El momento en el que le dio el sí, había cambiado su vida para siempre. Coliflor no es una ciudad tan grande. Por lo tanto, todos se conocen con sus vecinos. Dice el dicho, pueblo pequeño, infierno grande, el cuál se hacía realidad con el paso del tiempo. Cada pedazo del tiempo que Matías compartía con otra persona, fuera amiga, compañera de estudio o de entreno, era sabido por todas las personas allegadas a su querida Abi. Aunque el chico gozaba de confianza “absoluta”, con el tiempo, los reclamos se fueron intensificando. Claro, esto después de dos años. Entre los trece y los quince habían vivido una etapa surrealista, llena de amor, comprensión y ternura. La típica calma antes de la tormenta. Uno de esos días, Matías entrenaba fuertemente para concursar en uno de los departament

