CAPITULO 2: ¡EL TRABAJO ES MIO ¡

1857 Words
Tres semanas más tarde… Cecil, levántate querida- grito Analía desde el comedor- ya estamos tarde, Ignacio odia la impuntualidad, sé que el jetlag es lo peor pero ya son tres semanas desde tu arribo, y créeme que el mal humor de ese dios griego si llegas tarde hará que lo veas como el más horrible de todos los seres humanos, ni siquiera lo guapo que es te dejara verlo de otra forma que un maldito ogro, aunque a mi parecer y por lo guapo que es le perdono todo… - tu pareces bastante entusiasmada de ese tal Ignacio- esbozo una pequeña sonrisa pícara la rubia- creo que estás enamorada y no lo quieres confesar. Querida ya deberías de conocerme- Analía contesto mientras preparaba el café- yo soy un alma libre, no como tú que estas hecha para el matrimonio, lo que si te puedo comentar es que en mirar no hay engaño; es más, tu si eres su prototipo de mujer, con lo rubia, bella, inteligente, de mirada profunda y ojos azul cielo y lo que más le gusta de una mujer a ese hombre… muy misteriosa y tu querida eres la reina del misterio. ¡¡¡Y como si no faltara más que agregar a todo lo antes dicho… ese cuerpito amiga, uff al parecer la maternidad te dejo unas curvas mujer por dios!!!… lo siento amiga no quise- se disculpó inmediatamente Analía mientras colocaba sus manos tapando su boca- a veces soy muy estúpida discúlpame si... Ya déjate de tonterías; no importa, sé que no fue tu intención… me iré a duchar- respondió Cecil melancólica como cada vez que recordaba a su pequeño Sebastián- y nos vamos a ver si logro ese puesto de relacionadora publica que bastante bien me haría, quisiera poder ayudar a mis padres ya sabes que Emilio lo hacía, pero ya no somos nada así que… Una vez en el taxi camino al trabajo, a la mente de Cecil llego el recuerdo del terrible accidente que le hizo perder a su adorado bebe, si tan solo se hubiera esperado para amamantarlo al llegar a su hogar, el choque no le habría arrebatado la vida de su pequeño Sebastián. -Córrele mujer que ya estamos muy atrasadas, Ignacio va a matarme- gritaba Analía como loca en la entrada de la empresa- ¡pero ya! -Ignórenla por favor tiene problemas con su medicación- explico Cecil a las personas que la miraban y no entendían que decía puesto que aún no dominaba el italiano- que ya voy Analía. Cecil se asombró de lo lujoso de la recepción de la empresa, los pilares estaban hechos de mármol, cubierto de detalles y acabados perfectos, todo en esa empresa era lujo pensó que si así era la recepción la oficina de su jefe debía de estar bañada en oro… sonrió ante su infantil pensamiento. Buenos días, señorita Esposito, ¿en qué puedo ayudarla? – comento la recepcionista-. ¿Ignacio está en su oficina? – pregunto Analía-. Si, llego hace un instante, pero déjeme decirle que anda con un genio… ufff -comento la recepcionista. A Cecil le causo gracia que los empleados hablaran con esa confianza de su jefe. Infórmale que voy subiendo querida y dígale que más le vale que me atienda bien o jamás trabajare para el de nuevo- esbozo Analía. Una vez en la puerta de la oficina del CEO de la empresa de los Ricci, Ignacio las recibió, Cecil se sintió muy feliz, una paz la inundo y supo que ese puesto seria para ella a como diera de lugar. Bon jorno Ignacio, -expreso Analía con voz seductora- acá te dejo a tu más grande inversión, ya verás que si la contratas será lo mejor que pueda pasarle a esta empresa y a ti. Mi amiga es de las personas más capaces que conozco y sé que jamás te quedaría mal si le otorgas una oportunidad. Bueno veremos que sucede, déjame conocerla Analía por mí mismo- esbozo Ignacio mientras levantaba su rostro de una carpeta y observaba embelesado a Cecil. Una vez que la vio supo que estaba en serios problemas- adelante, tome asiento. Cecil, se adentró a la oficina y siguiendo las instrucciones de Ignacio tomo una de las sillas que se encontraban frente a su escritorio y tomo asiento, lo observo por un instante y pudo darse cuenta de que todo lo antes mencionado por su amiga Analía se quedaba corto. Ignacio Ricci era un hombre de 37 años, alto, de metro noventa, fornido, su cabello era castaño y esa barba bien cuidada lo hacía ver más sexi que cualquier otro hombre que ella haya conocido, y de qué hablar de esos ojos azules cielo era como si con una sola mirada te leyera el alma. Ignacio Ricci era soltero, todo un playboy el orgullo de su familia, y futuro heredero de una de las compañías de moda más grandes de Italia, L'IMPERO era un negocio familiar que fue creado por sus abuelos y pronto sería el encargado de seguir con el legado. Veamos- comento Ignacio mientras veía la hoja de vida de la rubia- tiene bastante buenas referencias y al parecer para no haber ejercido hace algunos años creo que podríamos intentar algo -menciono sugerente-. Le parece si probamos desde mañana, si le acomoda claro, más adelante podría extenderle el contrato dependiendo de cómo le vaya en nuestra empresa. ¿qué le parece? La verdad- esbozo una sonrisa Cecil- me deja sin palabras, pensé que me preguntaría más cosas, pero siendo honesta todo me parece estupendo es realmente un sueño para mi poder volver a trabajar y créame, señor Ignacio, no le fallare. Auch, -dijo Ignacio- primero que todo le voy a pedir que jamás me vuelva a decir señor soy un poco mayor que usted, pero no como para que me diga señor Ignacio, aquí el único señor es mi padre y por ahora no lo veo merodeando por aquí así que ¿le parece si comenzamos por tratarnos de tu? Está bien- expreso Cecil sonrojada- me parece perfecto Ignacio. Por lo pronto me voy, pero nos vemos mañana temprano para comenzar a realizar esta nueva travesía. Hasta mañana Ignacio no le fallare, que tenga buen día. Hasta mañana – se despidió Ignacio, no podía creer que la hubiera contratado así nada más, el siempre solía ser más estricto al momento de contratar personal y sobre todo si eran extranjeros y más norteamericanos, pero debía confesar que la rubia lo traía cautivado, se sentía en casa mientras conversaba con ella, por un instante volvió en sí y se reprendió por solo pensar que ella podría ser la mujer que lo hiciera cambiar su fama de playboy, pero la verdad de las cosas ya estaba en edad de sentar cabeza y esta mujer toco algo en su interior, algo que ninguna otra mujer antes había podido realizar. Y cuéntame ¿celebramos o no? - pregunto Analía mientras se mordía las uñas-. Porfa dime que te fue bien… Si amiga, ¡ES MIO! hoy celebramos- contesto Cecil- no lo puedo creer, mírame aún estoy temblando de emoción… lo que si me sorprendió bastante que ni siquiera me pregunto cuál fue mi último empleo ni siquiera de la paga hablamos, en realidad no hablamos de nada solo observo mi hoja de vida y me contrato, -dijo Cecil pensativa- ah no Analía no me digas que lo amenazaste para que me diera el empleo porque te juro que voy y se lo devuelvo… Como se te ocurre que yo podría amenazar a mi jefecito, solo le dije que eras la mejor de todas y como ya Ignacio sabe que me rodeo solo de gente talentosa debió de haberme hecho caso -comento Analía a su amiga quien la miraba incrédula-. Ya deja de hacer esa mirada que te saldrán arrugas antes de tiempo. Okey, voy a hacer como que te creo, por ahora te dejo me iré a tu piso y te espero con la cena de agradecimiento y celebración, porque conociéndote querrás salir a algún antro de perdición y mañana terminaría fallándole al señor Ignacio, ósea Ignacio en el primer día -expreso Cecil en medio de risas- nos vemos más tarde. Adiós bella y que no te escuche Ignacio llamándole señor que le daría ataque inmediatamente. Nos vemos chiquitina, te adoro- expreso Analía mientras caminaba hacia la oficina de Ignacio para preguntarle los pormenores de la entrevista, Analía pensaba que Ignacio debía de estar embelesado por su amiga y sabía perfectamente que el sería el mejor remedio para sus pesares, por lo que su cometido estaba en marcha ahora solo debía esperar atenta a ver como estos tortolos se enamoraban-. Señor Ignacio-grito mientras entraba en su oficina para molestarle-. Cecil una vez fuera de su nuevo trabajo se dirigió al departamento, la felicidad la inundaba, sabía que al fin podría retomar su vida laboral, esa que abandono al momento de casarse con Emilio Freiche, quien le decía que no tenía necesidad de hacerlo si su esposo era multimillonario, el solo quería que ella fuera feliz por lo que la llevaba a constantes viajes para así complacerla. Lo que nunca entendió Emilio fue que ella jamás quiso esa vida, ella solo lo amaba por ser el y no por lo que tenía, fue así como la falta de comunicación les hizo comenzar poco a poco con el desgaste de su tan bello matrimonio, y cuando esta se embarazo pensó que todo mejoraría hasta que su bebe falleció y todo se derrumbó nuevamente. -Muy bien preparare la cena y a celebrar que aún estoy viva y merezco ser feliz también -se dijo así misma una vez duchada y libre de todo estrés que le genero la entrevista por lo que de esta forma tomo rumbo a la tienda donde compraría todo lo necesario para celebrar junto a su querida amiga-. -Estaba delicioso todo cariño mío- agradeció Analía tocándose su barriga- si tu sigues cocinando terminare como una bola y mis amantes ya no tocaran mi puerta… -Deja de decir estupideces, lucirías hermosa en cualquier talle -le contesto Cecil- ahora cuéntame te dijo algo el señ.. Ignacio, que te dijo algo Ignacio. -Solo que le habías impresionado con tu presencia, que considera que estas muy capacitada, pero quiso indagar más en tu vida privada por lo que amiga estoy segura de que en algún momento te comenzara a cortejar -comento Analía- conozco bien a Ignacio y sé que esta embelesado contigo solo que al parecer tu eres el premio mayor porque se refirió de tu persona con respeto y cariño, jamás lo hace con ninguna mujer se me hizo muy extraño escucharle hablar así de ti, creo sinceramente que Ignacio se enamoró a primera vista. -Deja de decir idioteces-rio Cecil- Ignacio es muy profesional por lo que tú me has contado y estoy segura de que estas exagerando. Bueno pequeña saltamontes, voy a limpiar este desastre que mañana salimos temprano a trabajar y alguien al parecer se puso más feliz de lo normal… gracias, Analía, eres la mejor. -Lo sé cariño, lo sé -respondió Analía un poco ebria por las cervezas bebidas durante la cena- buenas noches...
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