestido y con su voz agitada por lo que acababa de ocurrir- buenas noches, nos vemos mañana.
-Buenas noches- respondió Ignacio con su voz más sexi y ronca de lo normal- créeme que yo no lo siento, pero sin embargo te pido disculpas por mi atrevimiento y si eso te hizo sentir vulnerada de alguna forma te pido me perdones, es solo que me traes loco tú lo sabes Cecil y no puedo evitar no querer besarte cada vez que te tengo frente a mi... creo que mejor guardo silencio… Nos vemos mañana hermosa. Que descanses y discúlpame.