No dormimos, pasamos toda la noche viendo películas, comiendo y charlando. El tiempo se había detenido en aquella sala, pero desgraciadamente no lo hizo afuera, porque para cuando me dí cuenta los primeros rayos del sol estaban entrando por la ventana. —¡No puede ser! — exclamé preocupada mientras me levantaba y comenzaba a ir de un lado a otro. —¿Pasa algo? — preguntó Adrián poniéndose de pie. —Mira eso — señalé con mi dedo hacia la ventana y él esbozó una sonrisa de manera inmediata. —He visto a personas que le gustan los amaneceres, pero ninguna tan emocionada como tú — él sonreía como si fuese algo tierno, pero no me estaba entendiendo. —No es eso, es que tengo que ir a trabajar y no he dormido absolutamente nada. —Puedo hablar con mi papá para que... —Ni se te ocurra — interrum

