Mientras tanto, Burbuja me llevaba a uno de sus lugares favoritos: La herrería a las afueras de la ciudad. Cuando era pequeño, los niños solían contarme mitos acerca de las terroríficas historias que sucedían en aquel lugar, una cabaña solitaria que se planta frente a la inmensidad del bosque, desgastado por los años pasados. Estaba hecha de madera, y las condiciones climáticas ya la habían acabado. Parecía una ruina. El moho recubría completamente el techo. Habíamos volado desde la ciudad, después de visitar a mi familia. Fuimos para observar las novedades y si se mantenían firmes en su decisión de esperar a que despertara. Afortunadamente la influencia de mi tío era poca, así que podía seguir con la esperanza de que algún día retornaría a mi cuerpo. No sabía los motivos por los cuále

