Mi nombre en tinta negra adornaba el papel que sostenía mi compañera. La observé fijamente a los ojos. Su cara demostraba decepción. ¿Y quién era yo para juzgarla? Me adviritió de varias formas, infinitas veces, de que no debía tomarme nada a la ligera con respecto a mi energía. Sin embargo, apenas con algunas semanas en el purgatorio, ya estaba renunciando a una cantidad considerable simplemente para mantener al amor de mi vida cerca. - Iré en busca de Ismael. No creo que se lleve una sorpresa, pero seguro que el regaño y castigo irá para mí, por revelarte secretos de los que no se suelen hablar. - Búscalo – le indiqué un poco apenado. No me moveré de aquí. - Perfecto. Por favor, aprovecha al máximo los minutos que estarás en la tierra… no quiero que todo lo que haz hecho sea en van

